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Copa de las Confederaciones
Argentina
se empieza a sentir mundial
Por Javier
Cardenal Taján
(Fotos: FIFA - Agencia AFP)
Si bien el resultado ante Alemania fue un empate, la selección nacional
mostró momentos de gran juego colectivo mereciendo el triunfo. Juan
Román Riquelme se afianza en su rol de conductor. Este domingo Argentina
enfrentará a México por la semifinal de la Copa Confederaciones.
Como anticipo, repasamos partido jugado ante los locales.

Este equipo de José
Pekerman sigue dejando muecas de satisfacción en los rostros argentinos.
El mismo seleccionado que no hace mucho tiempo atrás se mostraba como
una incógnita de cara al Mundial, ni punto ni banca, parece haber cambiado
luego de la contundente victoria ante Brasil por las eliminatorias y se ubica
en el lote de los grandes favoritos. En cuanto a esta Copa de Confederaciones,
ya comienza a vislumbrarse el equipo que nos representará el próximo
año en tierras germanas.
El Franken-Stadion
de Nuremberg presentaba ambiente de mundial. Alemania y Argentina, dos potencias
del balompié, medían fuerzas. El último choque había
sido el verano pasado en Dusseldorf, también fue empate en dos tantos,
aquella vez marcados por Hernán Crespo.
Rodaba
la pelota y a escasos minutos del inicio, Alemania sorprendió con un
desborde y centro que Kevin Kuranyi supo captar en plena área chica
rematando por encima del arco. Primer susto para los nuestros, y no el último,
tres minutos luego Esteban Cambiasso, en un error, quiso jugar el balón
atrás sin percatarse de la presencia de Kuranyi que no terminó
solo ante Germán Lux porque se interpuso Fabricio Coloccini. Hasta
aquí aparecían los fantasmas, aquellos de Quito tal vez. Fueron
15 minutos iniciales en los cuales la Argentina se vio perdida y avasallada
por una Alemania vertiginosa que la desbordaba en velocidad, proyectando sus
laterales al ataque para centrar el balón a sus hombres de área.
Román Riquelme, soportando marcas pegajosas, aún no había
entrado en contacto con su amiga, la pelota, Juan Pablo Sorín y Javier
Zanetti no podían trepar por sus andariveles debido al asedio alemán
y arriba Carlos Tévez y Luciano Figueroa no sabían despegarse
de dos centrales imponentes que rondan los 1.90 mts, biotipos germanos ciento
porciento.
A pesar
de un prólogo poco auspicioso, el equipo albiceleste supo repuntar.
Esto se dio a partir de la manutención de la pelota, dándole
buen criterio y obteniendo volumen de juego. Mucho tuvo que ver la asociación
de Zanetti y Tévez por la franja derecha, de allí partieron
los primeros ataques argentinos. Los engranajes empezaban a aceitarse para
los de José pero otra vez un error, esta vez de Lucas Bernardi que
cedió el balón atrás a un compañero que nunca
estuvo, sí estaba Kuranyi que iba derecho al mano a mano hasta que
llegó Walter Samuel a cortarlo con infracción, si bien la jugada
continuó, el arbitro cobró la falta e hizo retroceder la acción.
Seguramente Pekerman repasará el tape e impartirá el debido
reproche más el trabajo necesario en pos de eliminar estas desatenciones.
Recordemos que frente a Australia Heinze quiso jugar de pecho con el arquero
y terminó en gol de los oceánicos. Sin duda, son errores que
en un mundial pueden costar el ticket de regreso. Y fue a partir de ese tiro
libre que vino el gol alemán. Varios rebotes tras un primer intento
que pegó en la barrera hasta que Fabian Ernst centró rasante
y cruzado una bola que se desvió en Heinze elevándose por encima
del vuelo de Lux con lo cual bastó para que Kuranyi, el hombre más
inquietante del local, la empujase al gol dentro del área chica.
Esto
tocó el orgullo argentino, el semblante de nuestros hombres se enrojeció
y fue Zanetti quien en una gran trepada dejó dos rivales por el piso
hasta ser derribado a 20 mts. de la portería. Tiro libre ideal para
el mágico botín de Riquelme, que poco le importaron los siete
hombres que compusieron la barrera. Con cara interna y por encima del bloqueo,
y aprovechando que Timo Hildebrand fue hacia el otro costado y regresó
tarde, la puso a media altura casi por el medio del arco. Empate merecido
en Nuremberg y Argentina se animaba. Riquelme se mostraba y pedía juego,
Tévez ponía empeño en el pressing ante la salida de los
toscos zagueros mientras que Figueroa ganaba, increíblemente, en el
área sea por aire o por tierra. Terminaba la primera etapa con un seleccionado
visitante en mejor forma.
El segundo
acto fue todo argentino, salvo por el gol local a los cinco minutos cuando
el Ghanés, nacionalizado alemán, Gerald Asamoah recibió
un pase de primera que encontró a una defensa adelantada salvo por
Walter Samuel que dudo en salir junto a sus compañeros y habilitó
al moreno que entrando por derecha definió cruzado. A pesar del traspié,
Argentina seguía intentando. Pekerman decidió apostar por el
fútbol e ingresó Pablo Aimar por Bernardi. Entonces cambio el
dibujo táctico, Zanetti pasó a jugar de medio campista por derecha
y la defensa mutó a una de tres hombres con Coloccini, Samuel y Heinze.
Las intenciones
eran claramente ofensivas. Cambiasso dejó su hasta ahora posición
de marcador de contención para abocarse al arco de enfrente. Sorín
se animaba a ir hasta el fondo y cuando no terminar como centrodelantero.
Ahora los hacedores del juego eran dos viejos amigos, Román y Pablito.
Ellos dos comenzaban a plasmar sobre el verde lienzo un repertorio exquisito.
Aimar despachó algunos pases certeros, casi siempre buscando destinatario
en Tévez. La calidad del ex River sigue intacta, pero la lámpara
no se ha frotado aún. La falta de fútbol y ritmo es notoria
en Aimar, seguramente el rodaje en los partidos le infligirá confianza.
Una infidencia es que Pekerman confía mucho en Riquelme para motivar
y cambiar el ánimo del jugador del Valencia de España que no
vivió una buena temporada afligida por malos resultados y lesiones,
esperemos que lo logre. Seguía el juego y transcurrían los minutos,
pero con este panorama, el empate llegaría por decantación.
Argentina borró por completo a un rival que se olvidó qué
era tener la pelota, las estadísticas no mienten, 70 % de posesión
argentina en los 90 minutos. Alemania en la segunda mitad resumió su
producción a dos remates de larga distancia, y si bien no jugaron Michael
Ballack ni Lukas Podolski, baluartes del conjunto de Jurgen Klinsmann, este
equipo no muestra haber heredado la gloria ni el juego de un pasado plagado
de éxitos. Ahora Cambiasso se animaba y probaba con remates de larga
y media distancia. La Argentina entendió que el negocio estaba por
el sector derecho, zona custodiada por Thomas Hitzlsperger, un volante de
oficio que improvisó como marcador lateral, por allí Tévez
peleaba cada balón como el último y traía peligro, Zanetti
despuntaba a pura gambeta hasta que fue relegado a la última línea
tras el ingreso de Mario Santana quien tuvo una chance de volea que pasó
cerca. Caso aparte el del ex San Lorenzo, hoy en el Palermo de Italia, que
llegó con pocas credenciales a este torneo (un solo partido oficial
y un gol) pero que una vez más dejó en claro que es un sinvergüenza.
A puro lujos, toque e ideas claras, volvió a sorprender moviéndose
por todo el frente de ataque y demostró que si el mundial fuese hoy,
debería tener un lugar en el plantel.
Como de
costumbre en las últimas presentaciones, la estatuilla al mejor artista
se la lleva un Riquelme iluminado que le dio vuelo sinfónico a la blanca
y redonda melodía cada vez que pasó por sus pies. Y en su aporte
se inició el gol del empate definitivo cuando combinó con Santana
que, encerrado entre la banda y un defensor, resolvió con un caño
poético y trabó fuerte con la siguiente marca para que el balón
recaiga en Riquelme que encontró a Tévez que remató de
media vuelta, si bien el balón pegó en la mano del defensa arrojado
-claro penal que el juez no cobró- para el rebote estaba Sorín
que descargó en Cambiasso quien desde el semicírculo sacó
un zurdazo que rozando apenas en Deisler se clavó en un ángulo.
A casi 60 años de los juicios por crímenes de guerra, la justicia
volvía a reinar en Nuremberg. Pero la escuadra de Pekerman quería
más y el triunfo no era utópico. Ya sea con los rosarinos Figueroa
y César Delgado, que había ingresado por Tévez, o con
Riquelme que lo tuvo dos veces desde afuera del área penal, el seleccionado
se podría haber quedado con el triunfo y el primer puesto de su grupo.
No fue así, pero el equipo se fue sabiendo que cumplió con creces,
tanto como para enmudecer a los fanáticos locales que, en un acto caballeresco,
despidieron con aplausos a los sudamericanos.
Este torneo
es el testeo previo a un mundial cada vez más cercano. Algo que quedó
más que claro es que Pekerman va a adecuar la defensa al rival de turno,
las veces con cuatro y otras con tres hombres cuando el rival de enfrente
lo amerite. Otra idea que quedó instalada y se afianza con el transcurrir
de los partidos es lo mucho que depende esta selección de Riquelme,
oremos para que llegue en buen nivel al mundial. Esta concepción es
de difícil digestión, a decir verdad la Argentina no puede depender
solamente de la brillantez de Riquelme y el sólido trabajo de dos líneas
de cuatro que incluyen a tal vez los mejores defensores del mundo (Ayala,
Samuel, Heinze, Milito, Coloccini) y por eso tanto prueba Pekerman en estos
días. Román precisa de socios, Aimar, Lucho González,
Santana, ¿Gallardo? ¿Verón? Todos nombres que permiten
potenciar el juego de Román y desligarse de responsabilidades opresoras
como así también ampliar las opciones del equipo.
Lo que
queda en evidencia es que se empiezan a expresar las pretensiones de un D.T.
que apuesta a los hombres de su cosecha personal, hombres que de niños
supo moldear y les inculcó una idea futbolística. Hombres que
hasta hace poco eran una incógnita, hoy, empiezan a ser "mundiales".
24/6/2005
www.solesdigital.com.ar
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