Rumbo a Londres 2012

 

Sobre el barcelonismo y la resaca de martes

Por Aleix Duran Ayxendri (España)
alduay@gmail.com

Barcelona FC

Lo del Fútbol Club Barcelona es increíble. Inexplicable. O quizás es tan simple que sorprende. Los que hemos mamado barcelonismo desde el momento en que irrumpimos en este mundo – para la alegría de una joven pareja que ya recibía como regalo un peluche en forma de futbolista culé– estamos como en una nube, en un tren del que no queremos bajarnos más.

Porque esto es reciente, tan reciente como la profesionalidad de Josep Guardiola como técnico o Sergio Busquets como jugador, dos personajes que hace tres o cuatro años disputaban partidos en remotas canchas de la tercera división del fútbol español. Y digo reciente porque sí, porque el barcelonismo es una forma de vida, la forma de vida del sufridor, del que no lo ve claro, del que cuando la cosa va mal está todo fatal y cuando va bien va todo más que bien, o sea, muy bien.

Y eso, que uno no acaba de creerse como le ganamos por 5 a 0 al Real Madrid en un partido que se preveía disputado, más reñido que nunca, más caliente que Tom Cruise en la de Kubrick (como diría mi amigo Rafa), en un choque marcado por unos meses de Mourinho por aquí, Mourinho por allá, prepotente, cansino, arrogante. Lo aguantamos. Los culés ya llevamos unos cuantos años lidiando con este portugués, quien fuera el joven y modosito traductor de Bobby Robson, ex entrenador del Barcelona. La gente cambia, por lo que se ve, y Mourinho se ha convertido en lo que es: quizás la persona más odiada en Barcelona y aledaños, con el permiso de Luis Figo.

Pero a las malas palabras, o a las demasiadas, buenos son los goles y así respondió el F.C.Barcelona el pasado lunes a su más directo rival. Un partido para enmarcar, para recordar, para comprar en DvD y verlo cuando los ánimos están bajos. Porque eso a lo que juegan (Xavi, Iniesta, Messi, Puyol, Piqué o Villa, por nombrar algunos), es la sencillez sublimada, el compromiso hecho destreza, el sentimiento convertido en control, toque, rapidez y precisión. Un espectáculo. Un equipo con todas las letras y que ejerce como tal: un bloque compenetrado y trabajador, un equipo que ama su oficio, como el cantautor ama a su guitarra, el escritor a su libreta o el pintor a su pincel. O sea, arte. El arte de tener el balón, de quererlo, dominarlo, nunca regalarlo, tocarlo a un toque, que todos quieren un poco, todos son partícipes de jugadas maestras, para desespero, en este caso, del pobre San Iker (Casillas).

Sólo hace falta ir a San Youtube –santifiquemos, que el Papa vino a vernos y ahí pagamos todos... en fin– y buscar el gol de Pedro, el segundo en la noche del clásico, para asistir a una conexión divina, una experiencia religiosa visual y futbolística, una misa joyosa con los fieles del Camp Nou deleitándose en vivo y en directo. Lo que digo: 21 pases seguidos en un minuto para perforar la red blanca, ni más ni menos, una muestra de control y ejecución.

 

Y nada, que tanta felicidad futbolística no tiene nombre, ni precio, y menos una buena resaca en martes (bueno sí, eso son 15 euros en alcohol).

Pero en fin, que no tenemos la culpa mis amigos y yo de querer celebrar los triunfos históricos que nos brinda el equipo y Guardiola, sin duda el espíritu, el corazón y la razón de un grupo humano que parece no tener límites. Hasta en el restaurante chino donde tomamos unas copas seguíamos embobados ante el televisor. Repetición tras repetición, deleite tras deleite, cántico tras cántico, risa tras risa, trago tras trago. Y luego algunos bailoteos en un bar, donde ya en la madrugada bailaba como si nada algún hincha del Madrid –remera blanca y bufanda incluidas– con seguidores del Barcelona, azulgranas de la cabeza a los pies. Será que la noche confunde: ahogas las penas o celebras a lo loco, y todos juntos y contentos, embriagados y danzantes. Pero ayer, por suerte, a nosotros nos tocó vivir otra gran victoria. Y que dure.

1/12/2010

Foto: AP

 

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