Rumbo a Londres 2012

 

Básquet: objetivos cumplidos,
perspectiva a futuro

Por Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Luis Scola

Lograda la clasificación para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el básquetbol argentino cumplió con todas las exigencias en un año marcado por el éxito. Para el equipo dirigido por Rubén Magnano, la clasificación olímpica significa darle continuidad al boom de popularidad que ellos mismos iniciaron en el Mundial de Indianápolis 2002.

Ya quedaron atrás los momentos más exitistas, cuando los San Antonio Spurs de Emanuel Ginóbili ganaron el título de la temporada 2002/2003 de la NBA. Hace unos meses, todo el mundo se animaba a opinar de básquet, a criticar al técnico Gregg Popovich por no hacer jugar a “Manu” más minutos, o defenestrar al base francés Tony Parker por no pasar el balón. Como es lógico, la presencia del básquet en los medios ha vuelto a la normalidad; las opiniones y comentarios de nuevo pasan a ser materia de especialistas y seguidores habituales. Es entonces que cabe preguntarse, ¿el boom del básquet fue una exageración pasajera, o este deporte tiene las condiciones necesarias para seguir siendo foco de atención durante muchos años más?

Punto de madurez

Si bien el antecedente deportivo más importante se remonta a 1950, cuando Argentina ganó el primer Mundial de Básquet, este exitoso presente tiene sus raíces en la creación de la Liga Nacional, en 1984. Hace casi 20 años, un grupo de personas ligadas al ambiente, dirigidos por el legendario entrenador Leon Najnudel, decidió crear una competencia que incluyera a todos los jugadores del país, para favorecer el arraigo que el básquet tiene en el interior. Fue a partir de ese momento que empezaron a surgir una gran cantidad de nuevos jugadores, que encontraron en la Liga la competitividad necesaria para desarrollar todo su potencial.

El Mundial realizado en nuestro país en 1990 fue el segundo gran impulso, pero el nivel deportivo del Seleccionado todavía no estaba para pelear a nivel internacional. A mediados de esa década, jugadores como Marcelo Nicola o Hugo Sconochini se convirtieron en los pioneros en arribar a las ligas europeas, pero su aporte a la Selección no pudo ser aprovechado por motivos que van desde impedimentos contractuales a celos y peleas entre los “extranjeros” y quienes todavía militaban en la Liga Nacional. Esta dicotomía quedó obsoleta a medida que se multiplicó exponencialmente la cantidad de basquetbolistas argentinos que emigraron a España e Italia, principalmente, pero también a universidades norteamericanas y por último a la mismísima NBA.

Cuando Rubén Magnano inició su ciclo como entrenador de la Selección, en el año 2001, casi todos sus jugadores estaban en el exterior, compitiendo día a día contra los mejores del mundo. Esa materia prima, que fue sembrada en la Liga Nacional y madurada en Europa y Estados Unidos, por fin comenzó a dar frutos.

En 2002, todo este largo proceso llegó a su punto de ebullición. En el Mundial de Indianápolis, Argentina hizo historia al causar la primera derrota de un equipo norteamericano integrado por jugadores de la NBA (“Dream Team”), que llevaba diez años invicto. A partir de entonces, se ganaron el respeto de todo el universo del básquet; y con la obtención del el segundo puesto, el reconocimiento unánime como uno de los mejores conjuntos de la actualidad. Meses después, el fenómeno se potenció cuando el argentino Emanuel Ginóbili hizo su ingreso a la mejor liga del mundo, firmando con los San Antonio Spurs de la NBA; luego de ser durante dos años consecutivos el mejor jugador de Europa jugando para el Kinder Bologna de Italia.

En la actualidad, el básquetbol argentino se encuentra en el mejor momento de su historia. A los dos jugadores ya contratados por equipos de la NBA, Ginóbili y Juan Ignacio “Pepe” Sánchez (recién traspasado a los Golden State Warriors), se suma el joven Carlos Delfino (de 20 años), seleccionado por los Detroit Pistons luego de ser sensación en Italia.

En la liga ACB española, considerada por muchos la mejor de Europa, los jugadores argentinos son protagonistas de los equipos más importantes. El santafesino Walter Herrmann fue el goleador y mejor jugador de la temporada 2002/03 con el Fuenlabrada; en esta última temporada, además, el “equipo de los argentinos”, el Pamesa Valencia –con cuatro jugadores nacidos en nuestro país en su plantilla–, ha obtenido el subcampeonato. Recientemente, el entrenador argentino Julio Lamas fue contratado nada menos que por el Real Madrid, una de las instituciones deportivas más importantes del mundo, para dirigir en la próxima temporada. En el campeonato italiano, el fenómeno es similar, lo que hace al básquet el deporte con mejor proyección internacional detrás del fútbol.

Un futuro con claroscuros

Sin embargo, todo este presente prometedor a nivel internacional se ve amenazado por una crisis en la Liga Nacional, causada también por el éxodo de jugadores; que se suma a la mala situación económica por la que pasan hoy los clubes.

Oscar “Huevo” Sánchez, director técnico del último campeón de la Liga, Atenas de Córdoba, resume bien la situación actual del básquet argentino: “Yo lo veo bárbaro, pero necesitamos tener un gran espacio físico para desarrollarlo. Tenemos buenos entrenadores para usufructuar todo esto, porque ahora el semillero de chicos va a ser impresionante. Yo lo estoy viendo en mis campamentos de básquet, que ya se está anotando todo el mundo para venir”. Pero el boom de popularidad no lo marea al técnico bahiense: “por más auge que haya, si no hay espacio físico y no hay entrenadores idóneos para enseñar, las cosas no van a mejorar. En Argentina no tenemos buenos estadios. Nosotros jugamos la final de una Liga en un gimnasio como el de Boca, que tiene capacidad para apenas 1.300 personas. Entonces, aunque cada vez haya más chicos que se anotan para jugar al básquet, no hay lugar para atenderlos correctamente. No podés poner una guardería de básquetbol.”

Su rival en las finales, Fernando Duró (DT de Boca y asistente de Magnano en la Selección Nacional), coincide con Sánchez, y propone aprovechar la actual popularidad para construir a futuro. “Los dirigentes tienen que encargarse de llevar a cabo campamentos, escuelitas, del desarrollo en los colegios, potenciar este fenómeno con clínicas, torneos de tres contra tres para todos los que quieran empezar a jugar, campamentos para jugadores no federados –dice Duró– Hay que mejorar la infraestructura. Tiene que ser un proyecto para todo el país, no alcanza con que Ginóbili done pelotas en Bahía Blanca. Hay que aprovechar esta posibilidad que nos da Emanuel, para ensanchar la base de chicos que juegan, y que sea mucho más grande de la que tenemos hoy.”

El propio Ginóbili es conciente de las puertas que sus actuaciones han abierto, y pone el énfasis en una mejor explotación comercial que permita a los nuevos jugadores seguir formándose en la Liga, como lo hizo él en sus comienzos: “lo importante es ampliar la base de la pirámide. Cuanto más chicos jueguen, y pasen los filtros que te ponen el básquet y la vida, entonces la cima va a estar más arriba. Es una lógica simple, y espero que se de. En cuanto a infraestructura, el hecho de que tanta prensa se haya dedicado al básquet, y que le hayan dedicado más espacio, por ahí hace que más empresas y gente se quiera acercar a este deporte; y de eso se benefician todos. Creo que se puede sacar provecho en muchas cosas, y espero que lo hagamos, porque al talento y el estilo diferente de jugadores que se ven en Argentina hay que darle el ambiente necesario para que se puedan desarrollar acá. Que a los 20 ó 21 años se vayan a Europa, porque sabemos que no podemos competir en ese aspecto. Pero al menos hay que darles hasta ese momento el lugar para mejorar acá. El ambiente de la Liga Nacional es ideal para eso: tenés chicos de 18 ó 19 años jugando muchos minutos, finales con mucha presión encima, diarios cubriendo todo lo que pasa. Todo esto hace que el jugador madure antes. Pero sería muy bueno que los chicos pudieran dar un paso más acá; porque veo que cada vez son más los que se van a los 17 ó 18 años.”

Cuestión de dinero

Las opiniones de Ginóbili dan en el nervio sensible del básquet: el factor económico. Por más que los jugadores se hagan millonarios en el exterior, los clubes de la Liga pelean constantemente contra las finanzas en rojo. La asistencia a los estadios es buena en comparación a otros deportes, pero los ingresos no siempre alcanzan para mantener un equipo competitivo.

De acuerdo a la consultora Mercadosport Argentina (www.mercadosport.com), el básquet representa hoy un mercado en expansión muy prometedor. Según esta empresa, dedicada al marketing deportivo, el título obtenido por Emanuel Ginóbili en la NBA abrirá nuevas oportunidades comerciales para el básquet en el país. Pero hasta el momento, ni la Asociación de Clubes de Básquetbol (que organiza la Liga Nacional) ni la Confederación Argentina de Básquetbol han aprovechado estas oportunidades.

El sector privado tomó la delantera en materia de explotación de la industria del deporte. La consultora Heterodoxia firmó con los directivos de la NBA para tener los derechos de comercialización de la máxima liga de básquet del mundo para la Argentina y Uruguay.

Por su parte, los jugadores comienzan a firmar contratos publicitarios con marcas de primer nivel. Pero el problema para el básquet argentino es que los ingresos que generen todas estas nuevas inversiones no tendrán como destino apuntalar el desarrollo deportivo a futuro. Tanto la AdC como la Confederación deben entender que este es el momento indicado para generar dinero que debería ser reinvertido en actividades que a mediano y largo plazo serán redituables para el básquet argentino. Como las declaraciones de Sánchez y Duró indican, los directores técnicos y especialistas saben bien cómo potenciar este fenómeno. Sólo falta que la dirigencia tome la iniciativa para generar el dinero necesario.

La base para realizar ese trabajo existe. Actualmente, la Confederación Argentina de Básquet cuenta con 24 federaciones regionales (una por provincia), que en total suman 250.000 federados, lo que ubica a este deporte en segundo lugar después del fútbol. Por su parte, las competencias profesionales (Liga A, Torneo Nacional de Ascenso y Liga B) suman otros mil participantes. Sólo en Buenos Aires, participan de torneos universitarios una cantidad similar, y el número se multiplica al interior del país.

Mayor difusión y asistencia a los estadios son los otros dos aspectos a mejorar. La gran campaña de Ginóbili hizo que por primera vez se transmitieran partidos de NBA por televisión abierta. La transmisión de los partidos de la Final de la NBA en Canal 9 fue un éxito de rating para el canal. La consagración de Ginóbili en (domingo 15 de junio a las 21.30 hs.) marcó 8.1, con un pico de 14.5 en los festejos. Fue el programa con más rating de la emisora ese día. Si se considera que un punto de rating equivale a 33.140 televidentes, se calcula que más de 480 mil personas siguieron los momentos más relevantes del partido.

Sin embargo, toda esta cantidad de público que gusta del básquet no se acercó a los estadios argentinos en forma regular. La cifra de televidentes del sexto juego de la Final de la NBA equivale aproximadamente a la totalidad de concurrentes a partidos de la Liga Nacional en la temporada 2002/2003. Para Gabriel Fernández, jugador del Forum Valladolid de España e integrante de la Selección Nacional todavía falta mucho por hacer en términos de difusión: “se habla más del básquet argentino en España de lo que se habla acá. Porque el básquet en España está alcanzando un nivel de organización y popularidad parecido al del fútbol, entonces hay más espacios en los medios para el básquet. Eso es lo que tendría que pasar en Argentina, pero hay muchas cosas para mejorar antes que eso suceda”.

1/1/2003

www.solesdigital.com.ar

 

 

 
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