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Básquet:
objetivos cumplidos,
perspectiva a futuro
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Lograda
la clasificación para los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, el
básquetbol argentino cumplió con todas las exigencias en un
año marcado por el éxito. Para el equipo dirigido por Rubén
Magnano, la clasificación olímpica significa darle continuidad
al boom de popularidad que ellos mismos iniciaron en el Mundial de Indianápolis
2002.
Ya quedaron
atrás los momentos más exitistas, cuando los San Antonio Spurs
de Emanuel Ginóbili ganaron el título de la temporada 2002/2003
de la NBA. Hace unos meses, todo el mundo se animaba a opinar de básquet,
a criticar al técnico Gregg Popovich por no hacer jugar a “Manu”
más minutos, o defenestrar al base francés Tony Parker por no
pasar el balón. Como es lógico, la presencia del básquet
en los medios ha vuelto a la normalidad; las opiniones y comentarios de nuevo
pasan a ser materia de especialistas y seguidores habituales. Es entonces
que cabe preguntarse, ¿el boom del básquet fue una exageración
pasajera, o este deporte tiene las condiciones necesarias para seguir siendo
foco de atención durante muchos años más?
Punto
de madurez
Si
bien el antecedente deportivo más importante se remonta a 1950, cuando
Argentina ganó el primer Mundial de Básquet, este exitoso presente
tiene sus raíces en la creación de la Liga Nacional, en 1984.
Hace casi 20 años, un grupo de personas ligadas al ambiente, dirigidos
por el legendario entrenador Leon Najnudel, decidió crear una competencia
que incluyera a todos los jugadores del país, para favorecer el arraigo
que el básquet tiene en el interior. Fue a partir de ese momento que
empezaron a surgir una gran cantidad de nuevos jugadores, que encontraron
en la Liga la competitividad necesaria para desarrollar todo su potencial.
El Mundial
realizado en nuestro país en 1990 fue el segundo gran impulso, pero
el nivel deportivo del Seleccionado todavía no estaba para pelear a
nivel internacional. A mediados de esa década, jugadores como Marcelo
Nicola o Hugo Sconochini se convirtieron en los pioneros en arribar a las
ligas europeas, pero su aporte a la Selección no pudo ser aprovechado
por motivos que van desde impedimentos contractuales a celos y peleas entre
los “extranjeros” y quienes todavía militaban en la Liga
Nacional. Esta dicotomía quedó obsoleta a medida que se multiplicó
exponencialmente la cantidad de basquetbolistas argentinos que emigraron a
España e Italia, principalmente, pero también a universidades
norteamericanas y por último a la mismísima NBA.
Cuando
Rubén Magnano inició su ciclo como entrenador de la Selección,
en el año 2001, casi todos sus jugadores estaban en el exterior, compitiendo
día a día contra los mejores del mundo. Esa materia prima, que
fue sembrada en la Liga Nacional y madurada en Europa y Estados Unidos, por
fin comenzó a dar frutos.
En 2002,
todo este largo proceso llegó a su punto de ebullición. En el
Mundial de Indianápolis, Argentina hizo historia al causar la primera
derrota de un equipo norteamericano integrado por jugadores de la NBA (“Dream
Team”), que llevaba diez años invicto. A partir de entonces,
se ganaron el respeto de todo el universo del básquet; y con la obtención
del el segundo puesto, el reconocimiento unánime como uno de los mejores
conjuntos de la actualidad. Meses después, el fenómeno se potenció
cuando el argentino Emanuel Ginóbili hizo su ingreso a la mejor liga
del mundo, firmando con los San Antonio Spurs de la NBA; luego de ser durante
dos años consecutivos el mejor jugador de Europa jugando para el Kinder
Bologna de Italia.
En la
actualidad, el básquetbol argentino se encuentra en el mejor momento
de su historia. A los dos jugadores ya contratados por equipos de la NBA,
Ginóbili y Juan Ignacio “Pepe” Sánchez (recién
traspasado a los Golden State Warriors), se suma el joven Carlos Delfino (de
20 años), seleccionado por los Detroit Pistons luego de ser sensación
en Italia.
En la
liga ACB española, considerada por muchos la mejor de Europa, los jugadores
argentinos son protagonistas de los equipos más importantes. El santafesino
Walter Herrmann fue el goleador y mejor jugador de la temporada 2002/03 con
el Fuenlabrada; en esta última temporada, además, el “equipo
de los argentinos”, el Pamesa Valencia –con cuatro jugadores nacidos
en nuestro país en su plantilla–, ha obtenido el subcampeonato.
Recientemente, el entrenador argentino Julio Lamas fue contratado nada menos
que por el Real Madrid, una de las instituciones deportivas más importantes
del mundo, para dirigir en la próxima temporada. En el campeonato italiano,
el fenómeno es similar, lo que hace al básquet el deporte con
mejor proyección internacional detrás del fútbol.
Un
futuro con claroscuros
Sin embargo,
todo este presente prometedor a nivel internacional se ve amenazado por una
crisis en la Liga Nacional, causada también por el éxodo de
jugadores; que se suma a la mala situación económica por la
que pasan hoy los clubes.
Oscar
“Huevo” Sánchez, director técnico del último
campeón de la Liga, Atenas de Córdoba, resume bien la situación
actual del básquet argentino: “Yo lo veo bárbaro, pero
necesitamos tener un gran espacio físico para desarrollarlo. Tenemos
buenos entrenadores para usufructuar todo esto, porque ahora el semillero
de chicos va a ser impresionante. Yo lo estoy viendo en mis campamentos de
básquet, que ya se está anotando todo el mundo para venir”.
Pero el boom de popularidad no lo marea al técnico bahiense: “por
más auge que haya, si no hay espacio físico y no hay entrenadores
idóneos para enseñar, las cosas no van a mejorar. En Argentina
no tenemos buenos estadios. Nosotros jugamos la final de una Liga en un gimnasio
como el de Boca, que tiene capacidad para apenas 1.300 personas. Entonces,
aunque cada vez haya más chicos que se anotan para jugar al básquet,
no hay lugar para atenderlos correctamente. No podés poner una guardería
de básquetbol.”
Su rival
en las finales, Fernando Duró (DT de Boca y asistente de Magnano en
la Selección Nacional), coincide con Sánchez, y propone aprovechar
la actual popularidad para construir a futuro. “Los dirigentes tienen
que encargarse de llevar a cabo campamentos, escuelitas, del desarrollo en
los colegios, potenciar este fenómeno con clínicas, torneos
de tres contra tres para todos los que quieran empezar a jugar, campamentos
para jugadores no federados –dice Duró– Hay que mejorar
la infraestructura. Tiene que ser un proyecto para todo el país, no
alcanza con que Ginóbili done pelotas en Bahía Blanca. Hay que
aprovechar esta posibilidad que nos da Emanuel, para ensanchar la base de
chicos que juegan, y que sea mucho más grande de la que tenemos hoy.”
El propio
Ginóbili es conciente de las puertas que sus actuaciones han abierto,
y pone el énfasis en una mejor explotación comercial que permita
a los nuevos jugadores seguir formándose en la Liga, como lo hizo él
en sus comienzos: “lo importante es ampliar la base de la pirámide.
Cuanto más chicos jueguen, y pasen los filtros que te ponen el básquet
y la vida, entonces la cima va a estar más arriba. Es una lógica
simple, y espero que se de. En cuanto a infraestructura, el hecho de que tanta
prensa se haya dedicado al básquet, y que le hayan dedicado más
espacio, por ahí hace que más empresas y gente se quiera acercar
a este deporte; y de eso se benefician todos. Creo que se puede sacar provecho
en muchas cosas, y espero que lo hagamos, porque al talento y el estilo diferente
de jugadores que se ven en Argentina hay que darle el ambiente necesario para
que se puedan desarrollar acá. Que a los 20 ó 21 años
se vayan a Europa, porque sabemos que no podemos competir en ese aspecto.
Pero al menos hay que darles hasta ese momento el lugar para mejorar acá.
El ambiente de la Liga Nacional es ideal para eso: tenés chicos de
18 ó 19 años jugando muchos minutos, finales con mucha presión
encima, diarios cubriendo todo lo que pasa. Todo esto hace que el jugador
madure antes. Pero sería muy bueno que los chicos pudieran dar un paso
más acá; porque veo que cada vez son más los que se van
a los 17 ó 18 años.”
Cuestión
de dinero
Las opiniones
de Ginóbili dan en el nervio sensible del básquet: el factor
económico. Por más que los jugadores se hagan millonarios en
el exterior, los clubes de la Liga pelean constantemente contra las finanzas
en rojo. La asistencia a los estadios es buena en comparación a otros
deportes, pero los ingresos no siempre alcanzan para mantener un equipo competitivo.
De acuerdo
a la consultora Mercadosport Argentina (www.mercadosport.com),
el básquet representa hoy un mercado en expansión muy prometedor.
Según esta empresa, dedicada al marketing deportivo, el título
obtenido por Emanuel Ginóbili en la NBA abrirá nuevas oportunidades
comerciales para el básquet en el país. Pero hasta el momento,
ni la Asociación de Clubes de Básquetbol (que organiza la Liga
Nacional) ni la Confederación Argentina de Básquetbol han aprovechado
estas oportunidades.
El sector
privado tomó la delantera en materia de explotación de la industria
del deporte. La consultora Heterodoxia firmó con los directivos de
la NBA para tener los derechos de comercialización de la máxima
liga de básquet del mundo para la Argentina y Uruguay.
Por su
parte, los jugadores comienzan a firmar contratos publicitarios con marcas
de primer nivel. Pero el problema para el básquet argentino es que
los ingresos que generen todas estas nuevas inversiones no tendrán
como destino apuntalar el desarrollo deportivo a futuro. Tanto la AdC como
la Confederación deben entender que este es el momento indicado para
generar dinero que debería ser reinvertido en actividades que a mediano
y largo plazo serán redituables para el básquet argentino. Como
las declaraciones de Sánchez y Duró indican, los directores
técnicos y especialistas saben bien cómo potenciar este fenómeno.
Sólo falta que la dirigencia tome la iniciativa para generar el dinero
necesario.
La base
para realizar ese trabajo existe. Actualmente, la Confederación Argentina
de Básquet cuenta con 24 federaciones regionales (una por provincia),
que en total suman 250.000 federados, lo que ubica a este deporte en segundo
lugar después del fútbol. Por su parte, las competencias profesionales
(Liga A, Torneo Nacional de Ascenso y Liga B) suman otros mil participantes.
Sólo en Buenos Aires, participan de torneos universitarios una cantidad
similar, y el número se multiplica al interior del país.
Mayor
difusión y asistencia a los estadios son los otros dos aspectos a mejorar.
La gran campaña de Ginóbili hizo que por primera vez se transmitieran
partidos de NBA por televisión abierta. La transmisión de los
partidos de la Final de la NBA en Canal 9 fue un éxito de rating para
el canal. La consagración de Ginóbili en (domingo 15 de junio
a las 21.30 hs.) marcó 8.1, con un pico de 14.5 en los festejos. Fue
el programa con más rating de la emisora ese día. Si se considera
que un punto de rating equivale a 33.140 televidentes, se calcula que más
de 480 mil personas siguieron los momentos más relevantes del partido.
Sin embargo,
toda esta cantidad de público que gusta del básquet no se acercó
a los estadios argentinos en forma regular. La cifra de televidentes del sexto
juego de la Final de la NBA equivale aproximadamente a la totalidad de concurrentes
a partidos de la Liga Nacional en la temporada 2002/2003. Para Gabriel Fernández,
jugador del Forum Valladolid de España e integrante de la Selección
Nacional todavía falta mucho por hacer en términos de difusión:
“se habla más del básquet argentino en España de
lo que se habla acá. Porque el básquet en España está
alcanzando un nivel de organización y popularidad parecido al del fútbol,
entonces hay más espacios en los medios para el básquet. Eso
es lo que tendría que pasar en Argentina, pero hay muchas cosas para
mejorar antes que eso suceda”.
1/1/2003
www.solesdigital.com.ar
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