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Básquet:
Homenaje a la Generación Dorada
De
la derrota y su contracara
Por
Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com
Con
uno de los ciclos más exitosos de la historia del deporte argentino
logrando una nueva medalla olímpica, homenajeamos al básquet
argentino recordando un proceso que se inició hace seis años,
y tuvo en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 su punto más alto
tras derrotar al Dream Team por segunda vez consecutiva

Ahí
está “la americana”. Así se conoce en la jerga basquetbolística
a la pelota. Cae a sus pies, derrotada e inerte se posará sobre el
lustroso parqué, ya no quiere picar. La victoria ha llegado a la hora
menos esperada. Explota la Argentina en sensaciones encontradas, rebozan de
placer nuestros jugadores. Sin embargo lo que hace mecha en uno es la cara
de la derrota.
Con su
look estridente, Allen Iverson busca consuelo en una bola que ya no acaricia
su mano, la ve alejarse y no se resigna a creer lo sucedido. Él quiere
seguir jugando y no porque el reloj siga corriendo, sabe ya que el fracaso
es inminente, sino porque entiende que él es el mejor, que su pueblo
es el mejor, que ellos hicieron de este deporte lo mejor. Su rostro taciturno
se destiñe de amargura, boquiabierto la mira. Piensa en los dioses
griegos, quizás en Atenea, auxiliadora de héroes, que esta tarde
posó su mano en el otro bando. Repasa cada instancia de una batalla
que lo despide cabizbajo. No ha caído a manos de sus pares de la NBA,
tampoco son europeos; son argentinos, es decir latinos. Una raza que según
muchos de sus compatriotas los invade día a día y conforma casi
el 25 por ciento de la población de los Estados Unidos –son más
de treinta millones- y el idioma español se ha vuelto obligatorio en
las casas de estudio.
No quiere
mirar hacia atrás, sabe que allí esta su verdugo, el que lo
reprendió como lo que es, un niño caprichoso. La algarabía
criolla significa tiempos de cambio, saber que en nuestra sangre corren las
ansias de ser mejores y que tenemos con qué. Que acertado estuvo Francis
Bacon, uno de los más influyentes literatos ingleses del siglo XVII
al proclamar: “La prosperidad exhibe mejor el vicio, pero la adversidad
exhibe mejor la virtud”. Y esto es justamente lo que refleja la
imagen. Un americano enviciado por la codicia y placeres mundanos que lo llevaron
a declarar que nadie se interpondría entre los suyos y la gloria; el
triunfo era arrogantemente asegurado de antemano.
Vaticinaba
así algo ya común en boca de sus dirigentes. Las siglas estampadas
en su pecho son bien grandes, como para que nadie se olvide de donde viene
y quién es el que manda. Esas tres letras conllevan lo superfluo, dan
paso al capitalismo. Es así que no comprende que ahora es él
la victima. Que por un instante el tiempo se detuvo y la historia es escrita
por otros, tal vez por hombres sensibles. Su imperio no existe, en este momento
no hay lugar en el mundo para el cancherito y compadrón. Sus vencedores
son, al menos por una noche, los que gobiernan. Se erigen como soberanos melancólicos
y soñadores que se atreven a destronar y destripar al monstruo que
alguna vez tuvo a José Martí en sus entrañas (1).
Ellos son los usualmente vencidos (el latino, los niños del tercer
mundo, los esclavos de Malasia o la China que trabajan día y noche),
a los que Iverson y amigos deben su confort diario.
Y es allí,
en el sufrimiento y la adversidad que surge la virtud, casi siempre acompañada
por la humildad y el sacrificio de aquellos de buen espíritu. La humildad
está en Gabriel Fernández (número 9) que avergonzado
de tamaña hazaña no se atreve a expresar sus emociones, las
guarda para sí mismo y atónito, con una pálida mueca
de satisfacción, mira incrédulo el suelo. Algunos dirán
que es el mismo pudor que uno tenía de niño cuando desistía
en levantar la mano a pesar de saber la respuesta que el profesor pedía.
Es que este retrato del tiempo muestra conocimiento escondido que, al acecho,
aguardaba ver la luz. El conocimiento no es más que el fruto de la
experiencia y la experiencia argentina es la del sufrimiento. La inteligencia
sirve para acercarse a la verdad. Pero verdades hay muchas: la de la victoria,
efímera y angurrienta en duración, la de la derrota dolorosa
pero de gran incentivo para la inteligencia. Son los amargos traspiés
los que forjan temples de acero y generan voluntades inmensas. Esperemos que
la Argentina empiece a ser inteligente.
Cuánto
tango hay en esta foto, cuánta pasión y drama. Es el triunfo
de un pueblo, es la viva voz del Jesús de Horacio Ferrer en el tango
La bicicleta blanca que a los cuatro vientos grita: “ […]
ganar no está en llegar sino en seguir...", y Estados unidos
hace rato que llegó adonde todos quisieran, pero hoy el jugador estadounidense
ve que eso no alcanza y por eso quiere seguir jugando, quiere correr lo más
fuerte posible, como nunca en su vida aunque sea inútil. Se encuentra
rodeado de una magia que no le pertenece. La quimera que representa fue derrotada
por fuerzas extrañas. Es la misma fuerza de los más de 150 mil
latinos que pelean por los Estados Unidos en distintos frentes del mundo,
que expuestos como carne de cañón se la juegan en pos del sueño
americano.
Una fantasía
onírica que hoy se ha visto derrumbada por un lumpen disfrazado de
celeste y blanco. Ese monstruo sagrado, los Estados Unidos de América,
aquí traducido en el jugador quizás más talentoso del
planeta, busca consuelo en una pelota naranja que pareciese entablar un dialogo
intimista. Una y mil veces saldrá de su boca la eterna pregunta con
la que venimos al mundo y de él nos vamos formulando: ¿Por qué?
Ella parece contestarle que hay razones que escapan a toda razón. Que
son las menos pero a veces Goliat es derrotado por David y el estruendo de
fondo no es más que la honda de David. Bajito, casi susurrando, le
pide revancha, no hay respuesta. Los caminos se trocaron, Estados Unidos se
cruzó al camino de los pobres.
Pero mañana
todo volverá a ser como antes, como tristemente lo ven nuestros ojos,
otra vez lo verosímil se comerá al sueño. Iverson le
plantea a su amiga naranja una última cuestión: “¿Es
digno mirar hacia atrás y enseñar mi tristeza?“ Socarronamente
le replica que sí, que vea en todo su esplendor lo que hoy no tiene
pero mañana y pasado mañana seguramente sí. Que observe
esta escena poco creíble desde esa otra vereda, ese camino que nunca
había transitado. Borges afirmaba que la historia siempre se repite,
lo que cambian son los personajes. Puede entonces que de esa boca pastosa
de Iverson surjan las mismas palabras que alguna vez dijese el General Perón:
“Como todos aquellos que en cierto momento de su vida cambian de
camino, me di vuelta a mirar lo que dejaba a mis espaldas. En aquella atmósfera
de lluvia y de niebla todo parecía irreal”.
Vivamos
el momento, adueñémonos entonces de un mundo inventado e irreal
y creamos que inventarlo esta al alcance de la mano.
4/9/2008
Notas:
1)
De la carta inconclusa de José Martí, héroe
nacional cubano, a Manuel Mercado en vísperas del estallido de la Guerra
de Independencia de Cuba en 1895 en la cual y tras haber vivido exiliado en
Nueva York escribió: “Viví en el monstruo, y le conozco
las entrañas; y mi honda es la de David”.
Bilbiografía
Bacon
Francis en AAVV, Ensayistas Ingleses, México, C.A., 1992, p.35, en
Cátedra Alvarado-Yeanotegui, Taller de Expresión I, Cuadernillo
de Consigna Final, Buenos Aires, CeCSo Secretaría de Publicaciones,
Ciclo lectivo 2004, p. 27.
Borges
Jorge Luis-Ferrari Osvaldo, En diálogo I, Buenos Aires, Editorial Sudamericana,
(1998) [1985].
Perón
Juan D., Del poder al exilio. Quienes me derrocaron, Buenos Aires, Ediciones
Argentinas, 1974.
Fuentes:
Foto de la Agencia EFE en diario La Nación edición del sábado
28 de agosto de 2004.
www.solesdigital.com.ar
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