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Beijing 2008

El valor de la continuidad

Selección Argentina  de Basquet , bronce en Beijing 2008

Dos medallas de oro y cuatro de bronce. El final de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 ofrece un balance casi calcado al de hace cuatro años en Atenas, cuando la delegación argentina obtuvo esas mismas medallas, casi en las mismas disciplinas.

Oro bañado en oro

Angel Di Maria, gol contra Nigeria en la final de Beijing 2008

El fútbol continúa cosechando éxitos internacionales a nivel juvenil. Cinco campeonatos mundiales en la categoría, y ahora dos medallas olímpicas de oro consecutivas, colocan al fútbol argentino como una verdadera potencia en las categorías “sub”.

Esta vez fue bajo la conducción de Sergio Batista, que logró armar un equipo donde las estrellas como Messi y Agüero se acoplaron a la perfección con los mayores Riquelme y Mascherano para armar la estructura del equipo. Una base sólida que permitió incluso el lucimiento de promesas como Angel Di María, que con un gran despliegue durante todo el torneo y el broche su gol en la final ante Nigeria se candidatea como un talento a tener en cuenta para las mayores.

Y hablando de mayores… ¿Cuánto habrá que esperar para que los éxitos y buen juego de los juveniles se trasladen a la Selección Nacional? Luego de más de una década de éxitos en las menores, y decepciones en las mayores, ya sabemos que es casi imposible proyectar matemáticamente. Tampoco hay que olvidar que a nivel juvenil, Sudamérica y África tienen un dominio sobre el fútbol europeo, que luego se quiebra en los mayores; seguramente a causa de un desarrollo y maduración a edades más tempranas en países donde el deporte es la principal vía de ascenso económico de las clases bajas. El podio Argentina – Nigeria – Brasil confirma esta tendendencia.

Por lo pronto, el fútbol argentino se cuelga su segunda medalla de oro, con Javier Mascehrano como único jugador que estuvo presente en las dos conquistas. Y detenta más que nunca el título de Deporte Rey en nuestro país.

Luis Scola, medalla de bronce Beijing 2008Gigantes

A la selección de básquetbol, la defensa del oro ateniense se le presentaba ya desde la preparación previa como mucho más complicada. Con lesiones en los principales jugadores en la etapa de entrenamientos (Ginóbili y Oberto), el equipo fue encontrando partido a partido el juego, y recuperando la memoria de campeón.

Lituania sirve como termómetro para evaluar la evolución del equipo de Sergio Hernández a lo largo del proceso. En los amistosos previos en España nos aplastaron, en el primer partido por el grupo A de los Juegos se ajustaron las tuercas y el triunfo fue nuevamente para los centroeuropeos, pero apenas por cuatro. Y en el definitivo partido por la medalla de bronce, la Argentina demolió las aspiraciones lituanas a fuerza de coraje, entrega colectiva y muchísimo amor propio.

El equipo argentino ya había dado muestras de recuperación ya contra Croacia. Desde entonces, fue mejorando hasta toparse contra el peor de los obstáculos: un seleccionado norteamericano decidido a devolverle a la cuna del básquet el dominio que merece, perdido desde el año 2002 a manos del “mundo FIBA”. Y si Argentina fue en el mundial de Indianápolis quien derrocó a la hegemonía norteamericana, fue ahora en Beijing la oportunidad para que los astros de la NBA destituyeran mano a mano al campeón olímpico, para quedarse meritoriamente con el título.

La gran victoria ante Grecia, por cuartos, había confirmado que en Carlos Delfino la selección tiene quien tome la antorcha del liderazgo en ofensiva. La semifinal ante Estados Unidos dejó fuera de la cancha a Ginóbili (de nuevo ese maldito tobillo izquierdo), pero las lesiones no pudieron doblegar a esa auténtica bestia de la naturaleza llamada Andrés Nocioni, que junto a Luis Scola sostuvieron al equipo para lograr el bronce ante Lituania. Un tercer puesto que se festejó más que el oro norteamericano o la plata española.

Sorpresas, profecías y confirmaciones

Juan Curuchet y Walter Perez

Si el fútbol y el básquet ocuparon durante todos lo juegos el centro de las miradas, hubo dos medallas que sorprendieron en las mañanas argentinas. Paula Pareto emuló el bronce de Georgina Bardach hace cuatro años, tomando por sorpresa la primer jornada de competencias. Y la dupla ciclística de Walter Pérez y Juan Curuchet tomaron por asalto la prueba Madison, confirmando los pronósticos de oro de Curuchet, que con 43 años cierra su historia olímpica con el máximo galardón, en su sexto Juego disputado. Un hombre récord, que ante el escepticismo de la mayoría le puso oro a sus promesas y permitió que Argentina mantuviera su cosecha alcance el puesto 34 en la clasificación final.

También se mantuvieron en el podio la selección femenina de hockey, y el binomio de vela de Carlos Espínola y Santiago Lange. Dos bronces más que valiosos, que convierten a Espínola en deportista con más preseas olímpicas de la historia (cuatro).

Mirando a Londres

La sensación de vacío que dejan los Juegos, apenas si puede llenarse pensando ya en lo que puede esperarse para Londres 2012. Si la continuidad en los resultados de los deportes colectivos fue el principal sostén en Beijing, el panorama a cuatro años presenta el problema del recambio generacional.

A excepción de Pareto, todas las medallas argentinas en China fueron un premio a la permanencia y la trayectoria de deportistas que difícilmente puedan estar para la próxima cita.

Riquelme en fútbol, Ginóbili y Oberto en básquet, Aicega y Aymar en hockey, cerraron sus brillantes carreras olímpicas con podio. Obviamente, Curuchet encontró en Beijing el mejor cierre posible para su dilatada carrera. Lange (46 años) y Espínola (36) también parecen haber encontrado un corolario ideal para sus trayectorias.

Otros veteranos que también fueron estandartes de la delegación, y que no obtuvieron los resultados esperados, también dejarán su lugar a las nuevas generaciones. Daniela Krukower en judo, Alejadra García en salto con garrocha y José Meolans en natación, esperan un recambio que costará mucho encontrar.

La decepcionante performance de la nadadora Georgina Bardach, que pasó del bronce en Atenas 2004 a una ocupar los últimos puestos en todas sus pruebas en Beijing, encienden una luz de alerta.

Los logros del fútbol, el ciclismo, el básquet y el hockey, demuestran que el principal valor en el deporte olímpico está en la continuidad y el largo plazo. Hacia allí deberá encaminarse la política deportiva, para no sólo mantener resultados, sino intentar mejorarlos.

24/8/2008

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