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Final
de la Copa Davis BNP Paribas
Cachetazo
al ego

En algunas
ocasiones le viene bien a un equipo que le den una cachetada y lo pongan en
su lugar. A veces hay que ponderar las derrotas porque de ellas se puede construir
algo mejor. A veces es necesario perder para que terminemos con el triunfalismo
sin sentido que tenemos todos los argentinos y para que no se tapen los errores
y las diferencias egoístas que nos alejan de la posibilidad de ser
los mejores en algo.
Comentar
en este artículo como se desarrolló cada partido de la serie
final no tiene sentido, ya que es algo que sabe todo el mundo. Y la desilusión
que causó perder esta oportunidad es un sentimiento que compartimos
todos los que seguimos al tenis.
Desgraciadamente,
la sensación es bien diferente si se compara con lo
sucedido hace dos años en Moscú. En esa ocasión
el equipo se jugó todo y sucumbió ante un rival sumamente poderoso.
Había un equipo, una ilusión, un objetivo común. Esta
vez no fue así. El concepto de equipo después de la victoria
contra Rusia jamás existió. Los intereses de unos y otros, y
particularmente de David Nalbandian, se encargaron de fracturar a un grupo
que llegaba a una chance histórica. Que los premios, la superficie,
la sede, los compromisos, los contactos políticos, demasiadas cosas
que no tienen que estar en la cabeza de un jugador. Hay otra gente que debe
encargarse. Sin duda, se desperdició una gran oportunidad.
España
fue la contracara, sin Nadal y con David Ferrer fuera de foco, supo volverse
fuerte, supo ser un verdadero equipo y con eso le alcanzó para dejarnos
con las manos vacías.
Seamos
críticos. La Copa Davis fue ganada por Feliciano López y Fernando
Verdasco y contradiciendo lo declarado por Alberto Mancini, esto fue un fracaso.
Y lo fue, porque mejores condiciones no se podían dar: la superficie
fue la que se pidió, el estadio finalmente estuvo a tiempo, el equipo
argentino estaba completo y el español tuvo que poner a sus doblistas
a jugar singles. Por eso fue un fracaso, no por ser triunfalista y terminar
perdiendo, sino porque se perdió por la falta de unión en el
equipo, esa unión que hizo fuerte a los españoles.
Algunos
cargarán las culpas al joven Del Potro por haber ido a Shangai y volver
cansado, lo cual le terminó pasando factura y su contractura lo sacó
de una posible remontada ante López y peor aún, lo dejo afuera
del cuarto punto. Pero después de semejante temporada y siendo tan
joven, es un poco hipócrita criticar a quien desea alcanzar sus sueños
y nos puso en esta final después de bancarse prácticamente solo
las temibles semifinales contra los rusos.
Otros
caerán sobre el capitán Mancini y sus errores al tomar ciertas
decisiones, como la convocatoria de cuatro singlistas, en lugar de conformar
un dobles fuerte, y la convocatoria particular de jugadores que están
lejos de su mejor nivel como Calleri y Acasuso, que acusaron la presión
y su momento tenístico, cayendo animicamente en los tramos más
calientes de sus actuaciones en la serie.
Pero lo
que sí hay que objetarle al capitán es su falta de liderazgo
para detener los caprichos y el despotismo de Nalbandian para con sus compañeros.
¿Acaso alguien dudaba de que David jugaría el dobles independientemente
del resultado del viernes? Esto es solo un ejemplo, y la victoria ante Rusia
hizo olvidar que ese protagonismo desmedido del cordobés casi le cuesta
la serie al equipo. Nalbandian es el que toma las decisiones, él dispuso
en qué superficie jugar y para sus compañeros es muy difícil
contradecirlo. Del Potro lo sufrió al ir al Masters. Nalbandian se
cansó de declarar que debía quedarse y al llegar el tandilense
a los entrenamientos tuvo que soportar los reclamos del cordobés.
Desde
esta columna siempre hemos destacado el rol de David
Nalbandian en la Copa Davis y realmente es un placer verlo jugar
defendiendo los colores celeste y blanco. Muchos dicen, y desde aquí
coincidimos, en que es posiblemente el mejor jugador de Copa Davis del mundo.
Pero en este caso, equivocó el camino. Una cosa es su desempeño
en la cancha y otra, todo lo que suma fuera de ella. Nalbandian se ganó
el lugar de líder y está muy bien, pero desgraciadamente confundió
liderazgo con “se hace lo que yo digo”.
El ambiente
no fue el óptimo y España nos hizo pagar la falta de unión.
Pero ojo, Nalbandian es tan responsable, como los son sus compañeros,
el capitán, la Asociación de Tenis y todos aquellos que se encargaron
de generar intereses diversos. El caso de la elección de la sede es
el mejor ejemplo: enojos, manejos políticos, tironeos de muchos sectores
para sacar su “tajada” de este evento. Así no vamos a ganar
la Davis ni ninguna otra cosa.
Como ya
había mencionado, no está mal que esto suceda porque nos puede
enseñar a cambiar las cosas, podemos aprender de todo lo mal que hicimos
desde todos los sectores y empezar a construir un verdadero equipo. Y está
bien la derrota porque evita que los errores se tapen. Hace unos meses el
empate ante Perú y la derrota ante Chile en fútbol se encargaron
de desnudar las miserias del seleccionado nacional, hoy en el equipo de Copa
Davis sucedió lo mismo. Tomemos los buenos ejemplos, Las Leonas o el
seleccionado de básquet, todas mega estrellas, dejaron de lado sus
intereses y se unieron en un objetivo común, así trajeron este
año otra medalla olímpica y fueron superados solamente por el
mejor equipo del mundo.
A partir
de marzo del 2009 empieza una nueva ilusión, frente a Holanda y en
el Parque Roca. El deporte tiene eso de bueno, nos da revancha continuamente.
Será el momento de que jugadores, dirigencia, políticos, periodistas
y público nos unamos para alcanzar uno de los pocos trofeos que le
falta a nuestra rica historia deportiva.
Que el
egoísmo y triunfalismo que nos caracteriza finalmente se terminen y
seamos mejores al menos en el mundo del tenis, porque ese también será
el punto de partida para ser mejores como país.
24/11/2008
Texto:
Walter Medina
(Foto:
AAT)
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