|
Escándalos Mundialistas: El juego sucio
A pesar de que la bandera del fair play de la FIFA haga su ingreso reglamentario junto a los equipos en cada inicio de un juego internacional, en los mundiales de fútbol siempre habrá historias de juego sucio: partidos arreglados, violencia desmedida, trampas y otras artimañas. Todo sea por ganar.
Alemania-Austria: Primera fase 1982
El 25 de junio de 1982 se disputó en el estadio de El Molinón (Gijón) el último partido del grupo B de la primera ronda del Mundial 82, entre Alemania y Austria. Era el último partido del grupo y los alemanes (tras su derrota ante Argelia en el primer partido) necesitaban ganar para clasificarse para la segunda ronda. En caso de ganar los alemanes se produciría un empate a cuatro puntos entre Alemania, Austria y Argelia. Si Alemania conseguía un triunfo por 1-0 se clasificaban alemanes y austríacos, dejando afuera a los africanos.
La suerte estaba echada y el partido terminó en el minuto 10 cuando el delantero alemán Hrubesch marca el 1-0 tras asistencia de Pierre Littbarsky. El partido se convirtió a partir de ese momento en una reunión de consorcio, todos parados y quietos. Ambos equipos renunciaron a pisar campo rival y jugaron bajo los intensos abucheos de la afición.
Algunos aficionados argelinos presentes en el estadio lanzaron monedas al césped señalando que el partido estaba arreglado. El partido pasó a la historia como uno de los grandes escándalos de los mundiales.
La FIFA inició una investigación sobre los hechos pero no pudo llegar a ninguna conclusión. Eso sí, para evitar más problemas en el siguiente Mundial (Mexico’86) se estableció que en la última jornada de la primera fase se jugaran los dos partidos de cada grupo simultáneamente, como se hace actualmente.
En 2008 uno de los jugadores de aquella selección alemana que luego llegaría hasta la final, Hans-Peter Briegel, reconoció en una entrevista para un diario de Emiratos Árabes Unidos que aquel partido estuvo arreglado y pidió disculpas a los argelinos. Nada que no supieran todos los aficionados al fútbol, tan sólo la confirmación de una de las tardes más tristes de los Mundiales.
“Sí, me disculpo por ello”, dijo el ex defensor del Kaiserslautern y agregó: “Sólo me puedo disculpar ante los argelinos, porque habían merecido clasificarse para la segunda fase”.
El día de aquel fatídico partido, Franz Beckenbauer dijo: “Es un día triste para el fútbol”. La FIFA investigó lo ocurrido, pero cerró el caso sin sanciones.
Italia-España. Cuartos de final 1934
Partido tosco y brusco. El belga Louis Baerts permitió el juego duro de la zaga transalpina y decretó numerosas falta en contra de España. “La Roja” se adelantó con gol de Corso, tras rematar un centro de Lángara. Italia empató gracias a un gol de Ferrari, que se vio favorecido por el agarrón de Schiavo a Zamora, al que impidió saltar. El empate hizo que debiera disputarse un partido de desempate, arbitrado por el suizo Mercet, suspendido a perpetuidad por su Federación, al igual que Baerts. Los locales vencieron 1-0 gracias a un cabezazo de Meazza, aprovechándose de una nueva falta al portero. Mercet, además, anuló dos goles legales a España.
Inglaterra-Alemania. Final 1966
Un gol del alemán Weber a 30 segundos para el final mandaba el partido a la prórroga. Un centenar de fótografos apostados tras la portería alemana fueron testigos del “gol de Wembley”, uno de los más polémicos de toda la historia. Geoff Hurst controló dentro del área un centro de Alan Ball y se sacó un disparo duro y seco que se estrelló en el larguero y botó ¿en la línea? El suizo Gottfried Dienst corrió a consultar con su juez de línea, el soviético Bahkramov, y tras dialogar con él dio el gol por válido. “No vi entrar la pelota”, declararía años después Bahkramov. Las imágenes apuntan que el balón nunca rebasó completamente la línea.
Argentina-Perú. Segunda fase 1978
Argentina necesitaba cuatro goles ante Perú para poder jugar la final. Perú no se jugaba nada. En el minuto 20 cayó el primer gol, de Kempes, tras superar en velocidad a los centrales. La desgana marcaba la pauta en los andinos, con una conducta más propia de un entrenamiento. Un gol de Tarantini de cabeza casi desde la frontal cofirmaba la desidia. Los otros cuatro goles vienieron en la segunda parte con la complicidad rival: no metían la pierna. El portero de Perú, Quiroga, un argentino nacionalizado peruano, personificó el escándalo. Luego se supo que una semana después varios barcos argentinos con 35.000 toneladas de trigo partieron hacia Lima.
Italia-España. Cuartos de final 1994
1-1, en un partido intenso. Los españoles tenían el control del partido y pudieron sentenciar pero Julio Salinas falló en el mano a mano con Pagliuca. En la jugada siguiente, Roberto Baggio no perdonaba en una situación similar. Faltaban tres minutos para el final. En el minuto 92, Caminero centra desde la derecha pero Luis Enrique no puede rematar. Se levanta manando sangre de manera escandalosa por la nariz. Tassotti le había dado un codazo. Agresión y penalti que el húngaro Sandor Puhl no quiso ver. Ignoró la sangre y pitó saque de banda a favor de Italia. Días después, la FIFA sancionó a Tassotti con ocho partidos por agresión.
Notas relacionadas:
Selección Argentina de Fútbol: El tímido camino hacia Sudáfrica
Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010
2/6/2010
www.solesdigital.com.ar
|