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Ginóbili y Messi

Un domingo entre el trending topic y la leyenda

 

Por Mariano García
@solesdigital

Al argentino medio no le gusta el deporte. Le gusta ser hincha. No disfruta del juego, sino del resultado. No puede disfrutar de un triunfo si no hay un enemigo a quién dedicárselo. Somos un país tribunero, y basta con recorrer las publicidades mundialistas que invaden la televisión para corroborarlo. El domingo 15 de junio fue una jornada ideal para reafirmar esta idea. Los dos deportes más importantes del país (el fútbol y el básquet) protagonizaron momentos de gran relevancia pero distinta naturaleza. En el fútbol, el esperado debut de la Selección Argentina en el Campeonato Mundial de Brasil. Más a la noche y en el norte del continente, Manu Ginóbili buscando ganar su cuarto título de la NBA con los San Antonio Spurs.

Sería inútil cuestionar el trono que el fútbol ocupa en nuestro país (y en la mayor parte del planeta) como Deporte Rey. No se trata de eso.  Se sabe y es normal que todo triunfo en un Mundial de la selección argentina se convierta en la noticia del día. Pero el domingo pasado merece un asterisco en esta lógica, porque apenas terminó el aburrido triunfo del equipo de Sabella ante Bosnia, comenzaba a gestarse algo más que una victoria de un deportista argentino en otro deporte. Lo que sucedió durante la noche fue la consagración de Emanuel Ginóbili como el mejor deportista de la historia argentina.

Así como suena. Pongan a Maradona, Fangio, Vilas o Monzón en el otro lado de la balanza, y los argumentos de mayor peso la inclinarán siempre hacia el lado del basquetbolista bahiense. Porque a lo largo de una prolongada y prestigiosa carrera supo darle a su talento continuidad y consistencia. Porque su vitrina de logros no resiste comparación: 4 títulos de la NBA, una medalla de oro olímpica (Atenas 2004) y otra de Bronce (Beijing 2008), Subcampeón Mundial (Indianápolis 2002) ente sus máximos logros, a los que se le suman un campeonato en la Liga Italiana y una Euroliga en 2001 y dos títulos de América.

Tan solo con su carrera en la NBA alcanzaría para dejarlo solo y bien arriba en el podio.  Con sus cuatro anillos de campeón, forma un trío legendario junto a Tim Duncan y Tony Parker que es hoy el más ganador en la historia de los playoffs. E igualan en cuatro títulos para un combo de más de dos jugadores al cuarteto de los Lakers de Magic Johnson, Kareem Abdul Jabbar, Michael Cooper y Kurt Rambis en los años ’80.

Y hablamos de la que sin dudas es la liga deportiva más competitiva del mundo. Donde ser campeón implica jugar 82 partidos de temporada regular contra los mejores exponentes de la disciplina durante 5 meses, para luego competir por el título en series de playoff al mejor de 7. Se necesitan unos 100 partidos en ochos meses para poder alcanzar ese título. Y Ginóbili lo ha logrado en 4 ocasiones: la primera en 2003, luego en 2005 y 2007, y cuando todos apostaban a que su carrera estaba casi terminada, siete años más tarde logra el póker de anillos.

Con 36 años, fue el alma de su equipo y marcó el camino ganador con su experiencia, e incluso ráfagas de magia y espectacularidad. “Pero el juego perteneció en verdad a Ginóbili, quien resucitó a los Spurs luego de que estuvieran 16 puntos debajo. Cuando parecía que el Heat iba a hacerse con el juego, y muy posiblemente de nuevo con las series, apareció Ginóbili y rápidamente anotó dos de los primeros tres triples de los Spurs, que los puso en camino a su recuperaciónescribió en ESPN J.A. Andade sobre el rol del argentino y su importancia para que San Antonio obtuviera el título.

Sin embargo, el domingo “todo el país se paralizó y estalló con el gol de Messi”, según tituló el diario Clarín, algo que se pudo comprobar en la calle, redes sociales, o en cualquier charla de café u oficina. Un gol de Messi, en primera ronda, contra un rival respetable pero con poco peso como es Bosnia. Un gol que todavía no define nada.  Pero lo hizo con los colores celeste y blanco en el pecho. Representando al país en el evento más importante del deporte que paraliza al mundo. Tan importante como que en para fin de año nadie se acordará de quienes eran los bosnios, y dentro de poco tiempo, contra quien jugó Argentina en primera ronda en este mundial.

Porque al hincha no le interesa el fútbol tanto como poder demostrarlo. Quiere ser visible y ruidoso, y gritarle “la tenés adentro” al primer antagonista de turno que se cruce. Y seguramente todos aquellos enfervorizados del domingo por el triunfo ante Bosnia, apenas si puedan recordar contra quiénes jugó Argentina en las primeras rondas de los mundiales pasados. Porque la pasión por el fútbol tiene la lógica fugaz del trending topic (el gol de Messi generó un tsunami de 236.171 tweets en la red social del pajarito, logrando un increíble récord del cual nadie se acordará dentro de un mes).

En el fútbol se celebra la gloria pasajera, por eso Maradona es (casi) unánimemente el mejor deportista argentino de todos los tiempos. En el fútbol, la consagración y el pase a la historia se gana con 7 partidos cada cuatro años. Contra tres rivales en primera ronda (dos de ellos seguramente mediocres o directamente malos), un cruce en octavos casi siempre ganable, y el verdadero torneo que empieza en Cuartos de final. Ganar tres partidos realmente difíciles: eso es lo que se necesita para alcanzar el bronce futbolístico.

Pero en Argentina el fútbol se convierte en la medida de todo lo demás. Por eso para el diario deportivo Olé “Manu es el Messi del básquet”. Decir eso es no entender absolutamente nada de lo que se trata el éxito de Ginóbili, que nunca fue ni por asomo el mejor individualmente y aún así supo salir victorioso ante rivales superiores. Ginóbili fue el líder en la histórica victoria argentina ante el Dream Team en Indianápolis 2002, para repetirla en Atenas 2004. Ahora junto a sus compañeros y bajo el mando magistral de Gregg  Popovich ha destronado nada menos que a LeBron James, el Goliat de la NBA, en su camino a un tricampeonato de la NBA. La historia de Ginóbili como deportista es la de un Quijote flacucho y desgarbado del que nadie esperaba nada y ganó todo, sin preocuparse por ser individualmente el número uno. Tanto como que gran parte del éxito de los Spurs en estos últimos años se sostuvo en el rol de Ginóbili como suplente, para acomodarse al plan de Popovich en función del bien del equipo.

Pero la consagración de Ginóbili no pone a la argentinidad al palo. Ni siquiera con la bandera celeste y blanca sobre sus hombros durante todo el festejo. Porque LeBron James no es nuestro vecino odiado, ni Miami Heat nos quitó las Malvinas. Porque no hay muchas posibilidades de sobresignificar el éxito de Ginóbili con metáforas nacionalistas.  Algo que el propio Manu sabe: en la entrevista para la televisión en medio de los festejos de anoche, los comentaristas (entre ellos Grant Hill, Rick Fox y Chris Webber) le dieron pie para que mande saludos a toda la gente de Argentina que lo estaba viendo, y respondió: "Estamos en medio del Mundial de Futbol, hoy le ganamos a Bosnia así que a nadie le debe importar esto. Sólo me deben estar viendo mis familiares", dijo medio en broma y bastante en serio para reírse junto a sus interlocutores.

Así pasó un domingo histórico para el deporte argentino. En el cual Messi se consagró como la tendencia de moda en los medios y Ginóbili se convirtió en leyenda en un entendible (y lamentable) segundo plano.

16/6/2014

www.solesdigital.com.ar

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