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Manu, orgullo argentino y estirpe de campeón
 

Por Javier Cardenal Taján

Manu Ginobili

Emanuel Ginóbili nos ha ofrendado, una vez más, su estirpe de campeón. Este bahiense, el mismo del progreso ilimitado, el que lleva la humildad como estandarte, ha puesto el nombre de la Argentina otra vez en lo más alto. Ha demostrado pertenecer a una raza distinta a las demás, la de los campeones, la de las estrellas por naturaleza.

Manu GinobiliTrasladándonos al fútbol, muchas veces se ha oído decir a grandes entrenadores extranjeros que si se quiere que un equipo juegue en forma vistosa, hay que contratar brasileños, pero si se quiere un equipo que gane torneos, entonces hay que contratar argentinos. Y parece que la dirigencia de los Spurs lo ha entendido a la perfección y encontró en Manu no sólo a un ganador nato sino también a un atleta dispuesto a brindar espectáculo. El bahiense tiene contrato hasta el año 2010 y ha encontrado en Texas la plataforma ideal para empezar a dejar su marca en los cánones de la historia mundial del básquetbol. También recordemos que Luis Scola, actualmente en el TAU vasco que se consagró hace pocos días subcampeón de España, fue drafteado en 2002 por San Antonio y no falta mucho para que se acople al planeta NBA.

Uno no se cansa de asombrarse ante la capacidad de recuperación de los argentinos ante la adversidad, y no sólo nos referimos al ámbito deportivo, sino ese espíritu hambriento de superación que tiene el argentino a pesar de que muchas veces no contamos con los medios necesarios. En el país del “Lo atamos con alambre” o el “Si no existe, lo inventamos” todavía se conserva el talento, las ganas de luchar y la magia que hacen que uno, a pesar de los constantes reproches, infle al pecho al pronunciar la palabra argentino. Y hoy, unos de los representantes más fieles es Emanuel Ginóbili, embajador del espíritu argentino. Cuando la serie final ante Detroit se puso fulera, allí estuvo Manu para cantar presente y hacerse cargo del equipo ante las miradas tórridas que invadían el SBC Center.

Aquel chiquilín llevado por Oscar “Huevo” Sánchez con tan sólo 15 años a Andino de La Rioja y elegido “Mejor debutante de la Liga Nacional en la temporada 95/96” y “Jugador con mayor progreso en la temporada 97/98” con Estudiantes de Bahía Blanca, se fue inventando y reinventando asimismo. Se fue haciendo estrella a medida que el tiempo transcurría y asomaban con más fuerza esos genes de puro crack –del inglés: romper, quebrar- y ningún adjetivo mejor que ese para definirlo. Es que Manu rompe con cualquier estructura o molde. Y como bien hace mención Mariano García en su nota Ginóbili y la teoría del progreso ilimitado, Manu es el nuevo paradigma del básquetbol, al cual todavía están estudiando. Si ni siquiera su entrenador –Gregg Popovich- sabe descifrar que hará Manu con la bola entre sus manos. Al principio no fue entendido y recibió reproches del D.T., pero con el aval de los laureles que supo obtener en su carrera contesto: “Siempre jugué así y no voy a cambiar.” Popovich se cayó, sabía que enfrente tenía un potencial astro mundial. Es que a Ginóbili hay que dejarlo ser. Por eso, y jugando un poco con la lengua inglesa, más que el reclamado premio MVP (se pronuncia em-vi-pi) debería llevarse, y por siempre, el premio Let it Be (déjenlo ser). Él es en la cancha tan espontáneo como impredecible, pero es esta cualidad la que lo eleva por sobre muchos otros. Es esa frescura, que no deja de ser profesional, y que muchos han perdido lo que le permite resolver en un instante lo que a otros les demora dos. Es lo que lo lleva a ir por derecha cuando todos hubiesen optado por la izquierda, o a sacar un pase de la nada, a declarar “Tiré un zapato y entró” luego de inventar un tiro de otra galaxia y darnos el triunfo ante Yugoslavia en los últimos J.J.O.O., a regalarnos una fantasía productiva cuando las papas queman, en definitiva a adueñarse de la bola en los momentos que todos quisieran estar en casa bajo el cobijo de las sabanas.

Manu GinobiliVer a Emmanuel Ginóbili colocarse su segundo anillo de campeón en la NBA es histórico. Histórico para un país que tiene competencia interna fuerte (Liga Nacional) desde hace poco mas de 20 años. Más histórico que nunca será ahora el nombre de León Najnudel, padre y fundador de nuestra liga, que, a pesar de los pocos recursos, sigue generando talentos y regando las tierras extranjeras con nuestros jugadores. Parte de este triunfo de Manu va dedicado a ese visionario que supo darse cuenta de que si conformábamos un calendario exigente que estuviese a la par de Europa y Estados Unidos (9 meses de torneo) podríamos entonces salir a pelearle de igual a igual a las potencias. El mismo hombre que dedicaba las 24 horas a este deporte y recorría de punta a punta el país en pos de concretar su sueño. El mismo que en uno de esos interminables viajes supo descubrir a talentos como Hugo Sconochini (capitán del seleccionado e ídolo en Italia) en Sport Club de Cañada de Gómez y Andrés Nocioni (actualmente jugador de Chicago Bulls) en Unión de Santo Tomé. ¡Gracias a vos también!

Uno, como ferviente admirador de este deporte, sueña con calles invadidas por potreros o playgrounds como se les dice en EE.UU. Familias acercándose a los clubes con sus hijos para iniciarlos en este hermoso deporte. O mejor aún, una renovación en nuestra política deportiva nacional mediante la cual las escuelas adopten el básquet como deporte estable. Porque eso es lo que hace falta en un país que sólo se accede al básquet mediante clubes y no desde la enseñanza primaria, con su consecuente continuidad en otros niveles, como en tantos otros países sucede. Y por sobre todas las cosas uno se imagina a la Argentina como futura potencia mundial de este deporte de acá a muchos años. El primer paso fue dado allá por el año 2002 tras la obtención del subcampeonato mundial en Indianápolis, hoy continúa con Ginóbili paseando la bandera argentina por la pista del SBC Center de San Antonio. Anhelemos todos que nuestros hijos y nietos, el día de mañana, sigan festejando, y por qué no, siendo participes, de las conquistas de una casaca celeste y blanca.

¡Salud Manu. Salud Argentina!

30/06/2005

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