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Legends of Basketball

Un viaje en el tiempo hacia los años dorados de la NBA

 

Por Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

Fotos: Mariano García
@solesdigital

En un viaje en el tiempo hacia las dos mejores y más prolíficas décadas de la NBA, como fueron las de 1980 y 1990, el Legends of Basketball Argentina Tour 2014 desembarcó sobre el parqué del mítico Luna Park con toda la parafernalia que sólo el extravagante Dennis Rodman puede desatar. Acompañado por ex jugadores más los mejores street-ballers del mundo, el ganador de cinco campeonatos de la NBA pasó por Buenos Aires con su circo itinerante y una muestra en retrospectiva de lo que pudo haber sido presenciar aquella época dorada de la Liga.

Así, la duela del Luna se transformo en una rémora del tiempo y los hoy veteranos Charles Smith (48), Vin Baker (42), Tony Campbell (51), Gary Payton (45), Latrell Sprewell (43) y Rodman (52), salieron a tomar tiros con la facilidad de los que supieron estar en la cumbre del básquetbol mundial. Demandaría mucho espacio nombrar cada uno de los logros, premios y nominaciones de estos jugadores más allá de los seis títulos de NBA ganados que suman (Rodman y Payton).  

Allí estaban como en una más de las miles de noches de duelos apoteósicos, vértigo deportivo y show-business ya sea en el Staple Center de Los Angeles, el United Center de Chicago, el Boston Garden o el templo del básquetbol: el Madison Square Garden de Nueva York. Tan sólo faltó la cereza del postre, o en todo caso el chocolate (blanco): nos referimos a Jason Williams, anunciado para hacer delirar a todos con su virtuosismo que, por motivos desconocidos, nunca pudo llegar hasta las Pampas.

Sin embargo, a las antiguas estrellas NBA, el tour suma a un cuarteto de jóvenes que dan que hablar. Nos referimos al polaco Rafal “Lipek” Lipinski, el ucraniano Dmitry 'Smoove' Krivenko, el francés Guy “Frequent Flyer” Dupuy y el estadounidense Porter “Gravity” Maberry, este último mide 1,65 metros, altura que duplica tranquilamente al elevarse por sobre el resto de los terrestres para dejarnos boquiabiertos ante cada una de sus volcadas.

Para el partido amistoso entre las leyendas más su amigos e invitados, se sumaron locales como los retirados Esteban “Gallo” Pérez, el tercer goleador histórico de la Liga Nacional, Raúl “Chuni” Merlo, y el vigente Francisco Messa del Club Atlético Villa San Martín, de Resistencia (Chaco).

En un juego al que nadie prestaba atención desmedida al marcador, salvo por las últimas dos jugadas en las que, con el tanteador igualado, la cancha se regó de cierta intensidad digna de partidos oficiales, hubo dos señores que salieron a jugar baloncesto de fundamento desde el inicio. Enfrentados en la cancha, Vin Baker y Charles Smith no concibieron la idea de un juego de exhibición en el cual se demanda colocar un alley-oop tras otro y entablaron un duelo personal de pivotes.

Con sus 2,11 y 2,08 metros de altura, supieron entretener al ojo entrenado en base a un juego de intensidad, técnica de posteo y colocación en la cancha, coordinación de pies, mecánica de tiro y lo asombroso que resulta ver para el hombre común (en talla) cómo verdaderos paquidermos pueden adoptar la gracia y delicadez de un cisne y desplazarse entre velos de seda, algo que sólo el básquetbol nos puede regalar. Giros, lanzamientos de media y larga distancia, amagos, arranques y frenos, muñecas que le imprimen tanto back-spin a la bola que llega mareada a besar la red. Otro mundo físico y otro juego el de estos señores. Para los amantes del juego fue irse satisfecho y con la sana bronca de querer imaginar, pero no poder, lo que debe haber sido presenciar un juego en vivo de estos señores en los que enfrentaban y se fajaban con otros tantos titanes de acero: Shaquille O’Neal, Patrick Ewing, Hakeem Olajuwon, Alonzo Mourning, David Robinson y tantos otros.          

Sin duda, salvaron la noche junto con el grandísimo espectáculo de medio tiempo que incluyó un concurso de volcadas a la carta y de la mano de los cuatro saltarines importados (Lipek, Smoove, Frequent Flyer y Gravity), más el increíble “Pancho” Messa que desafió a todos, incluyendo la fuerza de gravedad. Verdaderos atletas que son parte del 3-On-3 Worl Tour y que dedican sus vidas a perfeccionar el arte de volcar la bola. ¿El resultado? Una demostración de capacidad de salto, equilibrio, creatividad y energía ni siquiera desplegada en el famoso concurso de volcadas del All-Star Game de la NBA. 

Por último, queda mencionar la siempre caótica relación de Rodman con el público. Ante la adulación de muchos, otros tantos se asombraron con su poca participación en cancha, algo que ya había adelantado 24 horas antes en la conferencia de prensa del evento. Además, casi ninguno reparó en sus 52 años llevados “alla Rodman”. Varias tribunas quisieron hacer tronar el escarmiento y exigieron ver al primer mohicano rubio en acción. Fueron apenas unos minutos en el primer cuarto y otros pocos en el tercero. Se le exigía conducción y puntos. Muchos olvidan que “el gusano” apenas promedió un poco más de 7 puntos por juego en su extensa carrera (y estuvo cerca tras encestar un triple). Claro que la afición, también,  pedía a gritos, cuando no con insultos, ver aquella vehemencia, demencia y encono con los que iba cada noche por sus más de 13 rebotes promediados por juego. No fue el caso. Tan solo tomó uno que quedó servido tras un yerro. El público lo vitoreó, pensaron que la noche tomaba otro matiz: no fue así, y el hombre volvió a la banca.  

El Legends of Basketball World Tour sigue girando y el mundo sigue andando. El que no lo vio, no es mucho lo que se perdió, el que sí, pudo contemplar los resabios de una antigua elite, los escombros de una Atlantis, si es que alguna vez existió, y de la cual no queda nada y fue tapada por un juego de saltarines egoístas que ganan anillos por sí solos.

30/3/2014

www.solesdigital.com.ar

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