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Las
deportistas argentinas en los Juegos Panamericanos
Con
igualdad para las mujeres, ganamos todos
Por
Marta Antúnez

Hablar
de la representación de las mujeres en los últimos Juegos Panamericanos
se hace difícil por varios motivos. Por una parte, la participación
de las mujeres fue incrementándose con el correr del tiempo: se festejaron
triunfos, se lograron medallas, se participó en deportes catalogados
como “masculinos” y se afianzó el papel en deportes tradicionalmente
femeninos. Pero como contrapartida, las mujeres han sufrido la recaída
del deporte en general, producto de la falta de políticas en el área
que se sufre desde hace demasiado tiempo; y que en este momento ha quedado
a la vista. Si a esto se le suma la falta de políticas específicas
en cuanto a mujer y deporte. la caída es inevitable.
Tanto
la Secretaría de Deportes, como las federaciones nacionales, no han
implementado ningún tipo de trabajo específico para desarrollar
el deporte de representación, al menos públicamente, y los hechos
hablan. Paradójicamente, en el deporte llamado de representación,
las mujeres que participan no representan al deporte de mujeres.
Decir
que “Las Leonas” son las representantes del deporte nacional nos
tendría que quedar chico. Hay muchas otras disciplinas donde las mujeres
deberían estar presentes. En el remo no quedaron mujeres, en el atletismo
las mujeres estuvieron casi ausentes, el fútbol femenino no estuvo
a la par de los varones. Como contrapartida, el handbol brilló, el
tiro dio sus medallas; la natación y la gimnasia rítmica estuvieron
sobresalientes, y en judo y pesas también hubo buenas actuaciones.
Del apoyo
en estos deportes mejor ni hablar. El handbol no tiene becas, Melisa Gil,
en el tiro, tampoco. Las demás tienen un apoyo mucho menor que el que
reciben los hombres. De los becados por la Secretaría de Deportes,
el 29% son mujeres que se llevan el 30% del total del dinero; cifra que es
coherente con el 25% de las medallas obtenidas por atletas del sexo femenino.
Sigamos
con los números: en Winnipeg ‘99 las mujeres trajeron el 30%
de las medallas, en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, el 50%. No
nos comparemos con Canadá o Estados Unidos, donde las mujeres aportan
la misma cantidad o más medallas que los varones. Cuba da la nota con
su desarrollo deportivo dejando una veta fuertemente sexista.
Ahora
bien, podemos quedarnos con la frialdad de los números y aceptar la
cruda y decadente realidad o podemos intentar analizar la situación
para poder revertirla en un futuro. Cuando se suelen plantear estas cuestiones
de la falta de políticas deportivas específicas para mujeres,
las respuestas llueven: “no es un mal de las mujeres si no del deporte
en general”, o puede escucharse “si traen menos medallas, por
que se les debe dar el mismo apoyo que a los varones”, o que “son
menos en número, que el deporte femenino no vende”. Con lo cual,
se deja todo como está, se espera que los resultados lleguen por obra
de la sabia naturaleza, o que los méritos sean producto de los esfuerzos
individuales.
Vayamos
hacia atrás. El deporte infantil no va dirigido hacia las nenas igual
que hacia los nenes. La educación física es totalmente sexista:
en pleno correr del siglo XXI, los contenidos dirigidos a las mujeres casi
no perdieron los arcaicos modelos. Los deportes “recomendados”
para las “chicas” son los que respetan lo “femenino”,
se les enseña el cuidado de la estética y aún se mantiene
el mito que el deporte afea a las mujeres por que las “masculiniza”.
Entonces,
estamos en falta con la política deportiva, con la política
educativa y con la política social en general. De lo cultural ni hablar;
de patrones forjadores de imágenes socialmente aceptadas, tampoco.
Es lógico que este estado permanezca mientras no se incluyan mujeres
en los ámbitos de decisión y elaboración de políticas.
La dirigencia es masculina en todos los ámbitos, es impensable que
no se incluyan mujeres que sepan de mujeres, que trabajen para desarrollo
del deporte femenino sin servir sólo a los estamentos dirigenciales.
Del total de entrenadores y técnicos pagados por la Secretaría,
apenas el 3% son mujeres.
Pero tengamos
en cuenta que las medallas de las mujeres valen lo mismo que las de los hombres,
que el esfuerzo de ellas es el mismo que el de ellos, y así veremos
que si incluimos mujeres y las apoyamos y desarrollamos el deporte en las
niñas y jóvenes, como dice el dicho, ganamos todos.
El círculo
en el que hoy se encuentra el deporte es el mismo en el que se encuentra el
deporte femenino, solo que más profundo. Si no se logra una igualdad
de oportunidades dentro del escaso propuesto para el deporte en general, no
solo sumaremos menos medallas, si no que restaremos deportistas de ambos sexos...
y perdemos todos.
18/8/2003
www.solesdigital.com.ar
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