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Mundial de Fútbol Sudáfrica 2010

Del síntoma a la patología

Por Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Diego Maradona

El que avisa no traiciona, dice el refrán. Y lejos de improvisar críticas ad hoc con el 0 – 4 ante Alemania clavado para siempre en la memoria, trataremos de recordar en esta columna algunos conceptos e ideas planteados en este mismo medio cuando el Mundial de Fútbol recién comenzaba y el optimismo a cuesta de cómodas victorias disimulaba posibles cuestionamientos a la Selección Argentina.

Síntomas que por no haber sido tratados a tiempo, se convirtieron lentamente en una patología que terminó por dejar afuera a una de las selecciones que más esperanzas había despertado en los hinchas argentinos desde hace décadas.

Dos días antes del comienzo del torneo, desde Soles Digital hicimos sonar una señal de alerta frente a una preparación previa que todos aplaudían sin demasiados fundamentos. Cuando nadie ponía en duda que lo mejor era un entrenamiento liviano, sin partidos amistosos importantes ni una carga física que hiciera rendir a los futbolistas en el momento justo; desde este espacio advertimos los puntos débiles del trabajo del cuerpo técnico.

El 9 de junio, publicamos en este informe mundialista la opinión del Lic. Diego García (especialista en Alto Rendimiento Deportivo), que marcaba que el ideal para una competición de este tipo es generar cargas de entrenamiento físico relativamente altas en las semanas previas, para que la supercompensación y el pico de rendimiento se den desde octavos de final en adelante. Caso contrario, se advertía que era posible que el punto máximo de capacidad física de los jugadores se diera durante los primeros tres partidos, y entrara en una meseta de ahí en adelante.

Como caso testigo, nada mejor que el de la estrella argentina, Lionel Messi. De sus explosivos arranques contra Nigeria y Corea al juego chato contra Alemania; lo que muchos periodistas deportivos describen desde el sentido común como “ir de mayor a menor” sin demasiados fundamentos; puede explicarse desde lo físico como una consecuencia de haber alcanzado el punto máximo de rendimiento en una etapa en la que los demás estaban recién calentando motores.

Lo mismo pudo observarse en la derrota contra Alemania en la lentitud de Higuaín, o la falta de timming de Otamendi para marcar los arranques de los laterales teutones, por nombrar a los casos más notables.

La cuestión radica en cómo se planifica el Mundial: si un equipo llega para jugar siete partidos en un mes, y encontrar su mayor rendimiento en las instancias definitivas (el ideal para toda selección que pretenda vestir con autoridad el traje de candidato); o poner todos sus esfuerzos y recursos en los primeros tres juegos (plan perfectamente válido para equipos de segunda línea para quienes llegar a Octavos o Cuartos de Final es de por sí un logro).

Analizando lo que fue la primera fase, vemos que tanto Brasil como Argentina deslumbraron en sus primeros partidos y terminaron decepcionando a medio camino. En cambio, muchos cuestionaban a españoles y alemanes por sus respectivas derrotas ante Suiza y Serbia en los grupos. Y el correr de las semanas los mostró cada vez en mejor forma física, y por lo tanto futbolística, hasta colocarse ambos en Semifinales. Holanda tampoco fue arrolladora al comienzo, y terminó pasando por arriba a los pentacampeones brasileños.

Bipolar

También en el terreno táctico advertimos señales de alerta que pasaron inadvertidas mientras se festejaban goleadas ante la débil Corea del Sur o goles “milagrosos” de Palermo ante la inercia griega. La bipolaridad en la propuesta maradoniana partió el equipo en dos, con un ataque galáctico y una defensa mucho más terrenal (empantanada, para ser más gráficos). Tal como afirmamos el 17 de junio luego de la panzada de goles ante los coreanos, “los de Maradona siguen apostando a hacer más goles de los que reciben, dando por descontado que tarde o temprano la desequilibrada defensa algo regalará a los rivales”.

Una pésima interpretación del esa entelequia que el DT denomina “el fútbol que le gusta a la gente”, y que soportó los cuatro primeros partidos gracias a la ineficacia y poco peso ofensivo de rivales de menor nivel. Era absolutamente previsible que las falencias defensivas del seleccionado argentino se iban a pagar caras ante rivales del mismo nivel, sobre todo aquellos como Alemania, que saben aprovechar muy bien los laterales en ataque.

El “fantasma germano” que avizoramos hace dos semanas estaba ahí, a la vista de todo el que quisiera verlo, pero Maradona quedó preso de la arrogancia que le dieron las cuatro primeras victorias y ni siquiera se dignó a responderle a un periodista alemán cuando éste le preguntó por el equipo de Joachim Low (la recordada frase “poné lo que vos quieras que yo diga, no me importa”).

El mismo Low que en conferencia de prensa declaró haber aprovechado “que Argentina es un equipo dividido entre la defensa y el ataque”. Mismo concepto que un periodista le planteó a Maradona en su respectivo encuentro ante la prensa post partido, y que el otrora Diez respondió con la arrogancia habitual: “si lo viste así, presentá una carpeta con tu proyecto en AFA para dirigir vos”.

Entonces, lo que antes eran canchereadas cuando los resultados acompañaban, hoy se convierte en la estúpida soberbia de cuño ruggerista que reza que el que no jugó una final del mundo no puede opinar. No sorprende ver a un Maradona mal perdedor, si ya se había mostrado como un pésimo ganador tanto en las eliminatorias como en este mundial. Cuando Maradona gana, todos los que lo critican la tienen adentro, la maman, la siguen chupando. Para Maradona, la prensa debe pedirle perdón cada vez que su equipo sumaba una nueva victoria.

Y si, hay muchos de nosotros que nunca ganamos nada. Periodistas, editores de sitios web que ni siquiera alcanzamos el status de futbolistas fracasados, pero que con un poco observación y criterio hasta podemos coincidir con el diagnóstico que antes del partido le permitió al técnico alemán arrasar a la Argentina. Un técnico alemán que no ganó nada como jugador, que no es una leyenda del fútbol, que no motiva en el vestuario ni da show para las cámaras. Pero que con aprovechar lo que para casi todos era evidente (y el propio Maradona empecinaban en negar) hoy le dio una lección al DT argentino. ¿Habrá que mandarlo también a Low a presentar su carpeta en AFA?

3/7/2010

Fotos: Fifa / Getty Images

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