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Argentina
ganó su grupo en el Mundial de Básquet
Con
paso de candidato
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos:
FIBA
Finalizó
la primera ronda del Mundial de Básquet Japón 2006, y con cinco
victorias y ninguna derrota, Argentina no solo despejó las dudas que
se habían planteado en la etapa de preparación, sino que le
demostró al mundo basquetbolístico que el traje de candidato
le queda a medida.
Con un
juego colectivo superlativo, y las individualidades rindiendo al nivel esperado,
los dirigidos por Sergio Hernández ganaron cada partido con un profesionalismo
y una concentración que honra el título de campeones olímpicos
con el que llegaron a Japón.
El comienzo
del torneo, ante una Francia disminuida por la ausencia de su base estelar
Tony Parker, mostró a Manu Ginóbili y Andrés Nocioni
liderando a un equipo que recuperó justo a tiempo el espíritu
ganador e imponerse 80-70. Con sus dos grandes figuras pisando fuerte, el
fundamental primer paso estaba dado.
Luego,
pasaron sucesivamente Venezuela, Líbano y Nigeria, a los cuales se
les ganó categóricamente, por amplio margen y mucho profesionalismo;
sin sobrar los partidos y dándole la oportunidad a los jugadores suplentes
de entrar en ritmo de juego y demostrarle al entrenador que están al
pie del cañón para cuando se los necesite. Walter Herrmann despuntó
contra venezolanos y libaneses, superando los 20 puntos en ambos encuentros.
Carlos Delfino también se creció, y desplegó una calidad
y variedad de recursos en ataque y defensa, que entusiasman.
Ante Nigeria,
Nocioni demostró que física y anímicamente es incontenible,
al recuperarse en dos días de un esguince leve de tobillo, y ser el
goleador del equipo con 23 tantos y una planilla perfecta de 9/9 tiros de
campo (5 triples).
Desde
la conducción del equipo en la base, Pepe Sánchez también
alcanzó su mejor nivel vistiendo la camiseta nacional, aportando control,
inteligencia, y mejorando notablemente su tiro externo, único punto
flojo que tenía hasta el momento. Ni que hablar de su aguerrida defensa
en el perímetro, su principal virtud desde que jugaba para la universidad
de Temple en la NCAA, y que en la actualidad está mejor que nunca.
Pero
no sólo los jugadores externos se lucieron. El trío de internos
conformado por Luis Scola, Fabricio Oberto y Rubén Wolkowisky, conforman
una sólida base defensiva alrededor del aro propio, y brindan muchas
variantes en ataque. El impecable juego de pies de Scola de espaldas al aro,
la versatilidad de Oberto, y los tiros a distancia de Wolkowisky, hacen olvidar
la carencia de centímetros en comparación a otros equipos como
Serbia.
Con tanta
autoridad y contundencia desplegada en la cancha, Argentina llegó al
quinto partido de la zona (vs. Serbia y Montenegro) con el primer puesto asegurado.
Allí terminó de demostrarse que el cuerpo técnico y los
jugadores están trabajando para salir campeones, y no se conforman
con ser buenos, sino que quieren seguir siendo los mejores.
Cuando
un planteo moderado hubiese sido cuidar a las estrellas, no arriesgar el físico,
y descansar pensando en los Octavos de Final, los dirigidos por Hernández
encararon el último partido del Grupo A como si fuera una final ante
su clásico rival balcánico. Por primera vez en el Mundial estuvieron
debajo en el marcador, sacaron a relucir todo su orgullo y se llevaron por
delante a los serbomontenegrinos, y se establecieron como uno de los cuatro
equipos más sólidos de la competencia, junto a Estados Unidos,
España y Grecia.
El Grupo
A completó sus posiciones finales, con una Francia que asimiló
bien la baja de su base Tony Parker, y se ubicó en segundo puesto (3
victorias y 2 derrotas). La lucha por las dos plazas restantes, tuvo un triple
empate en puntos entre Nigeria, Serbia y Montenegro y Líbano. Quedaron
afuera los asiáticos, que a pesar de todas las dificultades que padecieron
en la etapa de preparación a causa de los ataques de Israel sobre su
territorio, lograron dos históricos triunfos ante Francia y Venezuela.
España:
mucho más que un solo nombre
En
el Grupo B, el seleccionado español tuvo una actuación arrolladora,
y se quedó con el primer lugar. Al igual que Argentina, está
invicto y ganó todos sus partidos con sobrada autoridad. Tal como habíamos
anticipado, la lucha por el valioso primer puesto la tuvo con la Alemania
del extraordinario Dirk Nowitzki. El partido entre ambos equipos europeos
fue el decisivo para definir el grupo, y España se lo llevó
gracias a un plantel mucho más fuerte y un juego colectivo mejor distribuido.
Los ibéricos no dependen exclusivamente del catalán Pau Gasol,
mientras que los germanos ni siquiera estarían participando de no ser
por la calidad fuera de serie de Nowitzki. El polifuncional jugador de Dallas
Mavericks sigue siendo la individualidad más destacada del campeonato
(no es exagerado afirmar que es el mejor basquetbolista del momento a nivel
mundial), pero para avanzar a partir de ahora, necesitará más
ayuda de parte de sus compañeros.
La pelea
por el tercer y cuarto puesto tuvo especial interés para los argentinos,
ya que de allí saldría el rival para Octavos de Final. Angola
se ubicó tercero, y el cuarto lugar lo ocupa Nueva Zelanda, que de
esta manera se volverá a cruzar con Argentina.
El
fracaso de Brasil
El
caso brasileño fue lo opuesto a lo logrado por Argentina y España.
El invidiualismo de sus principales figuras comenzó a advertirse incluso
antes del inicio del Mundial, cuando Nené Hilário decidió
no integrar su equipo nacional para priorizar su carrera personal en los Denver
Nuggets de la NBA. Aún así, Brasil contaba con talentos suficientes
como para estar entre los primeros puestos del Grupo C, pero el rejunte de
grandes jugadores no llegó a conformar un equipo.
Leandrinho
Barbosa y Anderson Varejao fueron una sombra de lo que suelen rendir en sus
equipos de la NBA, y el equipo nunca encontró una personalidad propia,
perdiendo todos los partidos importantes con una incapacidad exasperante para
desperdiciar oportunidades de definición.
En
lo que fue el grupo más peleado, Grecia le enseñó al
mundo que se puede tener un equipo de primer nivel sin contar con estrellas
de la hiperpublicitada NBA. Con la totalidad de sus jugadores militando en
ligas europeas (la mayoría en su propio país, y también
en Rusia y España), los griegos son una muestra irrefutable de que
la calidad de un equipo no depende de la cantidad de camisetas que vendan
sus estrellas, y que la pertenencia o no a la NBA de sus integrantes no es
el único parámetro para medir la talla de un seleccionado.
El increíble
partido que le ganaron a Australia, con dos triples en los últimos
segundos de juego y una defensa sofocante, los hacen más que temibles.
Grecia no es el equipo que más se luce ni el más vistoso, pero
nadie los quiere tener enfrente.
El Grupo
C se completó con otros dos países que se hacen fuertes gracias
a la competencia europea, como Lituania y Turquía; mientras que Australia
obtuvo el cuarto lugar.
Estados
Unidos impone su fuerza
El
seleccionado norteamericano llegó a Japón con cuentas pendientes
por saldar, ya que en los últimos cuatro años, pasaron de ser
el gran cuco mundial al equipo al que todos querían vencer. Si entre
1992 y 1998, la mayoría de los países los enfrentaban con temor,
desde que Argentina los venció en el mundial de Indianápolis
2002, todos se esforzaron al 100% para imitar la hazaña.
Sin tantas
estrellas rutilantes, pero con un planteo de equipo más acorde al tipo
de competencias FIBA, Estados Unidos volvió a recuperar la potencia
de su juego, logrando un invicto que sólo fue puesto en peligro por
Italia. Los demás equipos le jugaron con demasiado respeto, y prefirieron
guardar fuerzas para los otros partidos y conformarse con clasificar para
la segunda ronda.
La principal
fortaleza norteamericana sigue siendo un plantel larguísimo, donde
cualquiera de los que están en el banco de suplentes puede jugar igual
o mejor de los que salen como titulares. Equipos como Italia le pueden complicar
los juegos en determinados momentos, sobre todo cuando sus titulares están
en la cancha, pero los norteamericanos mantienen la intensidad del juego minuto
a minuto gracias al continuo recambio de jugadores, y eso termina por quebrar
a sus oponentes.
Sin embargo,
algunos vicios no se han curado en los jugadores estadounidenses. Siguen siendo
arrogantes, prepotentes, y se fastidian rápido cuando del otro lado
se les ofrece resistencia. No les gusta el juego físico, y parece que
siguen creyendo que son los dueños del juego. La habitual soberbia
norteamericana, que piensa al resto del mundo como un simple espectador de
sus hazañas (y esto no sólo en el básquet, claro está),
puede jugarle en contra si se llegan a cruzar con equipos como Grecia, España
o Argentina, que están en condiciones de hacer caer a la gran potencia
mundial.
25/8/2006
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