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Entrevista a Fabricio Oberto

“Hoy la selección no se conforma”

 

Por Gabriel Rosenbaun
Foto:
Mariano García
@solesdigital

Fabricio Oberto

Antes de comenzar la gira con la Selección argentina, Fabricio Oberto dialogó con la revista cordobesa Básquetblog sobre su carrera en la NBA, y las expectativas previas a los Juegos Olímpicos de Beijing. En esta entrevista, la palabra del pivot argentino a días de que comience la cita olímpica en China.

Sentirse un elegido

–Con Atenas ganaste todo en el país y en Sudamérica. Te fuiste a España y seguiste ganando títulos, mientras seguías triunfando con la selección. Fuiste a la NBA y lograste el título de campeón que muchos jugadores importantísimos no consiguieron. ¿Te sentís un elegido?

–Yo ya me siento elegido por poder jugar al básquet y tener como profesión lo que más me gusta: precisamente jugar al básquet. No hay otra cosa. Se habla de presiones, pero una vez que tenés experiencia, se disfruta muchísimo: además, sentís que vas jugando mejor y podés hacer más cosas. He tenido mucha suerte en los equipos en los que estuve y me faltan pocas finales por jugar. Si las he ganado o perdido, no sé; pero he jugado la mayoría. Desde la Liga juvenil y los Argentinos en adelante, las he jugado a todas. Muchas veces vivimos con vértigo y no te sentás a ver lo que hiciste. A veces salís campeón y no llegás a disfrutarlo. Ese vértigo no te permite ver todo lo que vas generando, pero últimamente me detengo y me siento un elegido por hacer todo lo que me gusta. No es porque puedo comprar algo o por estar cómodo, sino porque vivo de lo que más me gusta: jugar al básquet. También conocí muchos lugares y viajé mucho. Después llegará el momento de estar en calma.

–Hace unos días, cuando volviste a Córdoba decías que en el básquet nunca alcanzás la sabiduría completa. Tus entrenadores siempre destacan tu inteligencia, tu lectura de juego. ¿Siempre estás con hambre de aprender?

–Es la característica de siempre. Si pudiera elegir de nuevo, es la característica que elegiría tener. Yo considero que todas las cosas que hice, es porque las entrené una y otra vez, una y otra vez. Si le preguntás a mis amigos, cuando yo llegué a Atenas no era que con la mano izquierda no picaba la pelota. Hacé de cuenta que me faltaba medio cuerpo. ¡Jaja! Ahora he mejorado, voy para los dos lados, incluso hubo un tiempo en que iba más para la izquierda que para la derecha. Es más, de temporada a temporada tenés que ir viendo qué es lo que te ayuda a ser un poquito mejor. Prefiero tener esa característica a ser un talentoso al extremo, a ser alguien que se lo sabe todo.

–¿Esa predisposición a aprender es algo que incorporaste con el paso de los años o considerás que es una virtud innata?

–Hay de todo un poco. También aprendí mucho de compañeros que he tenido, que te explican esto o aquello. Y me gusta ver básquet. Sea el partido que sea, ver al menos un rato. Cuando estoy en Estados Unidos y veo que en la tele pasan la Liga Nacional, me pongo a ver qué están haciendo, cómo están jugando. Y en Europa, sabía que a la 1.30 ó 2 de la mañana daban algún partido de la NBA y me “clavaba” viendo la tele hasta que me quedaba dormido. Hay que ver básquet y entenderlo. Me gusta estudiarlo, ver qué mejorar. Verlo por ejemplo a Tim Duncan, en las prácticas del equipo, tratar de copiarle, imitarlo, intentar eso. O incluso pensarlo, porque en algún partido podés aplicar algo que aprendiste o pensaste.

–¿Sentís que tendrás la chance de volver a ser campeón de la NBA?

–Siento que el equipo puede luchar y recuperar algo que perdimos este año: el anillo. San Antonio siempre tiene las chances, el material para ser campeón. Ya lo ha sido y eso es importante. ¿Si sé qué cambios se vienen? Recién después del draft se comienzan a ver los agentes libres y de momento no sé demasiado.

–¿Te imaginás retirándote en los Spurs? ¿Sería el cierre perfecto para tu carrera en el básquet?

–Ojalá pueda hacerlo. Sería terminar en lo más alto. Pero uno nunca sabe. Cuando era más chico decía que a los 32 años me iba a retirar. Y ahora ya tengo 33 y ni se me cruza por la cabeza. Una vez que aprendés a cuidar tu cuerpo, a entender el juego, no es que jugués o te desgastes menos, pero tenés la inteligencia y la lectura de juego amplia como para sentirte bien. Lo voy pensando año a año. Ya se verá cuando llegue el día en que no sienta lo mismo: el nerviosismo o la ansiedad de jugar, de tener que dar lo mejor de mí. Por ahora tengo todas las ganas.

NBA: un planeta distinto

–Durante las finales de la Conferencia Oeste contabas que en la NBA es imposible planificar toda una serie. Decías que vas partido a partido y que dentro de cada juego hay partidos en sí mismos. ¿Qué cosas de la NBA, en cuanto a esos temas, ni nos imaginamos en el resto del mundo?

–El tema de los scoutings, de estudiar todo. A veces estamos jugando un partido y en el entretiempo ya nos ponen en el vestuario a ver las jugadas editadas con los errores del primer tiempo. Nos sentamos y te dicen: “No tenías que estar acá, sino acá. Vamos a cambiar esto”. Ya parece ajedrez. A lo mejor en defensa jugás un partido de un modo, y al rato estás jugando de otro. Podés hacer dos defensas, volver a otra en un instante y a las dos jugadas, cambiar para confundir. Hay gente del equipo que viaja constantemente siguiendo a dos o tres equipos, otros que están siguiendo dos o tres equipos más. Es una organización inmensa. Y cuando vuelven de seguir a tal o cual equipo te dicen: “Cuando quedan pocas posesiones, Kevin Garnett suele hacer esto. O aquello”. Te comés toda esa información. Es importantísima. Está todo tan bien preparado: entrenamientos, charlas, juegos. Si no, no podrías jugar casi 100 partidos al año. Es la mejor Liga y la mejor organización del mundo. Sin duda.

–Y así como rescatás todas estas cuestiones positivas, ¿hay cosas de la NBA a las que no te pudiste acostumbrar por tu forma de ser o por tu personalidad?

-De la NBA no me jode nada. No te puede joder nada. Lo que tenga que hacer, lo hago. Disfruto los entrenamientos, las charlas, las sesiones de video. Todo.

Los mejores elogios

–Cuando volviste a Córdoba, en la conferencia de prensa contaste que te habían llegado a decir en Estados Unidos que la selección argentina era el mejor equipo que habían visto en sus vidas. ¿Quién te lo dijo? ¿Sucedió varias veces?

–Me lo dijo gente que está en la organización de la NBA o de otros equipos, otras franquicias. En San Antonio me lo dijo RC Buford (el manager general de los Spurs). Él me dijo: “Lo que yo viví al verlos a ustedes, por cómo jugaban, por cómo se sentían, fue increíble”. Y son personas que han visto montones de selecciones, equipos de NBA. Y es como que vos te decís “¡Puaaa!” No llegás a digerir semejante elogio.

–Sin entrar en comparaciones entre lo que sucede durante la temporada en un equipo, ¿qué cosas se viven en la selección que no vivís en otro momento?

–Yo siempre digo que lo que vivimos en el grupo es increíble. Disfrutamos todo, un juego, una práctica, las comidas, las concentraciones. Parecemos estudiantes en un viaje de estudios. Muchas veces recuerdo un viaje a México que tardó 33 horas. Vos pensás México y decís: “Vas, tomás el avión, y tenés que estar allá”. ¡Y esa vez tardamos 33 horas! Y las soportamos por el grupo que somos, por todo lo que vivimos juntos. Creo que en estos años todos hemos crecido en la selección, que es una parte importantísima en nuestras carreras, y también, que le dimos mucho de nosotros a la selección.

–Decías que jugaste todas las finales, pero en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 estabas enyesado y no pudiste pisar la cancha. ¿Te volvés loco por jugar la final olímpica en Beijing?.

–Me encantaría, sí, pero no es algo que te diría me muero. Lo llevo tranquilo. Los Juegos Olímpicos son un torneo muy difícil, en el cual un partido puede mandarte a un buen cruce o no. Creo que será muy duro. Los Juegos no son como el Mundial, donde podés tener un rival más accesible. En los Juegos, cada noche puede implicar que te quedes afuera de luchar por el oro. Y respetamos a todos. Hay que ir partido a partido y ver cómo se va dando. De todos modos, como te decía de los elogios que me hacía RC Buford, todos dicen que los argentinos tenemos una mentalidad de querer siempre un poco más, de ir buscando siempre más. Hoy la selección no se conforma. Si hace 15 años decías que en el Mundial llegabas cuarto o jugabas unas “semis”, firmabas sin pensarlo y estaríamos todo de caravana, subidos al carro de los bomberos. Hoy salís cuarto y es casi un fracaso. Y en el Mundial 2006 fue sólo un tiro que se erró, sin jugar un buen partido, y estuvimos ahí de pasar a la final.

31/7/2008

Fuente: Revista Basquetblog, Nº 18

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