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Selección Argentina de Fútbol
El tímido camino hacia Sudáfrica
Por
Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com
Novedad: Galería de fotos de la Selección Argentina de Fútbol

Esta columna pecaría de anacronismo si intentase hacer un relato minucioso de las acciones del partido que vio triunfar a la selección nacional de fútbol frente a su par de Alemania en el amistoso disputado en München a principios de mes.
Por el contrario intentaremos dar respuestas a inquietudes que cada nueva presentación de nuestro equipo nacional suscita. El uso del pronombre posesivo no es improvisado: acaso quién no se siente parte de la selección por más que sus integrantes no sientan que salen a jugar en representación del barrendero de la esquina, el sindicato de empleados de comercio, las amas de casa, o los miles de infantes que se conmueven y alumbran esperanzas de juventud ante un juego de fútbol.
Fue en este mismo medio que explicamos con anterioridad que todo conjunto deportivo profesional no siente (ni debe) amalgamarse a la idea de que detrás de toda acción que conlleven se encuentra el respaldo (o no) de un pueblo, ni la presión de representar una bandera o el sentir de una nación. Todo atleta de alto rendimiento juega, sea su especialidad individual o en conjunto, para sí mismo y nada le importa el patrioterismo que los medios y los mismos organizadores de las competencias muchas veces le quieren imprimir.
Los miembros de un equipo buscan la gloria personal, esto tal vez debido al egoísmo, natural estupidez y debilidad de espíritu, todas cualidades propias del ser humano, para luego en todo caso ir tras el logro grupal y así demostrar cómo un grupo de hombres/mujeres supo sortear los desafíos que toda justa deportiva plantea.
Más allá de los gestos y/o declaraciones ampulosas -por no decir demagógicos- a la cual nos tienen acostumbrados ciertos atletas, el triunfo contra Alemania fue una autoproclamación de entereza de un grupo que venía siendo vapuleado desde todos los flancos posibles. Poco le importa a Juan Sebastián Verón si al vendedor de pescado el triunfo del equipo le brindó un momento de felicidad aplacando por un rato la angustia de existir o lo ayudó en la creación de su contingencia histórica.
Indagando en los archivos de Soles Digital pude dar con material escrito por quien suscribe en el año 2005 acerca del partido que Argentina disputó frente a los germanos (empate en dos goles) por la Copa de las Confederaciones y previo al último mundial. El año pasado las penurias de nuestra escuadra sentenciaron la no presencia en dicho torneo, ni siquiera como invitados de la FIFA.
Fueron varios los pasajes de aquel viejo artículo que llamaron mi atención. A saber: “Fueron 15 minutos iniciales en los cuales la Argentina se vio perdida y avasallada por una Alemania vertiginosa que la desbordaba en velocidad proyectando sus laterales al ataque para centrar el balón a sus hombres de área”.
Muy lejos está la selección teutona actual de aquella que a posteriori nos eliminaría del campeonato mundial por más que muchos nombres se repitan en su alineación. En cambio, si hay algo que Diego Maradona parece haber encontrado es la idea y el bendito “saber a qué juega” que tanto se le reclamó durante toda su anémica participación en la etapa clasificatoria. Alemania nunca atropelló al conjunto albiceleste y ni siquiera supo lanzar sus laterales al ataque gracias al trabajo defensivo de Jonás Gutiérrez y Ángel Di María que tapiaron sus respectivos andariveles.
Con respecto a la faz defensiva, ha quedado en evidencia que en ella Maradona y su trouppe han decidido poner énfasis y hacer de esta el sello distintivo de este equipo casi mundialista.
El mismísimo asistente del entrenador, Alejandro Mancuso, que como jugador se destacó por el buen trato del balón y jugando en cuadros netamente ofensivos como Flamengo o Palmeiras, ha revelado lo que pasa por la psiquis del cuerpo técnico, “Estamos buscando asegurar el cero en nuestro arco porque sabemos que los delanteros en cualquier momento se inspiran y hacen un gol”. Así, directo y sin medias tintas se revela el plan: Defensa, presión a campo completo, sacrificio y contra ataque de inspiración divina.
¡Pero vaya si esto es todo un acontecimiento! ¿Lo es acaso? ¿Es realmente novedoso que un creativo y revoltoso como Maradona con los años se aburguese y cruce a la vereda del conservadorismo? La pregunta se responde por sí sola, en todo caso basta con recordar las tantas veces que uno se encuentra frente al espejo y suspira vencido: “Actitudes como estas son propias de mi padre, en qué me he convertido”.
Entonces comprendemos los motivos por los cuales el hombre considerado el mejor futbolista de todos los tiempos, creativo inigualable, amo y señor de las improvisaciones se aferra a esquemas por demás conservadores. El paso del tiempo (y la escasez de ideas demostrado en un año y medio de trabajo) parece haber hecho recapacitar a Maradona.
Otros dirán que lo visto en München es una clara demostración de la influencia que Carlos Salvador Bilardo ejerce sobre Maradona. Pero no es tan así. Propongo entonces compartir con Charles Baudelaire aquella idea de que la patria de todo hombre es su infancia para aventurar otra posible causa para la adopción un plan de juego por parte del entrenador.
Para Diego Maradona, hombre de una infancia dura, áspera, pero nunca desgraciada en Villa Fiorito, la vida -tan generosa con él- le tuvo preparada una segunda infancia en la cual pudo coronar todos sus deseos, antojos y caprichos. Un lugar en donde fue venerado como sólo a los santos se venera: ¡Nápoles!, ¡Nápoles!, ¡Nápoles!
La segunda infancia de Dieco (así pronuncian su nombre en el sur italiano) evidentemente lo ha marcado a fuego y allí forjó, tal vez sin saberlo, sus rudimentos como entrenador y lo que parece ser, de ahora en más, su sistema táctico de cabecera: Il Catenaccio.
Si bien fue un austríaco quien inventó dicho sistema, fue un argentino, nada menos que el gran Helenio Herrera, quien hiciera famoso este sistema en la década de 1960 al mando del Internazionale di Milano que agobiaba a sus rivales y usualmente ganaba los partidos por la mínima diferencia (1-0). Igualito a lo acontecido la semana última.
¿Es este el juego que le gusta al siempre exigente paladar futbolístico argentino? No. Pero los paladares negros al igual que la palabra prestada hace rato que se han vendido al mejor postor que casi siempre lleva por nombre la palabra “éxito”.
El hincha deberá acostumbrar el ojo y no sorprenderse. Olvidarse de esos ímpetus de glotonería y querer acumular estrellas en la delantera a fuerza de una defensa de tres hombres. Nada de eso, la versión albiceleste 2010 dicta cuatro hombres en el fondo de los cuales tres -sino todos- serán férreos zagueros centrales, un mediocampista central de contención con tres volantes por delante, y dos allá arriba contra viento y marea.

El dibujo 4-1-3-2 puede mutar a un 4-3-3 en caso de que el rival no sea de peso (¿Se verá este esquema frente a Corea del Sur y Grecia?). Un dibujo con tres delanteros incrementa las oportunidades de ver en cancha a Caros Tévez quien vive un presente brillante en Manchester City.
¿Le dará Diego la chance a Clemente Rodríguez? O veremos a los zagueros Nicolás Otamendi (pichón de crack) o Nicolás Burdisso improvisar por el lateral derecho al igual que Lionel Scaloni en el último mundial. Por izquierda, todo indica que el puesto tiene nombre y apellido: Gabriel Heinze, hombre experimentado en esa franja durante sus pasos por Manchester United y Real Madrid.
Siguiente anotación: “A pesar de un prólogo poco auspicioso, el equipo albiceleste supo repuntar. Esto se dio a partir de la manutención de la pelota, dándole buen criterio y obteniendo volumen de juego. Argentina borró por completo a un rival que olvidó qué era tener la pelota, las estadísticas no mienten, 70 por ciento de posesión argentina en los 90 minutos”.
Y aquí damos con otra clave. En la cabeza de Maradona, al contrario que sus antecesores, no está la posesión del balón como primera premisa. Su defensa no está basada en un buen ataque. Quedó claro que el equipo se siente bien entregando la pelota al rival para luego ahogarlo en la salida con sus delanteros o meterlo en el embudo que conforman Verón, Gutiérrez y Di María (este último sabe que si bien tiene luz verde para improvisar con la pelota, primero debe correr a todo rival que ose atravesar su zona). Si se logra superar el pressing de ese mediocampo adelantado, el rival deberá medir fuerzas con Mascherano, para el cual Diego parece haber encontrado la posición. Así como el catenaccio dicta defender con cinco hombres, al ex River se lo vio apenas por delante de la defensa barriendo hacia los costados y ya no corriendo como un perro de caza todo lo que transite a 50 metros a la redonda por más que entusiasme la idea de que el marcador central porte un motor de ocho cilindros en V en su pecho.
En Brasil, Dunga (DT) demoró casi un año en ganarse la adhesión de sus compatriotas y de la prensa especializada de aquel país. Pero lo logró. Por supuesto que su idea estaba clara desde su asunción. En cambio, Maradona parece haber dado con la tónica a escasos cien días del inicio del mundial.
En cuanto a la elección de nombres -según el entrenador ya tiene confeccionada la lista final en un 80 por ciento- observamos que hay poco lugar para un diez clásico. Sí, el pibe de oro, el diez del pueblo no tiene pensado continuar con esa escuela de creativos y hacedores de juego que lo supo tener como rector máximo. Javier Pastore es el único que se aproxima a esa clase de jugador y aún no tiene el pasaje asegurado mientras que otros como Pablo Aimar parecen contar con menos suerte o ninguna.
Justamente era Aimar quien junto a Riquelme le cambiaban la cara al equipo de Pekerman en aquel artículo de archivo: “En el segundo tiempo el entrenador decidió apostar por el fútbol e ingresó Pablo Aimar por Bernardi. Ahora los hacedores del juego eran dos viejos amigos, Román y Pablito. Los dos comenzaron a plasmar sobre el verde lienzo un repertorio exquisito”.
Aquella crónica proseguía remarcando que “Como de costumbre en las últimas presentaciones, la estatuilla al mejor artista se la lleva un Riquelme iluminado que le dio vuelo sinfónico a la blanca y redonda melodía cada vez que pasó por sus pies”. Al corriente ya no hay más nada por decir del Riquelme-gate que salpicó a todos el año último.
La falta de un diez parece complicar a los delanteros que muchas veces deben retroceder excesivamente para experimentar algo de juego asociado. Verón está apuntado a suplir dicha carencia, pero por más clase mundial que el hombre de Estudiantes tenga, no puede agarrar la bandera de una posición que no es natural en él. Otro impedimento son las tareas defensivas que el entrenador le pide (presión constante, corte y recuperación) y que agotan en demasía a un jugador que le cuesta mucho mantener el ritmo durante los 90 minutos de juego como para encima pretender que amplíe su radio de operación y traslade todo balón de ataque hasta los últimos 20 metros del campo para abastecer a sus arietes. Nota al margen: atentos con el trajinar de Verón en estos meses. Esperemos que su club junto al seleccionado hayan ideado un plan cíclico conjunto para no cargarlo de partidos y evitar la saturación y fatiga.
Arriba y por más que Messi refunfuñe sabe que a partir de ahora habrá que acostumbrarse a que nuestros delanteros tengan escasas dos o tres oportunidades por juego. Maradona también lo sabe y es a lo que apuesta con este planteo. Su fe tal vez radique en que cracks como Higuaín y Messi no perdonan y de dos pelotas que tocan una termina en el fondo de la red.

Evidentemente, Messi sigue siendo el gran interrogante. En las eliminatorias demostró haber estado tan desconcertado o más que el resto de sus compañeros. Ahora queda por ver si podrá adaptarse a esta idea de Maradona. Por lo visto frente a Alemania, el rosarino sigue sin encontrar su mejor forma en el elenco nacional. ¿Es culpa de Messi su bajo rendimiento o el planteo no lo ayuda? Dejo los comentarios sobre las exigencias del público y el trato, muchas veces cruel, que le brindan los medios de comunicación para una futura nota.
Lo que se puede marcar es que en este dibujo de dos delanteros, Messi tiene a Higuaín a unos 20 metros siempre. Tampoco puede asociarse con Gutiérrez que como buen soldado se queda en mitad de campo a 30 metros de la jugada, y menos aún con el lateral por derecha que siempre le queda a 50 metros y nunca se le ocurrirá pasar por las espaldas del rosarino para recibir la descarga. Estos condicionantes conllevan al típico movimiento de Messi de enganchar de izquierda hacia adentro recorriendo en paralelo la línea del área penal y buscar la pared con el pivote (cosa que tan bien hacía Samuel Eto’o en Barcelona) pero sin ser Higuaín el mejor socio para cumplir esa función. Todos condimentos que no ayudan a la creación de juego y alimentan esa desconexión entre pares que se observa de mitad de cancha hacia adelante.
Y es allí, en la mitad del campo que se vio como Jonás Gutiérrez no aporta volumen de juego y esto, sumado a la carencia de un armador nato, es preocupante. Las idas y vueltas del "galgo" son más vuelta que otra cosa. Infatigable en su trajín, el ex Vélez Sarsfield no está con la cabeza puesta en el arco de enfrente. Se han escuchado críticas al entrenador por convocar a un hombre que milita en un cuadro de segunda división (Newcastle de Inglaterra), sin embargo y dejando de lado los gustos personales hay que reconocer que el jugador cumple, y con creces, la tarea específica solicitada por Maradona aunque el costo sea alto. Maximiliano Rodríguez se alza como el reemplazo natural por esa banda y un mayor aporte ofensivo.
Con Gutiérrez, Verón no tiene un socio natural ni descarga por el lateral derecho, esto sin mencionar a los marcadores de punta no dispuestos a cruzar el mediocampo. Por izquierda en cambio, Verón cuenta con Di María, un jugador propenso al juego elaborado y que aporta gambeta, diagonal, remate y gol. Es sin duda el hombre del Benfica la bocanada de aire fresco, desparpajo y potrero de esta selección. Bien ganado tiene el puesto y como me dijo un amigo y gran seguidor del fútbol vernáculo e internacional: "Siempre hace falta un morfón en el equipo, uno que apriete el acelerador cuando las papas queman".
La defensa presenció el regreso de un histórico: Walter Samuel. Su inclusión no es ningún hallazgo pero sorprende la actitud muchas veces contradictorias del entrenador. La última fue haberle asegurado la titularidad en el mundial a un jugador nunca antes citado por mas cartas credenciales que el ex Newell’s tenga. ¿Qué pasará por la cabeza de Martín Demichelis que nunca recibió tamaña confirmación pública del DT; o por la de Mascherano cuando, supuestamente, el equipo era él y 10 más? Si buscamos en el cajón de los recuerdos encontraremos frases poco alegre como “Carrizo es mi arquero” y si bien es notable el momento de Sergio Romero, el cuerpo técnico no tuvo una actitud franca con al ex arquero de River Plate.
A tres meses de la Copa del Mundo, todavía hay jugadores que no tienen del todo claro su situación: Maximiliano Rodríguez, Ever Banegas, Fernando Gago, Jesús Dátolo, Fabricio Coloccini, y más rezagados aparecen Gabriel Milito, Fabián Monzón y Marcos Angeleri. En cuanto al tercer arquero, Mancuso reveló que Diego Pozo de Colón de Santa Fe sería el afortunado.
También se ha confirmado quienes no irán a Sudáfrica. Uno de ellos es Lisandro López (Olympique Lyonnais) que semana tras semana demuestra lo bien que le asienta el viejo continente e infla redes ya sea en Le Championnat francés o en el mejor torneo de clubes del mundo: La Liga de Campeones. No cabe dudas que su lugar ha sido tomado por Martín Palermo, al cual Diego le debe la clasificación y como tributo lo llevará a conocer el continente negro.
Otros como Javier Saviola y Mauro Zarate nunca fueron tenidos en cuenta cuando por condiciones debieron haber merecido una chance, sobretodo si se tiene en cuenta que Maradona probó más de cien jugadores.
En la ciudad de Milano conviven tres casos. Primero el de Javier Zanetti que canta definitivo adiós a la selección. Por otro lado está Diego Milito, un verdadero laburante del fútbol que si bien se ha ganado el respeto de todo un continente, primero poniéndose las ropas de Pichichi en España, y ahora erigiéndose como goleador del torneo más difícil del mundo para cualquier delantero (Il Calcio) algo que Maradona ha vivido en carne propia, sabe que es poco probable que vea algo de acción en el mundial. Esta decisión del entrenador poco tiene que ver con el arribo de Higuaín al equipo (Maradona no convocó al jugador merengue hasta los últimos partidos de eliminatorias) sino más bien a una falta de conexión que Diego pareciera necesitar con sus dirigidos. Cuando la tríada Messi-Tévez-Aguero hacía agua por doquier, Milito tan sólo ingresaba en los minutos finales. A pesar de esta falta de oportunidades con la camiseta nacional, nadie puede cuestionar a Higuaín que bien habido tiene su lugar. Maradona ha debido optar entre un extraordinario goleador, repito, extraordinario, y un crack. Ustedes sabrán poner los nombres en donde correspondan.
El tercer caso es el de Esteban Cambiasso, acaso el gran ausente de este equipo. Su presente lo encuentra como patrón del mediocampo del Inter y anotando tantos con gran frecuencia. El mediocampista no ha tenido la consideración de Maradona que se inclina por Mario Bolatti de quien dijo "Tiene altura, buen pase, recuperación y llegada". Queda claro que es su opción para reemplazar a Mascherano.
Una última inquietud: Mucho se elogió la actuación de la defensa Argentina ante Alemania, pero sabe o supo defenderse este equipo. Es que el rival no lo atacó. El primer remate de Alemania fue a los ¡31 minutos del segundo tiempo! ¿Fue acaso merito del equipo de Maradona la sequía ofensiva alemana?
Pero si hay algo que asusta es el hecho de que en 16 meses de gestión, Maradona haya dado con una sola idea y que para colmó llegó a tres meses de la competencia máxima del fútbol mundial. Visto así, y respaldado por los resultados, no es ninguna locura tildar de paupérrima su actuación como entrenador. Muchos dicen que todo se corrige con los 25 días de entrenamiento previos al mundial. Pero por más tiempo que tenga a sus dirigidos juntos, si las ideas no aparecen, pocas son las posibilidades de hacer un papel decoroso. Ya ni siquiera a la buena de Dios está este equipo, sino a la de sus jugadores, que ante una idea (la esbozada ante Alemania) dieron indicios positivos. De ellos, y solamente de ellos, depende el éxito o fracaso de este equipo, ¿podrán lograrlo?
Lo sabremos el 12 de junio cuando frente a "Las Águilas" de Nigeria la pelota empiece a rodar y, una vez más, todo un país se paralizará durante 90 minutos.
16/3/2010
Foto: AFA
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