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Audioslave
Por
Mariano García
Sello:
Epic / Interscope. Género: Rock. Duración:
65’17’’. Cantidad de temas: 14. Músicos:
Chris Cornell (voz), Tom Morello (guitarra), Tim Commeford (bajo) y Brad Wilk
(batería).
En
momentos en que el rock parece perdido en un camino confuso, en el que no
puede encontrar renovación más allá de clichés
provenientes del pop o el hip-hop, o en las reiteraciones del pretendido “new
metal”, una banda como Audioslave baraja y da de nuevo, devolviéndole
al rock el impulso y vigencia de principios de los ’90.
Precisamente,
el grupo se formó el año pasado con músicos provenientes
de dos de las bandas de rock más importantes de los ’90: Chris
Cornell, cantante de Soundgarden; y la base rítmica de Rage Against
The Machine, Tom Morello en guitarra, Tim Commeford en bajo y Brad Wilk en
batería. Una sorprendente unión que retoma el espíritu
de los super grupos de los años ’70 (no es casual la influencia
de Led Zeppelin en el disco, o que la tapa haya sido diseñada por Storm
Thorgerson, uno de los artistas que definió la estética de Pink
Floyd por aquellos años).
En un principio, es muy difícil no escuchar los temas de Audioslave
por “mitades”. La primera impresión, inevitable, proviene
de hacer la cuenta “Rage+Soundgarden” y ver qué da como
resultado. Entonces, hay temas que parecen de Rage Against The Machine cantados
por Cornell; o en cambio, temas de Cornell con la fuerza de Rage. Esta inclinación
a ver primero las partes que el todo puede que sea causada por la relevancia
que ambas “mitades” tienen en la historia reciente del rock. Sus
personalidades e identidad musical son tan marcadas que no se borran fácilmente.
¿Qué
agrega cada parte a la otra? (y qué le quita...) La base instrumental
de Rage tiene en Chris Cornell al reemplazante más idóneo que
pudieran haber conseguido tras la ida de Zack de la Rocha. Cornell es por
lejos el mejor cantante de rock de la actualidad, y la combinación
de expresividad y fuerza de su voz es ideal para el grupo. Casi nadie sería
capaz de cantar –no gritar, como hacía De la Rocha– sobre
esa aplastante ola sonora que componen Morello/Commeford/Wilk. Cornell lo
hace con prestancia, impone su voz allí donde la mayoría apenas
podría asomar. Y eso no es poco. Además, el virtuosismo compositivo
de Cornell agrega dimensiones hasta ahora poco exploradas por los Rage, sobre
todo en cuanto a estructuras melódicas y armónicas. No todo
tiene que ser ahora velocidad y estruendo para Morello y compañía.
Hay lugar para baladas, cambios de texturas, donde demuestran que también
pueden tocar más suave, con igual contundencia.
Así
y todo, es raro no escuchar encendidas denuncias político-sociales
detrás de la música de los ex Rage. Morello declaró alguna
vez que todos sus videos tenían un contenido político explícito.
En cambio, las letras de Cornell son más introspectivas, que bucean
más en sentimientos internos y metáforas que en prosaicas descripciones
de la realidad. Quizás para balancear un poco este “desajuste”
es que hayan cambiado el nombre de su primer corte, titulado en los demos
de la grabación como “Save Yourself”, pero aparecido en
el disco como “Cochise” (nombre del último cacique que
resistió la limpieza étnica norteamericana, tópico reiterado
en Rage, aunque en el tema no se menciona directamente nada relacionado a
la problemática indígena).
Por su
parte, Cornell obtiene de su nuevo grupo la regularidad que no había
podido lograr en Soundgarden (cuyos discos eran tan excelentes como irregulares),
y la potencia que le faltó a su trabajo solista Euphoria Morning.
Luego
de toda esta compleja alquimia, lo que queda es nada menos que el mejor disco
de rock del nuevo siglo. Tom Morello demuestra con su guitarra que la influencia
del hip-hop es mucho más que contratar a un DJ para que haga scratches
de fondo, como pretenden muchos nuevos grupos. Sus solos, en numerosas ocasiones,
parecen salidos de una consola de DJ, pero no hay que confundirse: están
hechos tan solo con pedales y talento humano (en ese sentido, es ilustrativo
el solo de “Hypnotize”). A Morello le corresponde un lugar junto
a Joe Satriani y Vernon Reid en el podio de los guitarristas de rock más
innovadores de la actualidad.
Cornell
se acerca mucho a Robert Plant, y por momentos parece que si Led Zeppelin
tendría que volver a nacer en estos tiempos, temas como “Bring
‘em back alive” o “Show me how to live” serían
perfectos para ellos.
En el
ya mencionado “Cochise”, al igual que en otros temas como “Shom
me how to live”, “Gasoline”, “Shadow of the sun”
o “Exploder”, la explosividad que logran hace que cada uno deba
forzar los límites sus posibilidades para no quedar detrás del
otro. Como contrapeso, la sutileza y profundidad de “Like a stone”
es de lo mejor del CD.
Cada uno
saca lo mejor del resto, y ese es un gran mérito para un primer disco.
Queda por ver si Audioslave se trata de un proyecto perdurable a futuro, o
una inusual reunión que dentro de unos años se verá como
una rareza.
1/4/2003
Notas relacionadas:
Chris Cornell: De mal en peor
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