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Daniel
Barenboim / West-Eastern Divan Orchestra
Pluralismo
de pasaportes
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar

Sello:
Warner Music. Género: Clásica. Cantidad
de obras: 3. Duración: 58:36. Año
2005.
Con el
elogiable propósito de generar un encuentro cultural entre musulmanes
e israelíes, el fallecido intelectual palestino Edward
Said y el director judeo-argentino
Daniel Barenboim reunieron en un taller a intérpretes de ambas nacionalidades/religiones,
con el objetivo de generar una experiencia cultural que sirviera a la vez
de ejemplo y medio alternativo para la paz.
El encuentro
se realizó en 1999 en la ciudad de Weimar (Alemania), en el 250 aniversario
de la muerte de Goethe (a quién se debe la metafórica expresión
“West-Eastern Divan“, en castellano “Diván de Oriente
y Occidente”, y de quién provino la inspiración de acercar
el Islam a Europa). Participaron jóvenes de entre 18 y 25 años,
oriundos de Israel, Siria, Jordania, Egipto y Líbano, entre otros países
de Medio Oriente.
Este disco
(que incluye un DVD que documenta la experiencia) es el producto de aquel
taller. Más allá de las buenas intenciones y lo políticamente
correcto, el mensaje que nos deja es que la convivencia y la paz son posibles…
siempre y cuando sea bajo los parámetros europeos. ¿Es exagerado
afirmar esto de un proyecto y un director (Baremboim) que han alcanzado un
prestigio público que se hace difícil cuestionarlos? Repasemos
en detalle la propuesta, no política, sino cultural que nos muestra
el CD y el DVD.
En primer
lugar, por si se pasó por alto, vale la pena repetir que el encuentro
surgió en Weimar, designada por ese entonces Capital Cultural de Europa,
bajo la inspiración de Goethe. Aquello podría ser anecdótico,
si la propuesta musical resultante de una contingencia geográfica hubiera
respetado la pluralidad musical de los integrantes. Pues no; las obras interpretadas
refuerzan el eurocentrismo del proyecto, con piezas de Tchaikovsky, Verdi
y Sibelius.
Se podrá
decir que si el convocante es un director de cámara, es normal que
se interprete música clásica europea. Pero, ¿es ésta
la única música válida para un encuentro multicultural?
¿O acaso se la considera la mejor, y por eso la más adecuada,
en otro gesto de etnocentrismo?
Edward
Said cuenta en la entrevista que se incluye en el DVD que uno de los primeros
incidentes entre los jóvenes, fue cuando un judío se quejó
de que sus compañeros árabes no lo dejaron participar en el
grupo de improvisación que todas las noches formaban. Cuenta Said que
con el tiempo se logró una mayor integración y comprensión
del otro, y al final todos tocaron juntos. Claro, tocaron Beethoven. Es una
pena que se haya ignorado la vasta riqueza de la música árabe,
de la música sefaradí, y de todas las manifestaciones que para
ciertas visiones elitistas de la cultura y la música no deben estar
a la altura de los clásicos, y son meramente expresiones populares
de poca importancia.
Otra anécdota,
esta vez relatada por Barenboim, cuenta que “los chicos israelíes
no podían imaginar que hubiera personas en Damasco, Amán y El
Cairo que fueran capaces, realmente, de tocar el violín y la viola.
Creo que los músicos árabes sabían que había vida
musical en Israel, pero no conocían mucho de ella.” Queda claro
que la desventaja cultural recae en las espaldas de los árabes, mientras
que para los israelíes la música clásica se presenta
como más adecuada a su idiosincrasia.
Por todo
esto, de buenas intenciones se llega a una pluralismo de pasaportes, un mosaico
de nacionalidades que armonizan en tanto y en cuanto acepten dejar de lado
su cultura para aceptar mecánicamente lo que Europa impone como válido.
8/9/2005
Notas
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