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Fito Paez – Rock and Roll revolution

La insoportable levedad del despecho

Fito Paez – Rock and Roll revolution
 

 

Por Julián Melone
julianyelotro@gmail.com

Sello: Sony Music . Género: Rock, Pop. Temas: 11. Año: 2014. Integrantes: Fito Páez (voz, piano acústico, Wurlitzer, Mini Moog, Hammond), Diego Olivero (guitarra acústica y eléctrica, bajo, drum machine), Gabriel Carámbula (guitarra eléctrica), Gastón Baremberg (batería), Mariano Otero (bajo), Juan Absatz y Deborah Dixon (coros).

Un disco marcado por la ignominia del despecho, ya que se compone, produce y lanza poco tiempo después de la pública y mediática ruptura de Fito Páez con Julia Mengolini. Esto no plantearía en sí un problema ya que Fito ha editado grandes discos después de rupturas amorosas (“Tercer Mundo” en 1990, “El Amor despues del amor” en 1992, “Naturaleza Sangre” en 2003, por ejemplo), pero este no es el caso. Es claro que el álbum es producto del dolor, el despecho y la sed de venganza sobre alguien, en una placa francamente descartable. Y tal catástrofe se debe, entre otras cosas, a la repetición de una imagen poética estática y bidimensional, ya que todas las canciones están cantadas en primera y segunda persona, repitiendo continuamente la misma escena de ruptura una y otra vez.


El mejor ejemplo es la infame Rock and Roll Revolución, habitada por rimas obvias y frases desafortunadas. Intenta bajar línea con poco contenido y humillación. Todo empieza con “A vos te gusta...” para responder que él es mejor (Él es mejor en todo el disco: incluso cuando admite que no es mejor que ella, deja claro que es mejor gracias a poder admitir que no lo es), y se completa con desaciertos como “Y si te dejo en una habitación / Frente a frente con Charly García / Te orinarías y saldrías corriendo / Te daría miedo, no lo bancarías”. Además, está vocalmente interpretada con una monotonía melódica insólita para lo que Fito nos tiene (¿tenía?) gratamente acostumbrados.

 

Pero no termina ahí. En La canción de Sibyl Vane comete más desaciertos cuando comienza con “No quiero nada con vos, histérica / No sabes que es el amor, heliogábala / No quiero que me toques, no quiero que me mires / No quiero verte nunca más: Hija de puta”, que independientemente de lo rústico de la frase es algo que ya venía diciendo incansablemente hace cuatro canciones. Y en este plan de “quien tuvo la culpa de los dos”, en La mejor solución (donde la interpretación “blusera” de Fito parece casi una parodia de sí mismo) le avisa que “Sobre lo que no entendiste, sobre como te perdí / Voz me pedías que fuera un hombre normal / Pero voz también sabias, que hace años yo busco / A Moby Dick en el medio del mar”. Y si por casualidad ella todavía no entendió que salió mal, en Muchacha (donde la narrativa en segunda persona sigue siendo la protagonista) le dice que “Yo te ame / No jugué con vos / Me ahogue en el mar de tu corazón / Fue vivir fue perderme ahí / donde no quisiste meterte al fin”. Al menos en Los dias de sonrisas, vinos y flores (el intento mas Queen del disco) la culpa parece estar repartida, ya que después de atacarla con “Me cansé de hablarle a una pared / Era solo esperar y una cuestión de fe / Yo solo quería que te sintieras bien / Vibrando a mi lado” hace un ambiguo mea culpa con “Sé que la vida es así / A veces no hacemos más que repetir / Sin fin los mismos errores”. También intenta explotar esta faceta de la despedida en el obvio Que te vaya bien (lo más parecido musicalmente al Fito de “Tercer Mundo”) cuando canta “Orgullo contra orgullo nena no se puede vivir así peleando / Nos faltó paciencia, comprensión, amor, rock and roll / Las cosas tan en serio están predestinadas a darse en un pantano”.

Y así continúa el resto del disco. La única canción que escapa a esta temática es la escrita por Charly: Loco. La letra está poblada de referencias rockeras con momentos de fusión entre rocanrol “rolinga” y tango en el track mas interesante del disco.

Parecerá una obsesión hacer tanto hincapié sobre la letra, pero el concepto del disco está realmente supeditado a ella porque así fue concebido desde un principio. Y esto se sostiene en la manera que fue compuesto, arreglado y mezclado. Está hecho para que escuchemos “eso” que se escucha, y “eso” lo vuelve un disco realmente insoportable. La poesía es repetitiva y remite continuamente al mismo cuadro inmutable (tanto Sonrisas... como Hombre Lobo (yo) transcurren en un hotel, por ejemplo); y cada vez que pareciera comenzar a darle profundidad y proponer un punto de vista distinto o una tridimensionalidad a la escena, cae constantemente en las garras del despecho y le vuelca la culpa a Ella nuevamente, interpretando un personaje soberbio y poco querible.

Musicalmente, suponiendo un hipotético disco karaoke, Fito está muy bien acompañado con un gran equipo de músicos. Es un disco algo más potente que sus últimos trabajos, la banda es profesional, prolija, sólida y se entienden entre ellos; de todas maneras la ida de su histórico bajista Guillermo Vadalá es una ausencia que repercute en todos los demás instrumentos y arreglos (sin desprecio por el buen trabajo que realiza Otero). Pero aunque así tuviera la mejor banda del mundo, hay muchas piezas que compositivamente no escapan a los eternos clichés propios y ajenos (Tendré que volver a amar es casi un clon de Abre de 1999), que se repiten entre sí y no aportan nada digno de mencionar. En un 2014 abúlico en lo que a lanzamientos de discos del rock mainstream de la industria nacional se refiere, no parece haber revolución en el Rock & Roll. Menos mal que, en palabras de Fito, “El rock and roll tiene la sagacidad / y la energía de sobrevivir”. ¿Sabían que Fito se separó?

 

18/12/2014

www.solesdigital.com.ar

 

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