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Living Colour – Collideoscope

Una ventana al futuro del rock

Living Colour – Collideoscope
 

 

Por Mariano García
@solesdigital

Sello: Sanctuary Records. Género: Rock. Duración: 60:36’. Cantidad de temas: 15. Músicos: Corey Glover (voz), Vernon Reid (guitarra), Will Calhoun (batería) y Doug Wimbish (bajo).

Diez años pasaron para que los cuatro genios que forman Living Colour se reunieran para un nuevo disco de estudio. Mucho ha cambiado desde entonces, las carreras solistas de todos ellos han madurado y evolucionado, y “Collideoscope” es una ajustada síntesis de ello.

El paso de Living Colour por el mundo de la música fue breve y revolucionario, entre el final de los ’80 y principios de los ’90. Apenas tres discos en estudio, Vivid (1989), Time’s up (1991) y Stain (1993) fueron suficientes para remover la artificialidad del rock de los ’80, para recuperar el rock en la cultura afronorteamericana (perdido desde la muerte de Jimi Hendrix) y para situarse en la vanguardia de la música popular contemporánea. Sus fusiones de estilo (rock, funk, jazz, hip-hop, soul) han sido desde entonces demasiado adelantadas para lo que indicaron las modas, y el rédito siempre ha quedado en manos de quienes supieron aprovecharse de eso en el momento indicado. Lo que hoy es común para el mundo del rock, Living Colour lo hizo ya hace diez años. Entonces, consideremos “Collideoscope” como una ventana al futuro, un adelanto que estos excelentes músicos nos dan sobre lo que mañana será aceptado por todos.

Quien solo haya seguido la carrera de Living Colour como banda, y no haya prestado atención a las trayectorias solistas de sus integrantes en estos años, seguro se sentirá algo desorientado. Vale la pena repasar, entonces, en que anduvieron sus integrantes desde mediados de los ’90 hasta la actualidad.

Vernon Reid fue el primero de ellos en sumergirse en el mundo de la vanguardia electrónica y el jazz moderno, el hip hop y la tecnología, con su impresionante disco “Mistaken identity” (1996), donde se ligó a DJ Logic (Jason Kibler) para llevar la fusión rock/jazz/rap hasta niveles que aún no han sido igualados. Reid se ha puesto en contacto con sus raíces jazzeras, siempre mirando hacia el futuro, para convertirse en el guitarrista más talentoso y original de estos tiempos.

Los caminos del baterista Will Calhoun y el bajista Doug Wimbish han ido en paralelo, con cruces que dejaron como legado piezas de colección. De la unión de ambos surgió “Jungle Funk” (1999), donde llevan al límite sus habilidades para hacer que el drum’n bass suene a cualquier cosa, menos a bajo y batería tradicionales. Una cautivante propuesta de funk y soul, donde las baterías electrónicas y el bajo con wah-wahs y pedales de efectos los ubica a la cabeza de las innovaciones sonoras. Individualmente, Calhoun se dio el gusto de reunir un quinteto de jazz standard para grabar nada menos que en el Blue Note (“Live at the Blue Note" – 2000), como si se tratara de un líder de jazz de toda la vida. En este disco, saca a relucir toda su formación y talento, para colocarse a la par de los grandes bateristas de jazz de estos tiempos (con apenas un solo álbum dedicado a ello...) Wimbish se dio el gusto también de editar su propio disco solista, “Trippy notes for bass” (1999), en el cual desestructura por completo el sonido y el rol del bajo eléctrico, logrando un lenguaje único y particular con el cual perfecciona su capacidad para generar ambientes y melodías.

Por último, Corey Glover explotó al máximo sus habilidades vocales en “Hymns” (1998), en el cual ofrece una notable variedad interpretativa, incursiona en baladas soul, en funks calientes y rocks violentos; haciendo que los demás cantantes de rock parezcan aprendices.

Es así como llegamos a “Collideoscope”, donde todo este flujo de habilidades, capacidades, ideas y sonidos encuentra el cause adecuado que los unifique. Ya no hay lucimientos individuales, es tiempo de trabajo en equipo, y qué bien ha salido. Sobre todo gracias al creciente protagonismo de Wimbish dentro de la banda. De ser “el nuevo” en Stain, ha saltado a ser productor ejecutivo y coordinador de este nuevo proyecto; su trabajo le da libertad a sus compañeros, que ahora tienen la seguridad de apoyarse en el bajista que merecieron durante todos estos años de carrera. Living Colour es una banda única; Reid, Calhoun y Glover son inimitables en lo suyo; ahora tienen en Wimbish a la cuarta pata que siempre han buscado.

El disco, los temas, las novedades

“Collideoscope” arranca con “Song without sin”, un tema como para ir sacándose las telarañas después de tanto tiempo, acomodarse al nuevo sonido y recordar lo bien que suenan las variaciones en la voz de Glover detrás de los riffs de Reid. Calhoun sorprende con un corte de tabla india, y ya sabemos que estamos frente a un nuevo disco de Living Colour.

Luego, cuatro temas que golpean por la lucidez política de las letras. Además de geniales músicos, los Living Colour siempre han lanzado en sus letras agudas críticas al establishment estadonunidense. Esta vez, como neoyorquinos responden al ambiente de paranoia y manipulación al que el gobierno los ha sometido luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. En este breve segmento político que desarrollan, “A question of when” y “Operation mind control” cargan las tintas sobre cómo los ciudadanos están siendo manejados por las autoridades, a través del miedo a nuevos atentados. La música que soporta letras tan comprometidas es densa, de ambiente post-industrial, llena de distorsión en voces y guitarras, con baterías asfixiante y bajos tensos. El contraste llega con “Flying”, una balada triste que relata un día cualquiera en la vida de una pareja neoyorquina, que terminan atrapados en las Torres Gemelas el día de los atentados y se lanzan al vacío. Aquí no hay planteos socio-políticos, solo una tragedia cotidiana, y el sonido se hace mucho más limpio. La batería marca el ritmo con la precisión de algo inevitable, la guitarra llora por algo que sabe va a suceder, con un solo breve e inquietante, el bajo marca los estados de humor (gracias a la impresionante capacidad de Wimbish para establecer ánimos con su instrumento) y la voz de Glover es más expresiva que nunca. La emotividad que logran hace que éste sea uno de los mejores temas del disco.

El arsenal electrónico llega con “In your name”, que cierra el pack de canciones políticas. Esta vez se refieren a la política internacional norteamericana, y nos cuentan a nosotros, los habitantes del tercer mundo, como ellos en Estados Unidos nos matan, nos invaden, nos controlan, cómo nos lastiman para después curarnos. Todo “por nuestro bien”. Una lúcida crítica al concepto de “guerra preventiva” que rige al Pentágono, sonorizada por una avasallante batería de artilugios electrónicos en percusión y bajo y guitarra doblemente agresiva. La aceitada dupla Calhoun-Wimbish se lleva los aplausos en esta excelente banda de sonido para el nuevo concepto de guerra moderna, condimentado con un agrio sarcasmo.

Para descomprimir tanta angustia creada por este set de temas corrosivos, llega el primer cover del disco, “Back in black” de AC/DC. A decir verdad, no está a la altura de otros covers que ha hecho la banda, pero la letra ilustra literalmente el regreso del grupo. Glover juega con los falsetes, va y viene por los agudos, mientras los demás se distienden y aflojan tensiones. Quizás quede pendiente la tarea de algún cover que supere al original, como han sabido hacer en discos anteriores. Pero ahora es tiempo de seguir con la segunda parte del disco.

“Nightmare City”, arranca con un estribillo reggae que da pie a un riff rockero, con ambiente depresivo producto de los contrastes, que le da variedad al CD. “Lost Halo” es un típico tema de Vernon Reid, en el cual la melancólica melodía da pie a un solo de esos que arremolinan notas en racimos, una especialidad del guitarrista. El tono dramático y melancólico de la canción permite a Glover volver a lucirse con el “soul” de su voz, y poner los pelos de punta con sus agudos. En “Holy Roller” Wimbish demuestra que a pesar que su marca registrada son las sutilezas, si quiere puede ser un bajista poderoso. Se repiten las presencias de los solos de Reid y las proezas vocales de Glover, para crear continuidad con el tema precedente.

El malhumor y la decepción que prevalecen en el disco, se reafirma con “Great Expetations” y “Choices mash up”, una crítica a la sociedad de consumo mucho más agria que la paródica Glamour Boys de 1989. Los tiempos han cambiado, y el ánimo decae aún más con “Pocket of tears”. Este set de temas lleva al disco a un estado pesimista, que con la belleza musical de este último tema general emociones encontradas.

“Sacred Ground” es una versión actualizada de un tema que no se incluyó en las grabaciones de Stain. Lo que ayer era un hard core duro hoy se rehace con baterías electrónicas y menos distorsión. La crítica ahora apunta a los desastres ecológicos que suceden en el planeta, que da pie a un solo de batería y percusión electrónica de los que Calhoun suele hacer en vivo, pero que nunca antes había registrado en un disco de estudio.

El último tema es otro cover, esta vez “Tomorrow never knows” de los Beatles. El tono de la versión cierra el ciclo iniciado con los primeros temas, pero decayendo en una atmósfera de desconcierto, que se fusiona con el etéreo ambient de “Nova”, una perlita que Wimbish se guardó como epílogo. Después, solo queda el silencio, y la sensación de estar nuevamente ante una obra irrepetible.

16/4/2004

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Informe especial: Living Colour

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