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No
Te Va Gustar, “Todo es tan inflamable”
Vientos
de cambio
Por
Sergio Visciglia
svisciglia@hotmail.com

El
cuarto álbum de los uruguayos se presenta mucho más compacto
y potente que sus antecesores, y a la vez menos multifacético, una
grata y principal característica de la banda hasta entonces. Grandes
canciones envuelven un disco que al parecer marcará un cambio en la
banda, no sólo en lo musical sino también en sus integrantes.
Sello:
Barca Discos. Género: Rock. Duración:
52:08. Cantidad de temas: 14. Integrantes:
Emiliano Brancciari (voz, guitarra), Mateo Moreno (bajo y coros), Pablo Abdala
(batería), Gonzalo Castex (percusión), Martín Gil (trompeta),
Denis Ramos (trombón), Mauricio Ortiz (saxo), Marcel Curuchet (teclados). Invitados: Rubén
Rada, Mario Benedetti y Fernando Santullo.
Sin dudas
“Todo es tan inflamable”, cuarta placa de No Te Va Gustar, marcará
una nueva etapa en la banda, no sólo por cuestiones musicales, sino
también por el ya conocido alejamiento post grabación de dos
piezas importantes como el baterista Pablo Abdala, y el bajista, compositor
y fundador Mateo
Moreno.
De movida
el disco se presenta mucho más potente y menos multifacético
que los anteriores. Sale a romper cabezas y a demostrar su potencia con “En
la cara”, e incita al saltito con el ska “Fuera de control”.
La ruptura
más clara con sus antecesores se vislumbra en la ausencia de temas
con estilos variados en estado casi puro, característica principal
de la banda hasta ahora, la cual pasaba de un reggae a una zamba, luego a
un punk, se iba al ska y terminaba en una balada.
Ahora
la base en el rock parece haber tomado protagonismo y consolidado la propuesta
musical, sin dejar de lado otros estilos, pero sí dejándolos
supeditados al rock como base principal. Emiliano Brancciari, cantante, guitarrista
y compositor, lo califica a su modo: “Es un disco que no tiene mucho
que ver con los anteriores, tiene que ver con nosotros, con lo que somos ahora,
es el que más nos representa y para mi es conceptualmente el mejor”.
En el
caso de la lírica, tal vez se aproxime un poco a lo que venía
asomando en “Aunque cueste ver el sol”, con una oscuridad predominante
que se destaca en la gran canción que surge de “Una triste melodía”,
se hace también presente en “Ilegal” o en “Vivir
muriendo”, y llega a un punto de calidad muy alto en “Simplemente
yo”, uno de los mejores temas del disco. Esta canción es una
de las tres que fueron compuestas por Mateo Moreno (las restantes son de Brancciari)
junto a “Esquimal” (cantada por el propio Mateo, y la cual lleva
la frase que da nombre al disco) y a “El oficial”, inspirada en
la masacre de Floresta en el año 2001, cuando un ex oficial de policía
asesinó a balazos a tres jóvenes que miraban la televisión
en un maxikiosco.
El corte
de difusión “Pensar”, una especie de raggapunchi (perdón por intentar agregar una palabra al diccionario), esconde una
buena letra detrás de una efectiva y pegadiza melodía. También
pega “Todo el día”, decorada con arreglos de trompeta muy
al estilo mariachi. Esta canción sin embargo resalta más que
nada por la forma en que fue mezclada, dejando por un canal la guitarra, el
bajo y la batería; y por el otro el resto de los instrumentos que ofrecen
una especie de show circense. Dicha forma de mezclar se utilizaba mucho en
los años ´60 y ´70, especialmente por los Beatles.
Dos invitados
de lujo terminan de coronar un gran álbum: Rubén
Rada y su voz en “Tirano” (con clarísimo mensaje
al presidente norteamericano de turno: “...qué se siente al no
sentir dolor/ y pensar que sos mi salvador? (…) qué simple es
disparar desde tu casa…”), y Mario Benedetti cerrando el disco
con cuatro versos de su poema “Triste o buena” en la desconsolada
“De nada sirve”, que hace seguir la saga de discos anteriores,
donde una canción romántica es la que marca el final.
El reggae
se hace presente en “No lo ves”, pero en su faceta más
oscura. Líricamente depresivo, “Poco” es a su vez otro
de los mejores temas, donde más cómoda se aprecia la voz de
Brancciari, con un estilo de canción muy bello y efectivo.
Los vientos
siguen siendo un fuerte en la banda, pero en este caso han cedido un poco
de protagonismo, que parece haberlo tomado la guitarra de Brancciari. Su voz
también se muestra más segura y firme, y el bajo marca una efectividad
en todos los momentos del disco. Con un arte de tapa verdaderamente inflamable,
la banda uruguaya redondea un gran álbum, mostrándose cada vez
más asentada. Veremos que sucede con el cambio de formación,
y como repercute éste en el sonido que ya a esta altura estaba muy
bien aceitado.
22/12/2006
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