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Ry Cooder
– Chávez Ravine
La
otra cara del progreso
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

Sello:
Warner Music. Género: Blues / fusión. Duración:
70:06’. Cantidad de temas: 15.
Con este
curioso trabajo, el mítico guitarrista Ry Cooder da continuidad a su
pasión por la música latinoamericana. Años atrás,
fue el cerebro productor detrás del éxito del Buena Vista Social
Club, que desempolvó del arcón de los recuerdos a la vieja guardia
del son cubano, como Ibrahim Ferrer y Compay Segundo. Ahora, se mueve hasta
la frontera para transitar ese sinuoso de la cultura mexicana residente en
Estados Unidos, y de nuevo lo hace recurriendo al pasado. En este caso, para
relatar en un disco conceptual la historia del olvidado barrio chicano Chávez
Ravine, de la ciudad de Los Angeles.
Una elección
sobrecargada de sentido, donde se cruza la historia política con la
cultura marginal, y se muestra contracara de la triunfante sociedad norteamericana
de la segunda posguerra mundial. Cooder recupera la historia de un bucólico
barrio de clases bajas inmigrantes, que fue erradicado para construir el estadio
del equipo de béisbol Los Angeles Dodgers. Toda una bisagra donde se
enfrentan la cultura alternativa versus el empuje de la creciente y moderna
industria del entretenimiento y el profesionalismo deportivo.
En el
medio, queda la pasión popular por los ovnis, la paranoia macarthysta,
y un colorido crisol de personajes mestizos y un eclecticismo musical igualmente
mestizado.
“Poor
Man's Shangri-La” abre el disco con aire casi naif, con una inocencia
de aquel barrio que luego se convertirá en amargura ante el desalojo.
Así, se comienza desde aquel pasado ya perdido, pero reinventado, y
de a poco el disco va perdiendo el optimismo y se hace cada vez más
oscuro y denso, como la propia historia del Chávez Ravine.
“Onda
Callejera” relata en español y con ritmo ranchero la erradicación.
Y si de buscar una excusa para echar a aquellos pobres mexicanos se trata,
nada mejor que acusarlos de comunistas (hoy les dirían terroristas),
y para eso llega la paranoide “Don't Call Me Red”.
El punto
más alto del disco llega con el impecable “Corrido de Boxeo”,
un relato claro y nostálgico de honrados boxeadores amateurs que ganan
peleas pero no pueden vencer al avance de las topadoras, contado con toda
la calidez de la tradicional música mexicana. El swing de la guitarra
de Cooder se incrementa con la entretenida “Muy fifí”,
y llega a su punto máximo con “Los Chucos Suaves”, ambas
cantadas también en castellano. Se cierra el bloque de canciones en
español con la paródica “Chinito Chinito”, que con
acento oriental forzado coquetea con los estereotipos de los asiáticos
tintoreros.
Termina
el bloque hispano, y a medida que la lengua de Cervantes va desapareciendo
en las letras se apagan lentamente las luces de alegría que iluminan
la vida cotidiana del Chávez Ravine. La seguidilla “3 Cool Cats”,
“El U.F.O. Cayó”, “It's Just Work For Me” y
“In My Town” van oscureciendo el ambiente hasta que solo quedan
escombros. Con ellos, el disco se vuelca definitivamente hacia un blues intencionalmente
enfermizo, que busca recrear la tristeza del barrio y el escozor de sus habitantes.
La ranchera
mexicana le devuelve el acento español al disco, pero ya con aires
de derrota, en “Ejercito Militar” y el anímicamente tanguero
y melancólico “Barrio Viejo”. El inglés se impone
de nuevo con “3rd Base, Doger Stadium”, la aceptación trágica
de que el estadio ha pasado por arriba al barrio.
Cierra
la historia, cierra el concepto. Cooder ha manejado en forma impecable los
desequilibrios que surgen entre pasado y presente, tradición y progreso.
La lengua como indicador de clase y posición social, como demarcación
entre oprimidos y opresores. Contradicciones, luces y sombras, con un disco
que deja mucho para pensar y una excelente música para oir.
19/12/2005
www.solesdigital.com.ar
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