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Villoro
– Caparrós
Pensar
el fútbol
Por
Javier Cardenal Taján
xabi10xabi@gmail.com

“Literatura
y fútbol” fue la consigna convocante para que los escritores
Juan Villoro, mexicano, y el local Martín Caparrós se reunieran
a charlar del deporte que es pasión y comunión de miles, y que
también une a estos dos intelectuales más allá de los
libros.
Se sabe
que el deporte rey es materia común para todos los argentinos, y la
pericia que estos ostentan es envidiable. Los intercambios de opiniones futboleras
muchas veces derivan en discusiones tórridas que sacan lo peor de cada
uno. Usualmente estas trifulcas se llevan a cabo en bares, los mismos estadios,
espacios públicos de toda índole, fiestas, ámbitos laborales
o cualquier hogar de esta patria. Y Villoro no está exento de esta
creencia: “Este deporte existe para poder hablar de un gol que duró
un segundo todas nuestras vidas, o toda una tertulia con amigos”.
Es difícil
comprender qué hace con el espacio que queda en sus cabezas la gente
en cuyas vidas el fútbol no ocupa ningún lugar. Será
por eso que los dos invitados han escrito libros que tienen al fútbol
por tema principal. Caparrós con su título Boquita
en el cual relata la historia del club de sus amores, Boca Juniors; y Villoro
con Dios es redondo con el cual profundiza en los ritos y mitos del
fútbol y expone entrevistas a grandes figuras del balompié.
Sin embargo,
el cuentista y novelista azteca reconoce: “Es dificil el acceso
de la literatura al mundo del fútbol, un mundo que sigue siendo muy
del instinto, de pasiones comunitarias gregarias pero bastante primitivas,
y que para bien o para mal tiene anticuerpos contra la sofisticación.
Entonces el fútbol se mantiene asimismo, permite ese contacto venturoso
con la infancia, pero al mismo tiempo impide ser discutido de otra manera
y que los usuarios de los estadios se acerquen a los libros. Además
veo que hay un relativo fracaso de los libros de fútbol. La primera
causa es que los editores hacen cuentas alegres y creen que si en un estadio
hay 100 mil personas, con que el uno, cinco o diez por ciento compre libros
ya hay allí un gran mercado potencial. También creen que el
planeta fútbol tiene más agregados que la ONU porque la FIFA
tiene más miembros. Y la segunda es que la gente está en tal
estado de futbolitis aguda por haber visto tanto
fútbol que ya no quieren además leer sobre el tema”.
Con respecto al diagnóstico del mexicano, Caparrós agrega: “Es
que además eso ha llevado a que se haya perdido el heroísmo
y la poesía en el fútbol. Hace 30 años el fútbol
era para sus seguidores un relato oral, ya que a un estadio iban solamente
50 mil personas mientras que otros 3 o 4 millones lo seguían por radio
figurándose proezas a manos de hombres titánicos. En cambio
desde hace unas décadas, la televisión rompe esa imagen porque
uno cree que lo que está viendo es en mayor o menor medida lo que está
pasando: personas normales haciendo cosas que en verdad no están fuera
del alcance humano, y no esos gigantes titánicos que nos transmitían
los relatos”.
Villoro
acompaña la idea del escritor argentino y arremete contra las transmisiones
radiales de fútbol actuales: “Antes en la radio toda invención
era posible. Hay un relato de un cronista peruano que ha quedado en el anecdotario.
Jugaban Perú contra Brasil y se escuchaba por la radio: «Perú
acorrala al rival, Perú arriba del rival, Perú amenazante, Perú
campeón, Perú desafiante, filtra el balón en profundidad,
Perú sigue avanzando, gol de Brasil». Entonces creo que los últimos
grandes locutores fueron los de la radio a través de la cual inventaron
una realidad alterna que luego se reproducía en los estadios y en la
tertulias. Luego muchos de estos relatores pasaron a la televisión,
pero era extraño porque no relataban lo que veían. El ídolo
de mi infancia era Ángel Fernández que veía a un fornido
lateral derecho alemán correr por toda la banda y no iba a decir que
iba corriendo, sino que hacía narraciones metafóricas y decía:
«Aquí viene Hans Peter Briegel que en alemán quiere decir
Ferrocarriles Nacionales de Alemania». En cambio en la actualidad hay
un crepúsculo del habla futbolística en la radio que se ha perdido
en favor de una tecnificación. Por ejemplo, para qué inundarme
de estadísticas todo el tiempo y decirme que se ha jugado 78 por ciento
por la banda derecha cuando se marcaron tres goles por la banda izquierda.
Creo que los medios deben buscarle otras formas de circulación al discurso
futbolístico".
Retomando
la senda de los libros y la literatura, un momento cúlmime de la charla
fue cuando Villoro proclamó una creencia íntima: “Creo
que los jugadores podrían ser eruditos si aprovecharan leyendo durante
el tiempo libre que tienen en las concentraciones que son como ciudadelas
del tedio. Durante la confección de -Dios es redondo- tuve la oportunidad
de visitar la concentración del club Barcelona. Tremenda fue mi decepción
al ver de qué modo mataba el tiempo Ronaldinho. Estaba jugando a la
Play Station con el personaje de él mismo. Se produce una auto referencia
total ¡Roanldinho se distrae pensando que es Ronaldinho!"
En
cuanto a esa poca conexión aparente entre cultura y fútbol,
Caparrós desarrolla: “Yo jugué al rugby desde los
once a los treinta y pico de años, y siempre me sorprendió la
diferencia de posición social que ocupa el rugby y el fútbol.
Cuando yo jugaba, no había nada peor que ser un futbolero. Para el
ambiente del rugby ser un futbolero era un insulto, y eran mirados con desdén
porque eran socialmente inferiores ya que el rugby significaba ser de una
clase más alta que aquella. Lo curioso es que ahora no es tan así,
o no es así, pero no tiene que ver con que el rugby haya bajado sus
ínfulas, que supongo lo hizo, sino sobretodo porque dentro del marco
de la plebeyización general de la cultura argentina el fútbol
dejó de ser un sector reservado para la clases populares cuando hace
30 o 40 años el fútbol era desdeñado por las clases altas
o por los intelectuales. En cambio en los últimos 15 años hubo
una plebeyización general de la cultura que no sólo se manifiesta
en la tolerancia al fútbol, sino que se da en otro espacios. Los ricos
ya no sólo bailan música en inglés sino que también
lo hacen con la cumbia villera. Así se explica un poco la llegada de
Macri a la presidencia de Boca, el hecho que haya tratado de conformar ese
club en un espacio fashion con cierto éxito que puede ser fatal. La
plebeyización integró a las clases más ricas elementos
culturales que antes eran de las clases populares, y el fútbol se ha
beneficiado de esto por un lado y por otro ha complicado su identidad cultural".
Villoro
toma la idea de Caparrós y la analiza desde la literatura: “Creo
que más que una plebeyización es una aceptación progresivamente
natural de fenómenos de la cultura popular. En los años 50 y
60 había muchos prejuicios. Bajar a la cultura popular era un descenso
pronunciado, y ahora en cambio los análisis de los hechos sociales
muestran que lo popular puede ser tan significativo como la llamada alta cultura.
Recuerdo que en 1966, cuando fue el mundial de Inglaterra, el escritor mexicano
Ramón Carvallo publicaba un diario que se llamaba Diario Público
dentro del principal diario mexicano que era El Excelsior. Él venía
de la ciudad de Guadalajara que tiene una cultura futbolística muy
importante, y le sorprendía que en ese mundial ningún amigo,
escritor o intelectual, se atreviera a decirle que iba a ver los partidos,
ni siquiera los de México. Era realmente una pasión que se reservaba
para una zona de la vida que no se podía discutir, no era un tema discutible,
no se podía comentar. Esto ha cambiado enormemente al punto de que
aquí estamos hablando de fútbol. Creo que más que una
plebeyización ha habido una aceptación natural de hechos fundamentales
porque para conocer una época creo que es decisivo conocer en que se
aficiona la gente".
El argentino
cierra el tema y aclara: “Más que al tema de la conexión
de culturas populares e intelectuales, con plebeyización quiero decir
que me parece que este movimiento de ciertos intelectuales hacia datos de
la cultura popular es cada vez más notorio. En Argentina vemos que
los ricos que antes marcaban pautas de consumos populares muy amplios pero
que trataban de restringir ese espacio limitándolo a consumos culturales
que el resto de la sociedad no podía acceder: la música clásica,
la pintura tradicional, cierto teatro, etc. Sin embargo decidieron dejar de
lado todo eso en los últimos 15 años, tal vez porque era una
imposición que molestaba, y vieron que preferirían ir a la cancha
de fútbol, la disco, o lugares que no tenían ningún prestigio
cultural y que ellos mismos habían tildado de plebeyos. Durante los
años 50, 60 y 70 al rechazo del fútbol no solo contribuía
cierto carácter culturalmente elitista, sino la idea de que el fútbol
era el opio de los pueblos y las masas en vez de dedicarse a hacer la revolución
se dedicaran a gritar goles. Entonces creo que este encono contra el fútbol
desapareció al igual que los proyectos o relatos que daban a esas masas
futbolísticas el papel que nunca cumplían. Esa visión
de masas revolucionarias que tenían que hacer lo que la historia les
destinaba y en cambio iban a la cancha”.
31/7/2008
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Informe
especial: Fútbol y Cultura
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