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Auster: Débil fábula antibélica
Un hombre en la oscuridad. Paul Auster
 

 

Por Michel Nieva
powdered1988@hotmail.com

Libro: Un hombre en la oscuridad.   Autor: Paul Auster. Editorial Anagrama. 207 páginas. Año 2009.

En Un hombre en la oscuridad, como en sus últimos tres o cuatro libros, que ya podríamos llamar, sin crueldad, de vejez, Auster repite muchos elementos en común: narraciones cortas que no exceden las 250 páginas (con letra grande), argumentos que versan sobre la enfermedad, el dolor, la muerte, y coqueteos apenas vagos con las inquietudes metafísicas que sí relucen sus mejores producciones.

 En este caso August Brill, anciano viudo y lisiado por un accidente automovilístico, cuenta en primera persona la angustiante historia de su familia. La de su hija, abandonada hace cinco años por un hombre que todavía no logró superar, y la de su nieta, quien perdió a su novio en Irak asesinado por terroristas. Todos residen en una misma casa, y en la narración de la convivencia, donde se entrelazan peleas, confidencias, descargas emocionales, se advierte la búsqueda en la novela de una atmósfera asfixiante, al estilo de película de Bergman. Algo que definitivamente no se logra, acaso por la inverosimilitud del argumento, o por lo exageradamente trágico que es. Lo más interesante quizá consista en el retrato de la guerra de Irak y de las mercenarias empresas norteamericanas que trabajan y abusan allí, por la actualidad del tema para el lector.

Paralelamente, August Brill, el narrador, para matar las horas de insomnio inventa una historia de ciencia ficción que se cuenta en contrapunto a la suya,   y que se reduce a lo siguiente: un hombre despierta encerrado en un pozo (escena que a los lectores de Murakami evocará mucho Crónica de un pájaro que da cuerda al mundo) y al salir, para su sorpresa, descubre que se ha desatado una guerra civil en Estados Unidos, y a él, alistado en una unidad del ejército, se le ha asignado una misión muy particular: matar al hombre que ha causado la guerra. Porque en una remota casa de Vermont existe una persona que, imaginando esa guerra, la hizo realidad, y sólo aniquilándolo es posible terminarla. Esa persona, paradójicamente, es August Brill, el mismo que imagina y cuenta toda la historia.  En este embrollo metatextual, la novela ostenta lo más autóctono de la imaginación austeriana, pero como no se lo desarrolla demasiado, pasa un poco sin pena ni gloria.
Un hombre en la oscuridad luce por momentos como una fábula antibélica y una condena a las políticas norteamericanas en Medio Oriente, pero esta crítica, como casi todo lo que documenta el libro, queda un poco en el aire, sin brillo ni fuerza, y al terminar de leer sólo queda la sensación de que ésta es una novela más, y un capítulo muy intrascendente en la  obra de Paul Auster.

28/1/2010

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