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Ciudadanía en llamas
Violencia, identidad y civilidad
 

 

Por Mariano García
@solesdigital

Libro: Violencia, identidades y civilidad. Autor: Étienne Balibar. Editorial Gedisa. 185 páginas.

Cuando las llamas de los autos y negocios quemados por jóvenes inmigrantes (o sus hijos), marginados por la república de la libertad, la igualdad y la fraternidad todavía siguen ardiendo en Francia, este libro invita a repensar las nociones de frontera, ciudadanía e identidad política en relación a la violencia y el racismo en Europa.

Las reflexiones compiladas provienen de conferencias y ensayos que el autor francés (ex colaborador de Louis Althusser) ha realizado teniendo al debate del post marxismo europeo como eje central. De ahí el interés por la relación entre la cultura y la política en estos ocho ensayos, que agregan tres ideas fundamentales a la ortodoxia marxista: el carácter indeterminado de la historia, la cultura como algo más que mera superestructura, y una interpretación del conflicto no ya pensado entre clases, sino como propio de las situaciones de frontera.

Balibar no se refiere a las fronteras geográficas de los mapas, no de realidades exteriores, sino de las denominadas “fronteras internas”, invisibles, situadas “en todas partes y en ninguna”. Si bien Balibar habla en este punto sobre la internalización por parte del ciudadano de ciertas normativas referentes a la nacionalidad y la ciudadanía (de ahí que la frontera exista al interior de cada ciudadano, afirmación en la que Balibar retoma a Foucault y su concepto de biopoder), podemos aceptar este punto de partida para pensar a la frontera como algo “sobredeterminado” (término netamente althusseriano), nunca el “mero límite entre dos Estados”.

Más importante aún, Balibar caracteriza a las fronteras como heterogéneas y ubicuas. Es decir, que las coincidencias del pasado entre fronteras políticas, culturales y socioeconómicas, plasmadas por los Estados-nación, son cada vez menores.

Es la función de “configurar el mundo” lo que define a una frontera, según el filósofo francés, y esta función es la que ha operado históricamente, y lo sigue haciendo, cuando los medios masivos y los sectores de poder imaginan la ciudad y categorizan de determinada manera a ciertos ciudadanos que en ella habitan. De allí las sutiles segregaciones que van surgiendo incluso bajo la apariencia de un estado de Derecho que garantiza en el papel la igualdad de los ciudadanos, pero que en la práctica no impide que el racismo y la violencia terminen por imponerse.

Otros capítulos igualmente lúcidos, que adquieren mayor relevancia a la luz de las llamas parisinas, abordan el problema del racismo en Europa, y la tensión entre el proceso globalizador y las viejas ideas de civilización y ciudadanía.

24/11/2005

Notas relacionadas:

"Los derechos de los otros", de Seyla Benhabib

"Seguridad y Ciudadanía", de Gabriel Kessler

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