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Bulgákov y Platónov (primera parte)

Literatura e industrialización en la Unión Soviética


 

 

Por Nancy Gregof
nan1284@gmail.com

Foto de portada: Mariano García
@solesdigital
/ Photosniper


Las obras de Mijaíl Bulgákov (1841-1940) y Andréi Platónov (1899-1951) plantean diferentes ópticas sobre el proceso de industrialización, tecnificación y modernización de la Unión Soviética, en conexión directa con sus experiencias dentro del régimen socialista, en el momento de ascenso y consolidación del estalinismo.

Tanto Bulgákov como Platónov eran sujetos instruidos (Bulgákov médico y Platónov ingeniero técnico) que desde su quehacer como profesionales también se dedicaron a la escritura. Bulgákov, quien había formado parte del ejercito blanco, comenzó como periodista; Platónov como corresponsal del ejército rojo y luego delegado de la Unión de Escritores Proletarios de Vorónezh.

En el caso de Platónov, luego de finalizar sus estudios comenzó a trabajar como ingeniero electrotécnico en diversos proyectos en la Rusia central, donde fue testigo de los levantamientos campesinos causados por la colectivización forzada en 1924. Por otro lado, Bulgákov, quien siempre estuvo en contra del régimen, comenzó a escribir en prosa a principio de los años 20, pero las críticas por contenidos “anti revolucionarios” hicieron que hacia el año 1929 el gobierno prohibiera cualquier tipo de publicación u obra con su nombre. Ambos escritores sufrieron la censura de sus obras y, en el caso de Platónov, hasta la reclusión de su hijo en un campo de concentración durante La Gran Purga estalinista en 1930.

Teniendo en cuenta el lugar y las posiciones de ambos escritores en este entramado histórico, por medio del abordaje de los relatos Los huevos fatales (1925) y Morfina (1926) de Bulgákov y La patria de la electricidad y otros relatos (1926) y Dzhan (1934) de Platónov, podemos aproximarnos a sus configuraciones discursivas en relación con las ideas de “progreso y modernidad” vinculadas con la “ciencia y técnica” luego del período revolucionario. El funcionamiento de estas ideas en el contexto estalinista de industrialización nos llevará por caminos en donde la utopía y la distopía, entramadas a la idea de modernidad, funcionan como umbrales críticos del mundo de las ideas y de la praxis política, cultural y social.

Formas de la modernidad y cartografías de la experiencia


Mijaíl Bulgákov

Las ideas y prácticas para la “modernización” y “progreso” en el período posrevolucionario ruso tienen relación directa con las políticas de modernización iniciadas en el siglo XVIII por Pedro el Grande, quien inicialmente buscaba generar un progreso en la organización secular en el Estado y la sociedad incorporando elementos, ideas y formas de la cultura occidental para sacar a Rusia del “atraso” y, principalmente, liberar a la ciencia y las artes del dominio de la Iglesia.  La subsiguiente llegada de ideas y formas de la cultura occidental, entre otros factores, contribuyeron a que este proceso de occidentalización y modernización afectara a las clases burocráticas y terratenientes, pero las masas populares casi no fueron afectadas por estas reformas y la brecha entre la sociedad educada, los campesinos y el resto de toda la nación se amplió notablemente.

La industrialización del período estalinista responde a esta idea de progreso en varios niveles, tanto económico como cultural, al poner a la gran masa del campesinado en la senda de la producción industrial controlada por el Estado y por su imposición de las doctrina del partido comunista en el ámbito social y cultural. El avance científico y técnico para la modernización de la patria rusa en este momento se presenta caracterizado de diversas formas en las obras de Bulgákov y Platónov, desde diferentes espacios y experiencias.

En primer lugar, Bulgákov se inscribe y escribe en y desde el centro de poder (Moscú) en Los huevos fatales y desde la periferia (Múrievo) en Morfina, en donde su experiencia como médico rural lo lleva al contacto con realidades del campesinado. En Los huevos fatales, la acción se inicia y transcurre en 1928, en Moscú, en los laboratorios de la Universidad Estatal. Bulgákov recupera en el relato las complicaciones de los años 20, en donde el hambre es tal que no hay alimento ni para los animales del instituto que comienzan a desfallecer: “Pérsikov decidió someter a los veinte ejemplares de rana zarzal que le quedaban a un nuevo régimen de alimenticio a base de cucarachas. Pero resultó que también estas habían desaparecido, manifestando de esta manera su aversión al comunismo de guerra” (Bulgákov, 1990). A su vez, en el año 26, el narrador señala que “una compañía mixta ruso americana construyó en el centro de Moscú (…) quince bloques de viviendas de quince pisos, amén de otros trescientos bloques más con capacidad para ocho departamentos casa uno, que edificó para los obreros en las afueras de la ciudad,. Así se acabó de una vez y para siempre aquella crisis de vivienda, tan agobiante como ridícula, que padecieron los moscovitas entre 1919 y 1925.”

Las referencias espacio temporales son exactas en esta obra, manejadas con ironía pero, a su vez, representativas de los espacios y acontecimientos de la ciudad-centro, así como de los discursos circundantes, como podemos observar en la apreciación del personaje que responde al cargo de Jefe Plenipotenciario de los Departamentos Comerciales de las Representaciones Extranjeras ante la Republica de los Soviets: “pero ya sabemos de la situación de los científicos en la Rusia soviética es muy dura. (…) Desgraciadamente en este país no saben apreciar la labor científica. (…) Ya sabemos cómo lo mal que la pasó usted aquí, profesor, en los años diecinueve y veinte, cuando la…ji..ji…dichosa revolución” (Bulgákov, 1990).

Encontramos, también, representaciones de los espacios y la vida campesina, principalmente en el capítulo titulado “El episodio de la granja colectiva”, en donde la referencia a este tipo de organización productiva nos remite nuevamente a las formas de producción y vida del campesinado, en contraposición a la vida en “la iluminada y electrificada Moscú”. La plaga de reptiles llega, posteriormente, de la granja a la gran ciudad, volviendo a ambos espacios del terror con condiciones materiales muy diferentes, ya que, en la ciudad, “donde no quedaba un solo rincón sin iluminar” los ciudadanos estaban iluminados y seguros; en el campo en donde se habían propagado los reptiles y, anteriormente, la peste avícola, casi no existe posibilidad de protección ante la naturaleza. La ciudad es el centro de poder político y económico en donde se concentran los poderes y saberes, alejados de la muchedumbre que parece solo desesperarse e implorar a Dios ante las sucesivas catástrofes.

En el caso de Morfina, un joven médico va a Múrievo en septiembre de 1917, para reemplazar a su antecesor. El choque cultural y espacial no se hace esperar: el protagonista extraña la forma de vida y las comodidades de la ciudad capital, y, más allá de su contacto con los pacientes, que son campesinos, le es entregada una residencia de dos pisos próxima al hospital en donde se recluye para estudiar y descansar. Entre el hospital, su departamento y algunos viajes para ver a pacientes que se encuentran en la lejanía transcurren los años en los que se desempeña como médico y en donde es espectador de la forma de vida de aquellos que son, para él, meros pacientes. Los conocimientos científicos del joven médico, así como los del científico Pérsikov, son utilizados para el mejoramiento de la vida de las masas, aún cuando estos sujetos no tengan vinculación directa con la realidad de ellas, lo que en el caso de Los huevos fatales desencadenará un desastre. Los recorridos de las obras de Bulgákov están relacionados con el centro de conocimiento y poder, Moscú, y desde allí se construye la perspectiva de la “otredad”, la periferia y el campesinado, mediante su asistencia y observación muchas veces paródica e irónica.


Andréi Platónov

En oposición a esta perspectiva, Platónov plantea recorridos que llevan a un contacto directo con la vida del campesinado y de “las masas”. En La patria de la electricidad el viaje es tierra adentro, a los pueblos alejados del centro de poder (que transitó durante sus misiones como ingeniero técnico), mientras que en Dzhan el viaje es hacia Oriente, hacia el pueblo sin nombre, que es, a su vez, todos los pueblos de Rusia que se encuentran en la periferia (aún cuando el recorrido tiene como punto de  partida y regreso a Moscú en uno de sus dos finales). Sus personajes van hacia las provincias o emergen de ellas, de los pueblos, e intentan, por medio de inventos y soluciones técnicas, resolver problemas que aquejan su propia existencia material, o la de las masas y sus formas de producción.

Como excepción aparece el relato ”Las dudas de Makar”, en donde Makar viaja desde su aldea a Moscú para, inicialmente, pagar una multa. Así percibe que casi no hay vegetación, fundamental en las provincias, y reflexiona “el ser humano vive, se reproduce, todo junto a un desierto! Donde, entonces, ¿están presentes la ciencia y la técnica?” (Platónov, 1999). Aquí el desierto es la ciudad por ausencia de naturaleza, y señala también que “los edificios le parecían tan pesados y altos que Makar compadeció al poder soviético, a quien sin duda le era muy difícil mantener toda aquella provisión de casas”. Desde la mirada de aldeano de Makar se necesitan nuevos inventos que hagan más efectivos y menos agotadores los trabajos para los obreros y el campesinado, y en vista de esto piensa que la técnica es la base del futuro para el bienestar general. En el recorrido que hace este personaje por Moscú, intentando encontrar al Jefe de Comité que aprobará su invento, Makar se encuentra con las fuertes contradicciones del aparato burocrático socialista en correlación a las ideas y propuestas que sostiene. El giro final del relato, en donde Makar y su compañero se dedican a dar asistencia a la gente pobre desde el ejercicio del pensamiento en función de los necesitados, activa posteriormente el ejercicio del “pensar” en esa clase también, contraponiéndolos a las figuras de los científicos, sobre los cuales Makar menciona “hace poco vi a un hombre científico que solo miraba de lejos y no veía que a su lado, a dos pasos de él, sufría una persona particular”.

Retomando las cartografías que propone Platónov en sus relatos, las espacialidades rurales, del pueblo, son centrales en “La patria de la electricidad”, en donde el protagonista, electrotécnico, es enviado a la aldea de Verchovka para proporcionar electricidad, y con ella, agua para la vida y los cultivos; así como en “Una casa de adobe en el jardín provincial” relata, por medio de la vida nómada del herrero Yákov Sávivich Yerkin, la vida de los trabajadores, sus carencias y dolencias físicas y espirituales. En el relato “Alterké” la acción trascurre en el pueblo de Zagumeny, en donde encontramos la vida de los jornaleros y molineros a través de los ojos de un niño huérfano,  y en “Yushka” el relato transcurre cerca de una de las carreteras que van hacia la ciudad capital. Como podemos observar, en los relatos de Platónov el viaje es hacia fuera, hacia la periferia que constituye el centro del alma rusa y su fuerza espiritual y productiva, que Platónov refuerza en Dzhan con otra mirada sobre los espacios de Oriente, a través de la búsqueda de un pueblo nómade en donde el espacio principal, el desierto, no es un espacio vacío.

El desierto, espacio fundamental en la obra mencionada, es el lugar donde los “hombres han vivido desde la eternidad”, con “sus héroes huérfanos, con el sufrimiento del hombre pequeño y el torrente de la conciencia de un pueblo agonizante”(Platónov, 1973). Su protagonista, el economista Nazar Chagatayev, parte de Moscú en búsqueda de su pueblo natal para salvarlos del hambre y la muerte por medio de una forma de organización socialista. Durante su búsqueda pasa por diversos pueblos y conoce realidades fuertes y dolorosas vinculadas con el hambre, el atraso, el olvido y la orfandad, motivos por los cuales su búsqueda nunca se detiene, ya que en la organización socialista este personaje percibe el destino hacia la felicidad de todos los pueblos de la madre Rusia.

De esta manera, en los relatos de Platónov, la técnica está puesta al servicio del mejoramiento de las condiciones de vida y de producción de la masa campesina y proletaria. La “modernidad” es entendida como la salida del atraso por medio de las mejoras materiales en la vida de todos los individuos. Mientras la ciencia en el centro de poder solo asiste y resiste los embates de las necesidades del pueblo en los relatos de Bulgákov, en los de Platónov la ciencia es técnica aplicada al progreso para el bienestar de las masas, al mismo tiempo que muchos conocimientos exceden a los de la ciencia y ellos son los que permiten la utopía de la felicidad.

27/10/2015

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