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Por una escuela
más justa
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar
Libro:
La escuela de las oportunidades. Autor: François Dubet.
Editorial Gedisa. Colección Punto Crítico. 89 páginas.
A partir
de la problemática de la equidad y la igualdad en el sistema educativo,
François Dubet lleva la discusión hacia el mismo seno de la
ideología liberal. Desde un punto de vista que considera que la escuela
no está, ni debe estar, aislada del resto del sistema social en el
que funciona, el especialista francés plantea interrogantes acerca
de los presupuestos que se derivan de la igualdad de oportunidades, y la legitimidad
en las diferencias que de ella se derivan.
Si bien
el objeto de este ensayo es el sistema escolar, sus planteos pueden hacerse
extensivos hacia el mundo del trabajo, la economía, y todos los ámbitos
sociales que se rijan por principios competitivos. El autor incluye al sistema
educativo dentro de dicha lógica competitiva y económica, en
la cual los títulos son bienes escasos, y donde sólo una elite
alcanza los puestos más elevados.
El objetivo
de Dubet no es abogar por una escuela idealmente perfecta, sino por una escuela
lo más justa posible (o como él mismo corrige, “lo
menos injusta posible”). El primer cuestionamiento que hace, es
hacia el principio que está en la base del sistema educativo republicano
y moderno: el de la igualdad meritocrática de oportunidades. Según
este principio, si todos los ciudadanos nacen en iguales, la justicia en materia
educativa se alcanzaría con garantizar el acceso universal y gratuito
para todos. Luego, las diferencias que vayan surgiendo entre los más
capaces, y los menos favorecidos, estaría determinado por el mérito
de cada estudiante. Por lo tanto, si las “reglas de competencia”
son objetivas y justas, las desigualdades que surgen al interior de la escuela,
y que marcan de por vida a los estudiantes, también pasarían
a ser justas.
El autor
no cuestiona el principio de la igualdad de oportunidades, pero dice que por
sí solo no es suficiente, ya que este principio (jurídicamente
incuestionable) deja de lado el hecho fundamental de que la escuela es parte
de una sociedad que es desigual. Preocupado por la suerte que les
repara a los “perdedores” de la competencia educativa, a los menos
favorecidos, Dubet postula que la escuela debe hacerse cargo de las desigualdades
sociales que condicionan a los alumnos incluso antes de su entrada al sistema
educativo.
Para ello,
agrega tres principios de justicia complementarios: el de la igualdad distributiva
de las oportunidades (velar por la equidad distributiva de las oportunidades,
incluso dando más a quienes menos tienen); el de la igualdad social
de las oportunidades (que se preocupa no solo por la excelencia de los vencedores,
sino por el destino de los vencidos); y finalmente el principio de igualdad
individual de las oportunidades (en lo referente a la utilidad de los estudios
y la formación de los sujetos).
Acertadamente,
Dubet no se resigna a que la escuela deba reproducir las desigualdades sociales,
ni que sea una isla ajena a las injusticias que la rodean. Parte de que la
realidad es como es, y no acepta que deba mantenerse en sus aspectos negativos.
Para hacer que la sociedad sea lo menos injusta posible, apuesta por una escuela
cada vez más inclusiva.
26/7/2006
Notas
relacionadas:
"Los Herederos", de Pierre Bourdieu y Jean Claude Passeron
"Políticas
de Comunicación y Educación", de Francisco Sierra Caballero
www.solesdigital.com.ar
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