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Secretos que casi nadie quiso escuchar
Fuimos soldados. Marcelo Larraquy
 

 

Por Catalina Pantuso
catalina@octubre.org.ar

Libro: Fuimos soldados. Historia secreta de la contraofensiva montonera. Autor: Marcelo Larraquy. Editorial Aguilar, 2006, 244 páginas.

Este nuevo libro de Marcelo Larraquy comienza narrando la historia de Lazarte, un soldado expulsado de la organización Montoneros y que se propone asesinar a los integrantes de la Conducción. Su resentimiento parte de considerar que mientras los soldados son enviados al combate, la Plana Mayor está cómoda en el exilio; también los responsabiliza por la desaparición de su hermana durante la dictadura militar. Es el relato de la denominada Contraofensiva llevada a cabo en Argentina a partir de 1978.

Tal vez este libro debería ser leído desde el epílogo donde el autor da su propia interpretación de lo que terminó de narrar: “son historias de soldados que decidieron tomar las armas, y que la memoria «setentista», siempre dispuesta a idealizar la voluntad y el compromiso de esa generación, prefirió desechar, por estrategia o por ignorancia”. No parece satisfecho con su investigación, más bien todo lo contrario. Comenta sus últimos intentos de esclarecer los hechos, encontrándose con uno de los sobrevivientes de la Contraofensiva, pero ya nadie quiere dar mas explicaciones. Las últimas frases del texto son: “Estaba solo. Me sentía solo. Me dije: este libro se acabó.”

La obra se estructura en dos partes: “Fuimos Soldados” y “Operación Masacre”. Cada una tiene estilos y puntos de vistas bien diferenciados que el lector tendrá que articular. El autor deja un final abierto. Recupera mucha información ya conocida pero avanza en hacer explícito lo que muchos no se atrevían a reconocer: un buen número de los desaparecidos fueron cuadros militares que realizaron acciones contra la dictadura. Habla de esos jóvenes que se convirtieron en soldados por inercia o por tener un compromiso con los que habían muerto o estaban presos. El trabajo no emite juicios de valor sobre la Conducción Montonera; se pregunta por qué se “engancharon” nuevamente en la violencia cuando ya habían recuperado la libertad y vivían en el exterior. Cuenta las formas de reclutamiento en México y Madrid y las características del entrenamiento militar en diferentes países, inclusive en el Líbano. Indaga sobre las diferentes formas de subsistencia y relata la muerte de casi todos ellos.

En la primera parte el protagonista central es Lazarte quien duda en forma permanente de las órdenes que se le imparten, pero las cumple a su manera. Critica a la Conducción por “el desprecio por la vida de sus soldados”, pero él arriesga la suya realizando interferencias durante la transmisión de los partidos del mundial de fútbol de 1978.

Los soldados se creían parte de una vanguardia militar cuyos mandos diseñaban acciones sin tener en cuenta la participación popular, y muchas veces hasta en contra de la voluntad de aquellos que decían representar y defender. A pesar de que en 1974 Perón había echado a los Montoneros de la Plaza de Mayo por no acatar su conducción, las “acciones revolucionarias” de la Contraofensiva eran un calco patético de la metodología utilizada por el General durante su exilio. Debían hacer pintadas, repartir volantes y lo más importante: interferir la emisión de programas de TV. con cintas que comenzaban con la marcha peronista y seguían con un mensaje de Firmenich. La diferencia sustancial era que mientras el pueblo se organizaba desde sus posibilidades y se sostenía con sus propios recursos, “los soldados” necesitaban todo un aparato de cobertura (documentos falsos, domicilios alquilados, armas y dinero que proveía la Organización).

Larraquy describe que la gente se acercaba al escuchar los acordes de la Marchita pero después no prestaba atención al discurso. Pone en boca de Lazarte: “Muchos años después supe que los presos de la cárcel de Olmos, en la periferia de La Plata, que habían reclamado al director de la unidad penitenciaria un televisor para ver los partidos del Mundial, a partir de la interferencia montonera, se lo quitaron para siempre”.

En la segunda parte, Operación Masacre, aparece el periodista y el investigador. Allí se citan los documentos y testimonios orales que sustentan la primera parte del libro. Aquí lo científico se hace más estadístico, tiene valor matemático. Larraquy describe la metodología del reclutamiento de los soldados, la forma de promoción, los mandatos de la conducción militar. “Los combatientes estaban obligados a cubrir la cita por más extraña que fuese. Cubrirla, con la pastilla de cianuro”; a tal fin se habían producido dos mil cápsulas. “La cifra estaba en consonancia con las expectativas del jefe de la conducción montonera, comandante Mario Firmenich: mil quinientas bajas propias durante el primer año de la dictadura” (pág.122).

No había ningún tipo de información política, y la solidez ideológica se daba por descontada por el mero hecho de empuñar las armas. Sin embargo las diferencias ideológicas y políticas se consideraban una traición criminal (pág. 145). El plan de instrucción para los soldados que se sumaban al combate duraba solamente tres días. Según documenta el autor (pág. 125) “el 15 de marzo de 1978, la Organización resolvía implantar los uniformes y las insignias del Ejército Montonero, obligando a los combatientes al saludo oficial con la venia, a designar el grado militar antes de dirigirse a un superior, a solicitar su autorización para usar la palabra, y a las formaciones militares en casos de ascensos, condecoraciones y degradaciones”.

Se relatan las difíciles y sospechosas relaciones entre el Ejército Montonero y la OLP; muestra a la Conducción difundiendo a nivel internacional información sobre los términos de esta alianza (a través de la agencia Reuters) y también consigna que a partir de estos datos se dio una "acción conjunta de la inteligencia israelí y argentina —el Mossad y el Batallón 601 del Ejército Argentino— quienes comenzaron a intercambiar datos sobre la fábrica de explosivos y la base montonera en Beirut.” (pág. 132)

Tal vez el caso más documentado y también más polémico es el de Silvia Tolchinsky, la última montonera secuestrada como consecuencia de la Contraofensiva, que logró sobrevivir, se casó con un ex miembro del Batallón 601 del Ejército, Claudio Scagliusi, y actualmente vive en Barcelona. Además, paradojalmente, ella es un testigo fundamental de la causa judicial contra militares que actuaron en aquellos secuestros.

Para finalizar con esta reseña es interesante formularse algunas preguntas: ¿Por qué este grupo se sumó a una estrategia basada en el auto aniquilamiento? ¿Por qué sacrificaron su capacidad de discernir? ¿Por qué aceptaron ingerir pastillas de cianuro?

10/11/2006

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