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Juan Filloy: El eslabón perdido
Juan Filloy
 

 

Por Michel Nieva
powdered1988@hotmail.com

Libro: Caterva. Autor: Juan Filloy. El cuenco de plata. 379 páginas. Año 2008.

La obra de Juan Filloy (1894-2000, sí, vivió 107 años, en los que escribió más de sesenta libros y ocho mil palíndromos); o la historia de las lecturas de la obra de Juan Filloy es, al menos, enigmática.

De un lado, leída exaltadamente por autores como Reyes, Marechal, o Cortázar, y del otro, en parte a causa de la decisión del mismo autor de dejar de publicar o hacerlo en escuetas ediciones privadas, salvo coleccionistas de rarezas fue olvidada por el público general y la Academia, que la leyó poco y mal.

Recién las últimas reediciones de novelas como Caterva (1937) permiten una genuina discusión sobre la literatura de Filloy, que por carecer de aparato crítico y sin embargo haber ejercido una influencia tan notable sobre autores canónicos, se hace interesantemente dificultosa.

Borges piensa que un escritor inventa a sus precursores. Cuando uno lee Caterva no puede dejar de pensar en los diálogos infinitos y digresivos de Rayuela, o la prosa vehementemente adornada de Adán Buenosayres, pero aunque en un sentido cronológicolas preceda y las haya influenciado definitivamente, acaso sería artificioso rastrear una causa estética de aquéllas novelas en Caterva o, como mínimo, sería un ejercicio doble. Primero habría que decir que a Filloy lo influencia haber influido en Cortázar, o que Marechal influencia la influencia que recibió de Caterva, influenciándola. El eslabón perdido, recuperado desde su consecuencia, se transforma en otra consecuencia.

En otras palabras (y casos más famosos como los de Pessoa o Robert Walser lo corroboran) ¿De qué manera la tradición podría exhumar y recién catalogar por primera vez en el siglo XXI, una obra escrita en los inicios del XX y que los marcó significativamente? Semejante experimento excede los límites de esta reseña, pero cabría sospechar que, de intentarlo, no distaría mucho de lo que Pierre Menard hace con el Quijote.

Un motivo de lo marginal en la literatura argentina que en Caterva se repite es el de hacer dinero: los personajes de la novela son vagabundos, criminales dudosamente enmascarados bajo ideales anarquistas que viajan a salto de mata por pueblos cordobeses buscando changas, encargos terroristas, trashumando sin destino y sin trabajo y obsesionados por ganar plata desde la ilegalidad y, por eso, escapando de la policía. Como no tienen proyectos ni grandes aspiraciones, por momentos no les sucede absolutamente nada, y el argumento del libro se expande en sus profusas discusiones que, por versar sobre criptografía y otros temas esotéricos, el contexto marginal los vuelve inverosímiles, al borde de lo grotesco.

 Al final del libro sus minúsculas vidas se tornan cada vez más ridículas, al punto de que descubren, o creen descubrir, un documento nazi escrito en clave que divulga un inminente ataque alemán a Latinoamérica, y para el lector ya no se distinguen la fantasía de los personajes de la realidad efectiva, evocando las paranoias delirantes de las novelas de Copi o Pynchon (quien en Gravity’s Rainbow habla sobre Juan Filloy)
 
No hay mucho más para comentar. Caterva es una rara pieza para la época en que fue compuesta, y que sirve para entender un momento fundacional de la novela argentina.

25/9/2009

www.solesdigital.com.ar

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