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Minae Mizumura, “Una novela real”

El Japón de hoy, narrado como ayer

 

 

Por Michel Emiliano Nieva
powdered1988@hotmail.com

Libro: Una novela real. Autora: Minae Mizumura (Traducción de Mónica Kogiso) Editorial: Adriana Hidalgo. 610 páginas. Año 2008

Ya el título de este libro de Mizumura ostenta un tópico común al pensamiento occidental, que es la oposición Platón-Aristóteles, Maestro-Discípulo, o por lo menos un alguien que se enfrenta al canon que domina. En este caso el canon es el surrealismo pop de Murakami, autor consagrado por los lectores del mundo pero repudiado por el academicismo japonés al que pertenece Mizumura.

Esta escritora, que en algunas entrevistas desaprobó el estilo de Murakami por considerarlo simplista y light, intenta plantarse a sus antípodas porque, según ella, como la imaginación pura corre el riesgo de banalizar la gravedad y tragedia de la vida de los hombres, es preciso contar la vida tal como es vivida y recordada, en sus matices, monotonías y desarreglos. Por eso su obra documenta una historia que enfatiza permanentemente su carácter histórico y real, que trata sobre el amor entre una mujer rica y un hombre humilde, en el contexto de la posguerra y a caballo entre Estados Unidos y Japón.

La novela se inicia con la narración en primera persona de una escritora japonesa, que explica cómo llegó hasta ella una historia digna de ser contada, sobre un extraño individuo llamado Taro Azuma, al que había conocido durante su niñez en Nueva York. Después de relatar la primera época de su vida atravesada por la figura enigmática y seductora de este hombre, la narradora se sumerge a una seguidilla de cajas chinas (cuenta cómo un hombre le contó que otra mujer le había contado esta historia que ella planea escribir) para relatar la infancia de Taro Azuma, signada por la miseria y el hambre.

Lo más interesante de la novela quizá sea la contraposición entre las dos historias, la de la niñez de la narradora (década de los ’60) y la posterior que a ella le cuentan (iniciada a finales de la segunda guerra mundial) porque ambas, desfasadas cronológicamente, permiten al lector reconstruir como un contrapunto la vida de Taro Azuma, que se entreteje sinfónicamente.

El punto capital en la vida de Taro Azuma es su relación amorosa y prohibida con Yoko Chan, joven aristócrata de su misma edad a quien conoce desde pequeño y para la cual trabaja de empleado doméstico. Cabe destacar que la narradora del libro comenta que contará esta historia como una novela moderna de Japón, invocando a la narrativa decimonónica occidental de referente. A raíz de esta aclaración se entiende entonces cómo el argumento se estanca en un cliché de la literatura del siglo XIX: el motivo de la mujer rica que se involucra sentimentalmente con un hombre pobre, y los prejuicios sociales que condenan este vínculo.

Así de alguna manera la obra de Mizumura contradice en sí misma la ingenuidad del compromiso estético al que aspiraba (alejarse de un estilo fantaseoso y describir la realidad), porque sin proponérselo revela, desde su argumento estereotipado, cómo esa realidad no es más que un tono literario relegado a un género ficcional específico (en este caso, la novelística de autores como Charlotte Brontë o D.H.Lawrence).

Una novela real es una especie de remake consciente de El amante de Lady Chatterley y de Cumbres borrascosas, pero ambientada en el Japón del siglo XX. Quizá el afán de esta intertextualidad radique en criticar de la aristocracia japonesa lo mismo que esas novelas condenaban de su época, la hipocresía y la discriminación clasista, pero el lector legítimamente puede preguntarse si la invocación de estructuras narrativas de un período para retratar otro no resulta por momentos artificiosa.

Acaso el surrealismo pop de Murakami parezca más realista en su pintura de la vida de las generaciones del siglo XX que la arquitectura decimonónica empleada por Mizumura. Este anacronismo entre forma y contenido dificulta por momentos la lectura del libro y la torna aparatosa, a tal punto que su extensión, 610 páginas, se siente a veces excesiva.

Una novela real es un volumen relativamente entretenido pero mediocre, razón que lo vuelve estéril en su empresa de polemizar contra el genial y tan distinto estilo de Murakami. Igual, si se considera la casi nula difusión de autores japoneses contemporáneos en castellano, a quien le interese esa literatura resulta interesante leer a Mizumura, al menos para conocer otras de sus  corrientes.

Por eso aclaro que mi persistencia en oponer Una novela real a la obra de Murakami no se debe a una simplificación vulgar sino a la escasa cantidad y variedad de traducciones del japonés, que obliga a contraponer cualquier autor nuevo de dicha narrativa que se edite con su escritor más leído y publicado de la actualidad.

24/4/2009

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