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Moxa, el hijo del sol

 

 

Por Angi Vásquez

“Así fue que la gente, que es lo que quiere decir “Muiscas”, se estableció en la región más rica de lo que hoy es Colombia. Las fértiles tierras de  la Sabana de Bogotá, y de los actuales departamentos de Boyacá y Cundinamarca, fueron el hogar de la que sería la más avanzada civilización indígena del norte de Suramérica”, relata  Ernesto Zarza González en su novela Moxa, el hijo del sol (Ediciones B, 2015).

En medio del más cruel y sanguinario juicio llevado a cabo por el Zipagüeña (Zipa, rey de reyes) el rey de los Muiscas, la principal de las civilizaciones precolombinas de la América del Sur septentrional, condenó a muerte y al destierro, en un acto de soberbia a toda la familia de su hermana, Sibalama, la esposa de Tibacón, padres de Cundarquyn, heredero al trono de todos los reyes, porqué pensó que éste quería destronarlo.

Pero los dioses estaban de parte de Cundarquyn y logra salvarse de la muerte que le predestinaron en su momento, gracias a que un sacerdote lo cambió por el cuerpo de un joven Panche, eternos enemigos de los Muiscas y así se  convirtió en un niño moxa. Los moxas era niños y jóvenes sacerdotes, de las tribus enemigas, capturados en combate,  llevados al Templo del Sol de Oriente, donde eran formados en la ritualidad propia de los sacrificios y después eran vendidos a los diversos caciques en todos los cuatro puntos del Universo Muisca que los necesitaban, para que Sua, el sol,  o bien aplacara la obstinada lluvia que inundaba los cultivos, o para que decretara que sería favorable la cosecha o simplemente para que retornara la alegría a sus cacicazgos.

Con Cundarquyn como moxa, la ley había sido quebrantada  y los Muiscas entraron en una época de guerras y confusión.  El Zipagüeña (Zipa) no podía casarse con Cota, la hija de Guatavita, uno de los principales jefes tribales, porque siempre ocurría algo que lo impidiera y en todo el reino escaseaban las buenas cosechas. Guatavita preocupado y con miedo de despertar el enojo del Zipa, decide comprar a tres niños sacerdotes para ser inmolados y saciar así la sed de Sua y obtener sus beneficios.

Entre los niños sacerdotes escogidos para el sacrificio, cae  Cundarquyn. Pero el amor podría decirse que es el protagonista de esta épica novela y Cota, la hija de Guatavita, quien desde siempre había estado enamorada de Cundarquyn y de igual manera estaba predestinada a ser la esposa del Zipa, del verdadero hijo del sol, como bien se lo había dicho el mismo Bochica, el Dios de todos los Dioses, le confiesa su amor a su primo, el sacerdote de confianza de su padre, Aquymuy y gracias a sus hechizos logra escabullirse de la multitud y se encuentra, por fin, después de cuatro años, con su amado. En un acto de amor sellan con sangre su alianza y logran calmar la ira de Sua y de paso como Cunda  pierde sus castidad se salva de nuevo de la muerte, de ser inmolado. Llega el momento del ritual y el sacerdote que oficia el acto se da cuenta de que Cubdarquyn ya no puede ser inmolado por no ser virgen  y el Zipagüeña lleno de ira lo destierra y determina que será un paria  y así queda errante por el mundo dando comienzo a una nueva etapa en la vida de Cunda. Y de paso, el escritor Ernesto Zarza da  vida a su primera novela, Moxa, el hijo del sol.

6/2/2016

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