|
El
reacomodamiento de la izquierda europea
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar
Libro:
Multitud. Guerra y democracia en la era del Imperio. Autores:
Michael Hardt y Antonio Negri. Editorial Sudamericana. Sello:
Debate. 461 páginas.
Con
su anterior volumen, “Imperio”, Michael Hardt y Antonio Negri
pasaron a estar en el centro del debate intelectual europeo y mundial, gracias
a su análisis socio-político de la actualidad que continúa
la tradición foucaultiana, en este caso para de no identificar al imperialismo
sólo con un Estado–Nación (los Estados Unidos), sino con
una red de relaciones de poder más compleja y abarcativa.
Este
nuevo libro viene a completar el panorama, para agregar al análisis
el conjunto social llamado a resistir contra el autoritarismo del Imperio:
la multitud. Un concepto algo impreciso y acomodaticio, que aparte de constituirse
por trabajadores y distintos sectores subalternos, puede incluir para los
autores al Frente Zapatista de Liberación Nacional, a los palestinos
que resisten la ocupación israelí a fuerza de piedras, al pueblo
iraquí, a ecologistas, feministas, gays y minorías étnicas
de los países desarrollados, a los “globofóbicos”,
y a todo tipo de movimientos sociopolíticos.
La
escena posmoderna que plantean los autores presenta un estado de guerra permanente,
donde un Imperio autoritario ejerce su poder ya sea en acciones policiales
de alta intensidad (en los países centrales) o en similares acciones
militares de baja intensidad (como sucede en Irak). Acciones dirigidas a oprimir
a la multitud, que será el sujeto social llamado a realizar la democratización
radical de la sociedad en la que vivimos.
Atrás
han quedado los conceptos del marxismo clásico como clase, lucha de
clases, etc. Los autores revisan el rol que le asignó tradicionalmente
la izquierda a los obreros y campesinos, y trazan un programa revolucionario
que tiene esa multitud ideal como sujeto del cambio. La descripción
y el diagnóstico que hacen del orden mundial actual es de gran valor,
pero la necesidad que tienen como intelectuales de izquierda de quedar del
bando “correcto” (es decir, el de los oprimidos) condiciona su
concepto de multitud.
Vale
recordar que Hardt como inglés, y Negri como italiano, pertenecen a
países cuyos gobiernos se identifican en forma directa al Imperio y
sus prácticas. Trazar la línea demarcatoria por la clase, la
raza/etnia, la riqueza, o más generalmente por el clásico eje
“Norte-Sur”, dejaría fuera de lugar a los intelectuales
europeos y norteamericanos bienintencionados que se solidarizan son el sufrimiento
de los países más pobres y oprimidos. Solamente podrían
adoptar el rol de observadores frente a un conflicto que no los tiene como
protagonistas.
El
concepto de multitud logra así incluirlos como protagonistas del proyecto
democratizador. Esta potencialidad se apoya para los autores en el modelo
de redes globales de resistencia, y tanto vale para el caso un mensaje en
la red a cargo de ecologistas o el subcomandante Marcos, como un piedrazo
a un tanque norteamericano o israelí en Medio Oriente.
A
la hora de resistir al Imperio, están (estamos) unidos tanto los oprimidos
del Tercer Mundo, como las conciencias bien pensantes del Occidente posmoderno.
Queda entonces por preguntarse si eso último es una descripción
de lo que realmente sucede, o una expresión de deseo poco probable.
17/12/2004
Notas
relacionadas:
"Políticas
de Comunicación y Educación", de Francisco Sierra Caballero
www.solesdigital.com.ar
|