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España, laboratorio multicultural
de la Edad Media
Por
Catalina
Pantuso
catalina@octubre.org.ar
Libro:
Un mundo desaparecido. La convivencia de musulmanes, cristianos y judíos
en la España del siglo XIII. Autor: Chris Lowney.
Editorial El Ateneo. 347 páginas.
Desde
la antigüedad se presentó una Europa encapsulada que se oponía
a Oriente, y posteriormente como la potencia civilizatoria de América
y África. Después de la modernidad, se mostraba a una Europa
cristiana que se esmeró en omitir y, muchas veces, hasta rechazó
la influencia del judaísmo y del islamismo. Sin embargo se debe recordar
que las tres religiones la penetraron con sus textos sagrados, sus mitos y
sus avances científicos y lograron reemplazar al primitivo conjunto
de prácticas y creencias “paganas”. Es bueno recordar que
en el siglo XI las culturas bizantina, india, china e islámica eran
las dominantes.
Durante
buena parte de la Edad Media, el Mediterráneo se convirtió en
un “lago musulmán”, debido a que el Islam gobernaban
no sólo el norte de África y el Cercano Oriente, sino también
Sicilia y Creta. Entre los siglos VIII y XIV hubo tres corrientes islámicas
en Europa: la magrebí (árabe), la balcánica (turcos otomanos)
y la del norte de Europa (mongoles); cada una de ellas dejó profundas
huellas en el pensamiento europeo. Sin embargo estas prolongadas y extensas
incursiones no fueron bien documentadas por los historiadores occidentales
hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando pensadores y filósofos
europeos que se plantearon, desde su propia óptica, el estudio y análisis
de ese Otro que había quedado ignorado.
En esta
línea se ubica el libro de Chris Lowney, “Un mundo desaparecido.
La convivencia de musulmanes, cristianos y judíos en la España
del siglo XVIII”.
Comienza
en el año 711, cuando un ejército de musulmanes del norte de
África se instala en el sur de la península ibérica e
inaugura el primer y único estado islámico de Europa. Ellos
vencieron a los reyes visigodos, descendientes de los bárbaros, en
un momento de profundo estancamiento económico y cultural. Analiza
en profundidad el estilo de la conquista islámica, basada en el accionar
de los guerreros diplomáticos, quienes antes de atacar violentamente
intentaban una negociación (generalmente aceptada) ofreciendo la paz
y la protección a cambio de la lealtad y el tributo anual. Termina
en 1492 cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, recuperaron
Granada.
El autor
es un norteamericano graduado en la universidad de Fordham, está especializado
en historia y filosofía medieval y se desempeñó como
profesor universitario en Estados Unidos y Puerto Rico. Fue seminarista en
la Compañía de Jesús hasta el año 1983, cuando
pasó a desempeñarse como uno de los gerentes de la banca J.P.
Morgan & Co. Durante 17 años, trabajó como miembro del Comité
Administrativo en Nueva York, Tokio, Singapur y Londres. Su primer libro,
“Liderazgo al estilo de los jesuitas”, se convirtió rápidamente
en un best-seller y fue traducido a más de doce idiomas.
Esta trayectoria
personal se visualiza claramente en el estilo de la obra. Por un lado se analizan
en profundidad los aspectos religiosos y por otro, aparecen comentarios económicos
inesperados. Por ejemplo, al describir las relaciones entre judíos
y cristianos, se dice que cuando el Cid fue desterrado no disponía
de un “capital inicial” pero que solucionó esta
“restricción en el flujo de fondos”; recurriendo
a dos prestamistas judíos.
El libro
no es el clásico relato histórico, sino que se centra en los
principales protagonistas de aquel universo multicultural. Lowney demuestra
que los españoles cristianos, musulmanes y judíos confrontaron
sus diferentes interpretaciones de las obras de la filosofía clásica
e inauguraron nuevas formas de pensar. Tanto Maimónides (1135-1204),
la figura más ilustre del judaísmo de la época postalmúdica,
como Averroes (1126–1198), verdadero genio de la edad media, de origen
islámico, se atrevieron a cuestionar sus creencias religiosas a la
luz de un análisis racional. Las meditaciones del cabalista Moisés
de León (1250-1305), y la sutil espiritualidad del maestro del sufismo
Ibn Arabi (1165–1240) están consideradas como puntos culminantes
de la mística de sus respectivas religiones.
En cuanto
a los cristianos, merece destacarse la historia de Gerberto de Aurillac, (conocido
como Silvestre II, el primer Papa francés), quien vivió un tiempo
en un monasterio de los Pirineos españoles y alcanzó gran renombre
como teólogo, filósofo y matemático. Este pontífice
difundió la utilización de los números indo arábigos
entre los clérigos occidentales, lo que facilitó enormemente
el cálculo.
El autor
rescata anécdotas de la vida cotidiana que van ilustrando los principales
ejes tecnológicos, científicos, políticos y religiosos.
Hábitos alimentarios como el consumo de naranjas, limones, espinacas
y sandías fueron introducidos por los moros, quienes para su cultivo
diseñaron norias, ruedas hidráulicas que extraían agua
de los pozos, represas y ríos. Los españoles disfrutaban de
los baños de agua caliente en establecimientos públicos, mientras
que en el resto de Europa solo se lavaban una o dos veces al año y
con agua fría. Ziryab —poeta, músico y cantante árabe
origen kurdo— fundó el primer conservatorio de música
en Córdoba; además de enseñar canto y música,
difundió las más delicadas novedades de Oriente: peinarse con
flequillo, recetas de la cocina bagdadí, el consumo de espárragos,
y el uso de copas de cristal, en lugar de las de oro y plata, y manteles de
cuero fino.
La Europa
Cristiana de aquel tiempo levantaba el estandarte de la Guerra Santa que había
comenzado en 1096, cuando el Papa Urbano II puso en práctica la Primera
Cruzada, y que duró hasta 1204 cuando los cruzados lograron la rendición
de Constantinopla. Lejos de pensar en los beneficios de un “diálogo
interreligioso”, el estímulo de las relaciones amistosas entre
musulmanes, judíos y cristianos, en España, fue la necesidad
de unirse para mantener el nivel de desarrollo que se había alcanzado.
Buena parte de la era de la convivencia se desarrolló bajo una constante
amenaza de muerte. “Mientras Averroes, Maimónides, Ibn Arabi
y Moisés de León, reflexionaban sobre Dios, la creación
de Dios estaba siendo destrozada por las guerras religiosas que se hacían
en su nombre”, explica el autor.
Según
se documenta en este libro, a medida que avanza la reconquista cristiana del
territorio hispánico la tolerancia se va haciendo más precaria.
La coexistencia era delicada; cada grupo religioso prefería construir
su propia sociedad homogénea, en vez de participar de una sociedad mezclada. Pero esta opción no era posible. La vida cotidiana
obligaba a compartir el horno para hacer el pan, el agua para higienizarse
y, por supuesto, las actividades comerciales. En ese intercambio también
se aprendían costumbres y valores y, como es lógico suponer,
también se enriquecía el lenguaje.
En el
Concilio de Letrán (Roma, 1215) el cristianismo condena explícitamente
la “maldita mezcla”, es decir la unión sexual
entre las personas de diferentes credos. Con el fin de evitar “el error”
de enamorarse de alguien de otra religión, se dictó un humillante
código de vestimenta. Esta norma obligaba a los judíos de Sicilia
e Inglaterra llevar unas insignias de color cosidas sobre sus prenda; en el
caso de los principados germánicos los judíos se identificaban
por el uso de sobreros cónicos. Sin embargo los prelados de Castilla
y León desafiaron a la autoridad Papal e ignoraron estas disposiciones.
Granada,
último bastión del poder musulmán, se rindió ante
el rey Fernando y la Reina Isabel en 1491, poco tiempo antes de que Colón
comenzara su viaje hacia las Indias. De inmediato los judíos fueron
obligados a convertirse al cristianismo o abandonar España en un plazo
no mayor a cuatro meses.
El mundo
del mestizaje cultural de buena parte de Europa y especialmente de España
quedó sepultado en el inconsciente occidental, primero por la acción
eficiente de la Inquisición y posteriormente por las modernas concepciones
del Iluminismo. Pero como todo lo reprimido vuelve de un modo avasallador,
en el momento más inesperado, en estos inicios del tercer milenio el
Islam es nuevamente uno de los actores principales de la historia.
Al rescatar
la experiencia de convivencia interreligiosa en la España medieval,
Lowney ayuda a iluminar algunos aspectos conflictivos del presente: “Creemos
que ya sabemos cómo ‘deben’ sentir los musulmanes, los
cristianos o los judíos, por lo tanto, no tenemos demasiada necesidad
de escuchar su versión de la historia. Nos centramos en las diferencias
dogmáticas que nos dividen y rara vez consideramos que estamos unidos
en la adoración común del mismo Dios de Abraham”.
16/4/2007
Notas
relacionadas:
"Extraño
Oriente", de Ziauddin Sardar
"Buscando
desesperadamente el paraíso", de Ziauddin Sardar
"Islam
y Occidente" (AA.VV)
"El
libro de la sabiduría de Oriente", de Gilbert Sinoué
Alí
Bey, un precursor de Mansilla
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