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Sólo
un juego intelectual
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Libro:
La Quinta Columna Digital. Autores: Andoni Alonso e Iñaki
Arzoz. Editorial Gedisa. 199 páginas.
Este
texto, firmado colectivamente por el heterónimo “Cibergolem”,
cuyas caras visibles son Andoni Alonso (profesor de Filosofía
de la Tecnología en la Universidad de Extremadura) e Iñaki
Arzoz (artista y escritor); expone en forma provocativa postulados
acerca de las nuevas posibilidades que se abren para la democracia participativa
a partir del desarrollo de las nuevas tecnologías.
Parten
del concepto militar-estratégico de “quinta columna”,
proveniente de la guerra civil española, que se define como un grupo
de gente que, dentro de una nación o un grupo superior al que se supone
leal, conspira en su contra. Los autores invierten el signo político
de la “quinta columna”, que nació como estrategia franquista
y en general se las asocia a movimientos nazi-fascistas. En cambio, en este
libro se utiliza el término desde una postura de izquierda progresistas,
con simpatías hacia el anarquismo y el activismo alternativo.
El libro
comienza con una serie de postulados que invitan a una discusión sobre
grandes problemas de la actualidad, y que en muchos casos merecerían
ser discutidos seriamente. Temas como la democratización de las sociedades
post-industriales, los usos de la tecnología digital para el desarrollo,
el humanismo y las luchas políticas son abordados en forma desafiante.
Tomándose en serio el libro, éste invita a cuestionarles a los
autores el uso de conceptos como “República Global”, “ciudadano
digital”, un eurocentrismo inmanente en sus declaraciones, o el abuso
de neologismos que parecen más un juego de intelectuales ociosos que
una verdadera propuesta política.
Desde
la periferia del Primer Mundo, las críticas que podrían hacérseles
son aún mayores, pues proyectan un mundo global a su imagen y semejanza,
que deja afuera a la inmensa mayoría del mundo que sigue sin tener
acceso no sólo a Internet o teléfonos celulares, sino también
a teléfonos de línea. Si consideramos que apenas el 5,3% de
las personas de los países en vías de desarrollo son usuarios
de Internet, frente al 48% de los países más ricos del mundo;
se tiene una primera dimensión de la brecha que a los autores parece
preocuparles poco.
Pero detenerse
a criticar seriamente los aspectos polémicos del libro pierde sentido
cuando hacia el final de la obra, uno se encuentra con que humorísticamente
los autores definen a su obra como “libro bastardo, pretencioso, parcial,
ignorante, intelectualoide, torpe, unidireccional, contradictorio, corsario,
incomprensible a veces…” Inteligente estrategia para anular las
posibles críticas externas, asumiéndolas en primera persona,
y diciéndolas antes que cualquiera pueda insinuarlas. Un gesto ingenioso,
pero que lleva a la discusión hacia los estériles campos del
escepticismo.
Si bien
el aspecto más interesante del libro es el llamado a una respuesta
activa y crítica por parte del lector, el excesivo tono provocador
y sarcástico sugieren que los únicos que disfrutan del juego
intelectual aquí propuesto son sus propios autores.
3/6/2006
Notas
relacionadas:
"El
culto a la información", de Theodore Roszak.
"Multitud", de Negri y Hardt.
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