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Polifonías tempranas de Bolaño
 

 

Por Michel Nieva 
michelnieva@gmail.com

Libro: La pista de hielo.   Autor: Roberto Bolaño. Editorial Anagrama. 200 páginas. Año 2009.

Roberto Bolaño es, como Hemingway, uno de esos raros escritores que no sólo siguen publicando después de muertos, sino que lo hacen mucho más prolíficamente que cuando estaban vivos. Ahora Anagrama reedita La pista de hielo, una de sus primeras obras, pero que, a diferencia de los compilados póstumos recientemente aparecidos, El secreto del mal,y La Universidad Desconocida (que el editor Jorge Herralde recauchutó de borradores desechados), sí fue corregida y voluntariamente dada a publicidad por el autor. Este dato quizá no resulta menor si pensamos el fuerte diálogo que La pista de hielo entabla con las técnicas y los tópicos de otras de sus novelas.

En relación a la técnica, La pista de hielo ejecuta dos recursos que aparecerán de vuelta, y más acabados, en Los detectives salvajes  y 2666 respectivamente. El primero es la polifonía, pero no, a la manera del segundo episodio de Los detectives salvajes, como un mosaico indefinido de voces, sino una versión mucho más modesta de tres narradores, quienes, en contrapunto, reconstruyen toda la historia. Antecedentes literarios del mismo procedimiento se podrán encontrar en As I Lay Dying, de Faulkner, y Rashomon de Akutagawa. El segundo recurso es la convergencia de todas esas voces hacia un punto común, que en 2666 acontece en el enigmático escritor apócrifo Beno von Archimboldi, y, aquí, en una pista de patinaje sobre hielo, donde se detona el centro del argumento. Argumento cuyos vaivenes, en un artículo escrito para su libro de ensayos Entre paréntesis, Bolaño resume irónicamente de la siguiente forma:

En La pista de hielo (1993), hablo de la belleza, que dura poco y cuyo final suele ser desastroso.

Si bien los tres narradores de La pista de hielo no aparecerán de vuelta en otras obras de Bolaño, si están signados por una clave que atraviesa toda su cartografía literaria: la del exilio. Dos de ellos, chilenos viviendo en España, y el tercero, un español xenófobo que trabaja en un ayuntamiento provincial, cuentan los hechos que sobrevinieron en un extraño asesinato. Y en el medio irrumpe una mujer llamada Nuria, a la que nunca se le da voz pero cuya inefable belleza los enloquece a todos y cumple un rol fundamental para el cumplimiento del crimen.

En relación al tópico del exilio, la novela despliega una paradoja muy interesante que se centra en los flujos migratorios entre Europa y América Latina a lo largo del siglo XX, porque el lugar donde se desata el asesinato, el Palacio Benvingut,  se cuenta que fue construido por un español pobre, quien amasó fortuna en América, y regresó durante la posguerra al terruño natal para modernizarlo con su dinero. Esta anécdota, sutilmente, se contrapone a la de uno de los narradores, Remo Morán, chileno sin esperanzas en su país que, bajo la consigna de “hacer Europa”, viaja a España y allí se enriquece, exactamente al revés del español que emigró de continente a principios de siglo para “hacer América”.

No hay mucho más qué comentar. Después de tantos palimpsestos inéditos y de dudosa calidad que Anagrama viene publicando para aprovechar el boom comercial del autor chileno, La pista de hielo  nos recuerda que Roberto Bolaño es uno de los mejores escritores en castellano luego de la muerte de Borges.

15/4/2010

www.solesdigital.com.ar

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