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Feria del Libro de Frankfurt
 
Slam de poesía

Entre el excremento sintáctico y la venganza de un nerd

 

 

Por Verónica Stewart
veronicamstewart@gmail.com

“Esto es para las chicas gordas. Esto es para los hermanos menores. ¡Bailen, putos!”. Así reciben Sagrado Sebakis y Diego Arbit a su público: un grupo de más gente de la que podría entrar en la sala Leopoldo Lugones si se asentaran como la disposición de las sillas lo demanda. Queda claro muy pronto, sin embargo, que a este particular grupo de poesía no sólo no le preocupa el transgredir aquellas pequeñas reglas del día a día, sino que se enorgullecen de ello. “Si hay un incendio y quieren salir, no van a poder”, dice Sebakis divertido, explicando lo obvio ya que la mitad de las sillas de la sala han sido apiladas contra la puerta de emergencia para que más gente entre de pie.

La apertura del primer slam de poesía en la 38° Feria del Libro es muy prometedora. El poema leído por la dupla que está al frente del único grupo consolidado de poesía hablada en Argentina es una oda a la vida, un canto motivador. Justamente por la inmadurez del circuito local creyeron que podrían llevar a cabo el acto más inmaduro que un artista puede cometer: el plagio.

Pero siempre hay un ñoño que les arruina la fiesta a los avivados del grupo. Es por eso que, cuando un adolescente levantó la mano desde el fondo para pedirles que le dieran crédito a Anis Mojgani, poeta estadounidense y verdadero autor del poema (su título original es “Shake the dust”), la dupla solo supo contestar: “igual es más una adaptación que una traducción”. Vale y se incita a cotejar la versión original con la que ellos recitan.

Este incidente inicial marcaría el estilo que el grupo mantendría a lo largo del slam, es decir, de esta competencia entre poetas en las que se les da unos minutos para recitar su obra y luego se les asigna un puntaje por ella. Esta modalidad, que recién aterriza en suelo argentino, es moneda corriente desde hace varias décadas en los Estados Unidos. Allá por 1955 los bares de Nueva York se regocijaban ante aquel atípico y brillante aullido de Allen Ginsberg, quien luego publicó su famoso poema “Howl” al año siguiente.

En nuestro país, el movimiento recién se gesta. A pesar de que el grupo de Sebakis hace tiempo se junta a recitar poesía, e incluso han hecho un jam “ilegal” y muy bueno en el Ateneo Gran Splendid donde comenzaron a vociferar su obra por la librería, esta es la primera vez que llegan a un evento de la magnitud de la Feria del Libro.

Sin embargo, lejos de reconocer la responsabilidad que conlleva el haber conseguido ese lugar en la fiesta literaria del año, abundan, en diferentes poemas, los insultos hacia la misma feria que los alberga mientras recitan. Los espectadores son incitados a visitar la feria del libro independiente mientras que se menosprecia a los gestores culturales que llevan a cabo eventos como estos. Tampoco faltan los mensajes hostiles hacia los países europeos y a los Estados Unidos, a quienes se les advierte: “lenguas muertas, acá vienen llegando las palabras.” Poco importa que su uso de aquellas lenguas muertas las revivió lo suficiente como para que un poema de Mojgani se colara al evento sudaca de esta noche.

Entre numerosos poemas con más insultos y groserías que un verdadero despliegue del lenguaje, cabe destacar a algunos poetas que brillaron por su talento. La francesa Anne Tchikita, con su menudo tamaño y su lengua extranjera, logró cautivar la atención de un auditorio más que repleto, con su repetitivo “écoute, écoute” cantado entre párrafos, mitad en español, mitad en francés, completamente hipnotizador. Nanu Nanu y Mariana Bugallo lograron dibujar, como ella misma explica, “aquella curva que precede al tal cual de tu sonrisa”. El propio Sebakis presenta un muy buen poema sobre su vida amorosa, pasando por una declaración social muy lúcida sobre la facilidad de ser novio de una modelo, y su deseo de deshacerse de ellas.

Que exista esta movida es sin duda algo positivo. La poesía hablada es un componente fascinante pero algo incómodo en la literatura, un arte que tiende dejar una huella física en su escritura en vez de presentar palabras que el viento, o el próximo poeta del slam, volarán de la memoria de quien escucha. Cuando es buena, sin embargo, el rastro que deja puede ser incluso más permanente que el del papel. Ayuda, además, a apartar esa idea de la mente de muchos lectores de que la poesía es un verso aburrido de un escritor milenario, o un sinfín de palabras complejamente bellas para sorprender a un público de clase alta. La poesía es mucho más que eso. La poesía es eso que nos rodea todos los días y tiene el poder de sacarnos una sonrisa. Pero existe un sano punto medio entre lo exageradamente floreado y lo llano y vulgar que gran parte de este grupo no parece encontrar.

El autor estadounidense J.D. Salinger pone en boca de su personaje Franny en la novela que lleva su nombre una definición muy precisa y sencilla de lo que es la poesía: “si sos un poeta, hacés algo hermoso. Me refiero a que se supone que dejás algo hermoso cuando terminás una página. Sólo porque algunos poetas saben cómo dejar algo, no quiere decir que sea un poema. Puede ser que sea solamente una especie de excremento sintáctico, perdona la expresión”.

Por supuesto que algunos de los poetas del slam cumplen con esta definición de poesía, y la superan con creces. Pero algunos parecen no lograr darse cuenta de que la poesía no debe ser burda y repugnante para ser honesta. El mismo Ginsberg presenta imágenes un tanto desagradables en “Howl”; su comienzo ya lo dice todo: “He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa”. Y, sin embargo, su modo de explicar la no tan bella realidad que lo rodeaba es tan exacto, y su manejo del lenguaje es tan preciso, como si se tratara de un niño creativo jugando con la plastilina de las palabras y haciendo de ellas una figura fascinante una y otra vez, que el poema sí es bello.

Es bueno que exista esta movida, pero gran parte del grupo de poetas que se presenta esta noche no parece saber moverse con ella. Esta noche, no siguen su propio consejo: no bailan, putos.

6/5/2012

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