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Una
saludable dosis de autocrítica
Por
Mariano García
mariano@octubre.org.ar
Libro:
Estúpidos hombres blancos. Autor: Michael Moore. Ediciones
B. 288 páginas.
Conocido
internacionalmente luego de ganar el Oscar a la Mejor Película Documental
con su film “Bowling for Columbine”, Michael Moore condensa en
su brillante libro “Estúpidos hombres blancos” muchas de
las ideas que guiaron tanto sus películas como sus series televisivas
(la última de ellas, “The Awful Truth”, se pudo ver por
cable en Film & Arts hace unos años).
Lo que
hace Moore en sus libros, películas o series televisivas, es decirle
al público norteamericano todo lo que el resto del mundo sabe sobre
ellos (que sus gobernantes y clases dirigentes son explotadores, racistas,
criminales, imperialistas, fanáticos, intolerantes), pero que gracias
a una profunda falta de conciencia y visión autocrítica, nadie
reconoce. Para nosotros, algunas críticas son tan obvias que ni parecen
denuncias, pero dan la pauta del altísimo grado de alienación
en que vive el pueblo norteamericano.
Michael
Moore no es oportunista. Es coherente. Hace años que denuncia la política
norteamericana respecto a Irak, incluso durante el gobierno de Clinton, cuando
para la gran mayoría de la población no era un tema a discutir.
Mucho antes que los atentados a las Torres Gemelas y las invasiones a Afganistán
e Irak, Moore cuestionaba la política internacional de su país.
El valor de este libro, por lo tanto, es no haber cedido ante la ola de patrioterismo
proto fascista que inundó desde entonces a la sociedad norteamericana,
y mantener sus opiniones a pesar del mote de “anti norteamericano”
que se le etiqueta a todo aquel que tenga la osadía de cuestionarle
algo al gobierno (el libro fue escrito previamente a los atentados del 11
de septiembre de 2001, y casi permanece inédito ante la renuencia de
su autor a hacerle modificaciones).
¿Qué
es lo que hace especial a este libro? Es muy importante lo que dice, pero
quizás es más relevante quién lo dice. Que la esclavitud
es un lastre que los afroamericanos todavía no han podido superar,
y que los blancos se empecinan en mantener la segregación por medios
más sutiles y una sonrisa en la boca, ya lo decía Malcom X en
los años ’60. Pero para la clase media blanca Malcom era un “extremista”,
un “fanático”, un “resentido social”... musulmán
para colmo. Que la política internacional de Estados Unidos es criminal
e hipócrita es algo que en todo el Tercer Mundo se acepta, pero lo
hacen por “envidia”. Que los gobiernos responden a intereses corporativos,
y no al mandato popular, lo sabe hasta un chico de 10 años de cualquier
país... pero no lo acepta un adulto universitario norteamericano.
Pero si
el que denuncia todo esto es un gordito bonachón, blanco, de buen pasar
económico, un verdadero prototipo del norteamericano medio, ¿desde
donde lo pueden desacreditar? Por venir desde adentro la crítica duele
más, aunque para eso sea necesaria una buena cuota de cinismo, espléndidamente
canalizado a través de una escritura irónica y con excelentes
salidas humorísticas. Y esa retórica es lo que lo hace popular
a Moore, porque sus denuncias son una suerte de “bajada” de lo
que autores como Noam Chomsky exponen en forma mucho más rigurosa y
analítica. Pero Chomsky no es un best seller, y Moore sí. Gracias
a este último, muchas de las ideas de los intelectuales más
lúcidos de su país salen del cerrado ámbito académico,
y se hacen “potables” para el público medio (más
aún cuando lo hace por medios masivos, sobre todo audiovisuales).
Otro mérito
en la obra de Moore es que se ocupa primero de la suciedad de la propia casa,
antes de criticar la del vecino. En este sentido, es ejemplar el caso del
capítulo acerca de la segregación que sufren las mujeres. Cuanto
el mundo occidental se empecina en mirar al Islam como fuente de toda opresión
hacia las mujeres, visión siempre justificada con algunos casos particulares,
Moore realiza un minucioso análisis que muestra la desigualdad estructural
a la que se enfrentan las mujeres en la tierra de la “igualdad”
y la “libertad”, sobre todo en el ámbito laboral y político;
además de remarcar la grave situación de violencia doméstica
en la que viven.
Escrita
para el público norteamericano, y en segunda intención para
europeos o canadienses, la lectura de “Estúpidos hombres blancos”
no carece de interés para el público argentino. Después
de todo, en nuestro país sobran estúpidos hombres blancos. Sobran
comentarios estúpidos como “esto en países en serio como
Estados Unidos no pasa”, al referirse a la política o a la educación.
Para los que constantemente machacan con el ejemplo de la democracia de Republicanos
y Demócratas, es recomendable el capítulo “Un golpe a
la americana”, donde el autor compara las últimas elecciones
de su país con un golpe de estado en un país bananero, y pide
la urgente intervención de la ONU y la OTAN para que bombardeen y asesinen
a los líderes golpistas, como suelen hacer los Estados Unidos con los
gobiernos que le desagradan. Quienes piensen que mandar a estudiar a sus hijos
al norte es la solución mágica, primero que lean “País
de burros”.
Con filosa
ironía, refinado espíritu satírico y una rigurosa investigación
periodística que sustenta sus opiniones, Moore les dice a lo los norteamericanos
lo que ellos no podrían aceptar si se los dijese de otra manera. Y
para los que ven en Estados Unidos a la fuente de toda verdad, ahora se les
puede argumentar: “no lo digo yo, lo dice Michael”.
30/10/2003
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