"Yo el Supremo", de Augusto Roa Bastos: la voz única del dictador
La reedición de bolsillo de "Yo el Supremo" (590 páginas) devuelve a las librerías la novela de Roa Bastos sobre José Gaspar Rodríguez de Francia, dictador del Paraguay.
Redacción Soles Digital
Autor: Augusto Roa Bastos · Editorial: De Bolsillo / Mondadori · 590 páginas · 2010

"Yo el Supremo" es la gran novela del paraguayo Augusto Roa Bastos, publicada originalmente en 1974 y reeditada en 2010 en formato de bolsillo por De Bolsillo / Mondadori. Su materia es la figura de José Gaspar Rodríguez de Francia, que gobernó el Paraguay entre 1814 y 1840 y se hizo nombrar dictador perpetuo de la república.
Una novela de dictadores con nombre propio
En los años setenta, la literatura latinoamericana produjo varias novelas centradas en la figura del caudillo o el tirano. Entre las más citadas están "El recurso del método", de Alejo Carpentier, y "El otoño del patriarca", de Gabriel García Márquez, ambas de la misma época. A diferencia de esos dictadores imaginarios o compuestos, el de Roa Bastos tiene nombre, fechas y archivo: es un personaje histórico, y la novela se alimenta de esa documentación para luego desarmarla.
Roa Bastos, nacido en Asunción en 1917, pasó gran parte de su vida en el exilio, buena parte de él en Buenos Aires. En 1989 recibió el Premio Cervantes, y "Yo el Supremo" es la obra que más pesó en ese reconocimiento.
Un pasquín como punto de partida
La historia arranca con un hallazgo: en la catedral de Asunción aparece un papel que imita la voz del dictador y ordena, para el día de su muerte, exhibir su cabeza y perseguir a sus colaboradores. El Supremo quiere saber quién lo escribió y cómo pudo imprimirse en un país donde todo lo que se escribe pasa por sus manos. Esa búsqueda funciona como motor y como excusa para retratar un régimen basado en el control absoluto de la palabra.
El personaje que surge es contradictorio. La novela muestra a un lector de los ilustrados franceses, austero en lo personal, defensor de la educación laica, y a la vez a un gobernante implacable con sus opositores, que cerró el país al exterior y no admitió otra opinión que la propia.
La forma como argumento
Lo más notable del libro está en cómo está escrito. El texto se presenta como un conjunto de papeles que el dictador dicta a su secretario: apuntes privados, una circular destinada a sus funcionarios, notas, documentos, citas de historiadores, fragmentos de crónicas. Muchas de esas fuentes son reales y otras, inventadas con aire de verdaderas.
En ese material, los demás personajes casi no tienen voz propia. Cuando alguien habla, sus palabras quedan absorbidas por el discurso del Supremo, sin marcas de diálogo que las separen. Solo en los márgenes, en las notas del "compilador" y en algunos epígrafes, se filtran otras miradas. La estructura reproduce así, en la página, la ambición de un poder que pretende ser la única voz del país.
La variedad de registros es enorme: lenguaje militar, castellano antiguo, ensayo, inventario, ironía. Eso le da al libro una textura cambiante que obliga al lector a ir atento.
Para quién es
No es una lectura rápida. Son casi seiscientas páginas densas, y hay tramos en los que la acumulación puede pesar. Pero quien se interese por la novela latinoamericana del siglo XX, por la relación entre literatura e historia o por la manera en que el lenguaje construye el poder, encontrará aquí una obra central. La edición de bolsillo la vuelve, además, accesible para quienes todavía no la tenían en la biblioteca.