Música

NovedadesArchivo

Festival Viaje de Agua Vol.2
PONCHO
Chuck D

“Átomo”: Más vale acompañado

Por Martín Perez Antelaf

El sábado pasado fue la segunda presentación del disco "Átomo", grabado a dúo por Marcelo Torres (en bajo de 5 y 6 cuerdas, y voces) y Pablo La Porta (percusiones -variadísimas- y voces) en Teatro Moliere del barrio de San Telmo. Presentación esperada por muchos (incluidos los músicos) por diferentes avatares propios de agendas abultadas: presentaciones en el exterior, de cabotaje, grabaciones, etc.

Los trabajos a dúo suelen ser mal leídos desde la perspectiva de la falta: cómo hacen dos sujetos para "llenar" algo que -quién sabe por qué- se piensa debería estar allí. La lógica es exactamente al revés: en el concierto ofrecido predominó una atmósfera tamizada por cada uno de los innumerables recursos utilizados con precisión magistral por ambos músicos. Esa ambientación responde a un axioma básico: “ser o no ser” o, en este caso, “estar o no estar”. Lo que emerge, lo que efectivamente está (las músicas, los efectos de sonido, las texturas) crea lo que allí se escucha. Y los presupuestos se desvanecen, si acaso uno se abre para dejarse abordar por todo ese conjunto de sensaciones que saben entretejer estos dos artísticas, que se fusionan en un solo todo musical: no hay nada más, ni nada menos, que esa magnificencia.

Al concepto de dúo, puede acercársele el de par, o compañero. ¿Qué significa acompañar o, mejor aún, cómo acompaña uno a otro? Es uno de los requerimientos fundamentales en la música: acompañar. En la presentación de "Átomo", sin una intensión pedagógica, se dio cátedra sobre cómo ser un buen compañero: tempo, intención, niveles finísimos de volumen, cada recurso utilizado para que el otro desarrolle su lenguaje o se sienta interpelado para entablar un diálogo. O directamente ofrecer el silencio generoso: así las cuerdas de Torres dieron lugar al tar de La Porta, o la hojarasca (sí: hojas secas) que sostiene un groove abre espacio a los acordes del bajo con efectos aterciopelados ("momento romántico", sugeriría Torres) para después, ambas sonoridades, irse juntas, acompañadas.

El momento jazz-fusión se concretó con la guitarra de Guillermo Arrom. Si bien el dúo de Torres- La Porta bien solo se lame (la fusión- experimental-rockera aparece en varias canciones de "Átomo"), la invitación del guitarrista fue parte de esa capacidad de acompañamiento, de abrirse a que otra sonoridad sea parte del juego. Momento de guiños varios: desde la melodía del standard "Cheek to cheek" en un solo o al hecho de que tanto Arrom como Torres supieron acompañar a Luis Alberto Spinetta.

En un recital de esos donde uno dice "¿y pasó esta cantidad de tiempo? ¡Ni me di cuenta!", el disco "Átomo" no solo fue tocado casi entero sino que muchos temas fueron desarrollados de diferentes maneras. Esa es una de las gracias del "vivo". Ver a Pablo La Porta es la experiencia de ver a un prestidigitador que no oculta nada: cada pase que podría ser tomado como una ilusión o acto de hechicería está allí presente, al alcance de cada uno de nuestros sentidos. Y eso lo hace mágico: reemplaza expectativa por asombro, curiosidad por fascinación. Todo está allí... y desborda.

Las músicas inclasificables -he allí su atractivo- de "Átomo" abren otro sendero en el ya recorrido camino de los "dúos". Ese nuevo sendero nos deja una importante enseñanza sonora: más vale acompañado. Nunca solo: acompañado.

19/11/2015

www.solesdigital.com.ar

Lo más visto de Música
Indio Solari Ed Sheeran Living Colour