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Bono:
el negocio de ser políticamente correcto
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos: AP

Bono y
George Bush, juntos en septiembre de 2003
Faltan
pocos días para que U2 desembarque en la Argentina, y el “efecto
Bono” ya comienza a expandirse. Convertido en un adalid mediático
de las causas sociales, no hay presidente en el mundo occidental que se resista
a sus encantos, y a los réditos políticos que conlleva mostrarse
amigable con la megaestrella de rock.
Pero
la fascinación es mutua, ya que el rock star irlandés
parece estar cada vez más a gusto paseando su carisma por los despachos
presidenciales, y menos en los escenarios. A pesar de que él mismo
se considere “una plaga” en Washington, una piedra en el zapato
de los malos de la película, lo cierto es que los políticos
lo reciben de brazos abiertos, al tiempo que él acrecienta su imagen
pública de paladín de la justicia. "Le dije que es
mi plaga favorita'', reconoció Dick Durbin, líder del partido
demócrata en el Senado norteamericano. Una fórmula que hace
las delicias de los asesores de marketing de ambos lados; todos ganan…
¿quién pierde?
Una
Madre Teresa Pop
Un breve
repaso de las andanzas militantes de Bono por el mundo, si nos mantenemos
en la superficie, nos ofrece una primera imagen positiva que casi nadie cuestiona
hoy. Un músico comprometido primero con la causa independentista de
su Irlanda natal, y luego abocado a concientizar al mundo desarrollado sobre
las calamidades que aquejan a África, y la necesidad de ayudar económicamente
a los países pobres. Una suerte de Madre Teresa con anteojos coloridos
que se mueve al ritmo del pop electrónico.
En los
últimos años, Bono se ha autoproclamado embajador de los menesterosos
del mundo, recorriendo amigablemente las principales oficinas de gobierno
(sobre todo las de Washington), pidiendo más ayuda económica
para África. En septiembre de 2003, se reunió con George Bush
para reclamarle mayor financiamiento para la lucha contra el SIDA en aquel
continente. “Le apasionan mucho estos problemas y le creo, pero
no estoy de acuerdo con sus números”, dijo acerca del presidente
norteamericano al salir de la Casa Blanca. Es decir, solo una diferencia cuantitativa,
no ideológica.
Por su
parte, en Washington aprovecharon el encuentro para capitalizar un enorme
rédito político a favor de su poco humanitario líder:
“El presidente ha mostrado un liderazgo sin precedentes en la lucha
contra el Sida”, declaró entonces el secretario de prensa
de la Casa Blanca, Scott McClellan.
Como fundador
de Debt AIDS Trade Africa, una fundación benéfica en que recauda
fondos para combatir el hambre y las enfermedades en el continente más
pobre del mundo, Bono ya se había reunido con el presidente francés
Jacques Chirac, también para pedir más dinero a favor de su
causa. Para acrecentar la imagen heroica de Bono, Chirac lo condecoró
con la insignia de Caballero de la Legión de Honor.

Bono,
condecorado por el presidente francés Jacques Chirac
Necesitamos
el dinero… de los otros
“Queremos
el dinero ya, necesitamos el dinero ya”, le dijo Bono a Bush en
aquella reunión de 2003. Ante tanta urgencia por hacer llegar dólares
hacia donde más se los necesitan, era de esperarse que el megafestival Live 8 (julio de 2005), que tuvo a Bono como una de sus emblemas
e impulsores, hiciera su parte. Fueron ocho megaconciertos en las capitales
de los ocho países más ricos del planeta, televisados para 3.000
millones de personas en directo. En la desesperante situación de conseguir
recursos en forma inmediata para que los chicos de África no mueran
segundo a segundo, ¿cuánto recaudó el festival? Nada.
El lema
fue “No queremos tu dinero, queremos tu voz”. Una espectacular
movida marketinera que recaudó muchísima imagen positiva para
las bandas (y sus multinacionales detrás), y de paso pudo lavar las
conciencias apesadumbradas de los músicos millonarios que sienten culpa
por la pobreza ajena. Bono necesita el dinero para África ya; pero
mejor que el dinero lo aporten los demás. Es mejor para él capitalizar
su imagen de cruzado humanitario ante una audiencia global, y no verse en
el inconveniente (no menor) de tener que recaudar los fondos y hacerlos llegar
a destino.
El negocio
para Bono no es vender más entradas para un recital o más discos.
Eso llegará solo mientras se acreciente su imagen pública, políticamente
correcta hasta el extremo de la falsa pose de darle de comer en la boca a
un niño pobre.

De tan
exagerada, finalmente la postura es sospechada de ser artificial. En una entrevista
reciente con la BBC de Londres, Bono reconoció que su activismo político
le trajo problemas con sus compañeros de grupo. "Se llegó
a un punto donde realmente tuve miedo de que los otros me expulsaran de la
banda", declaró.
Luego
de su almuerzo en Brasil con el presidente Lula da Silva (a quien calificó
de su “héroe”), la agencia ANSA informó que “Bono
declaró que estaba en riesgo su permanencia dentro de U2 a causa de
las protestas de su compañeros por dedicarle tiempo demás a
su actividad política, políticamente correcta a tal punto que
tuvo que recibir criticas de sus compañeros cuando lo recibió
el estadounidense George W. Bush.”
No solo
Larry Mullen, The Edge y Adam Clayton son cada vez más escépticos
respecto al activismo de Bono. También su colega y guitarrista Eric
Clapton criticó que pasara tanto tiempo “sermoneando a los
políticos del planeta".
“Tenemos que defender a Estados Unidos”
Pero
si hay un momento que descubre el pensamiento que oculta Bono detrás
de tanto humanitarismo forzado, es la publicitada gira que hizo en mayo de
2002 por África junto al Secretario del Tesoro norteamericano Paul
O’Neill, al que Bono calificó de “conservador compasivo”
(juntos en la foto). Una movida que sin dudas le dio un rostro más
amigable a la misión del implacable halcón republicano, ortodoxo
e intransigente en su política hacia los países pobres (que
también hemos sufrido en Argentina, pero lamentablemente sin estrella
de rock adjuntada).
Con los
ánimos todavía conmovidos por los atentados del 11 de septiembre
de 2001, Bono confirmó en una entrevista con CNN que su cercanía
con los gobernantes norteamericanos no es solo física, sino también
de ideológica. En tiempos en los que el ciudadano medio estadounidense
se preocupaba obsesivamente por la seguridad interna, los problemas del hambre
y la pobreza en África les parecían ajenos y lejanos. Por suerte,
estaba Bono para advertirles:
“Alguien
bien de arriba en el gobierno me dijo, algunos meses atrás, que están
bastante alarmados porque hay otros diez potenciales Afganistán en
África. No creo que sea inteligente quedarse esperando hasta que estos
países exploten en nuestras caras. No creo que sea económicamente
ingenioso, por otro lado, porque cuesta mucho más apagar un incendio,
que prevenirlo. Por eso estamos aquí”.
El interés
por los pobres deviene entonces en interés por la propia seguridad.
Para Bono, parece que no hay que ayudar a África porque es un deber
moral y una deuda que el mundo desarrollado tiene con sus ex colonias. Hay
que hacerlo para prevenir el surgimiento de potenciales enemigos para su país.
¿“Su”
país, Estados Unidos? No es un error de tipeo. También en esa
entrevista, Bono ya hablaba del gobierno norteamericano, en primera personal
del plural: “Tenemos un presidente interesado en estos problemas
(Bush, no el presidente de Irlanda del Norte). Tenemos un Congreso interesado
en estos problemas, a ambos lados del espectro, los Demócratas y los
Republicanos.”
Esto no
es todo. Bono directamente adopta a Estados Unidos como segunda patria, y
la defiende como tal: “En este momento, todos están pensando
acerca del 9/11 y defendiendo a Estados Unidos, y yo los apoyo en eso. También
tenemos que defender –como extranjero, como irlandés, puedo decirlo–
la idea de Estados Unidos”. Finalmente, termina declarándose
“fan” de Estados Unidos.

Una vez
más, Bono junto a los halcones republicanos. En esta foto, sonríe
con la Secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice
Los
perdedores de siempre
La Revista
Time lo eligió como la personalidad de 2005 por su compromiso humanitario,
junto a paladines de la justicia social como lo son Bill Gates y su esposa
Melinda. La ciudad de Buenos Aires no podía quedarse atrás,
y lo distinguirá como ciudadano de honor. Bono continuará en
Argentina con su rutina de visitar despachos gubernamentales, agigantando
su personaje que tan buenos réditos le ha dado. Como siempre, los políticos
estarán felices de tener una foto a su lado.
Preguntamos
al principio quién pierde en este escenario de simulacros que mueve
cifras multimillonarias. Los perdedores son los mismos de siempre; los chicos
pobres de todo el mundo que son utilizados para la foto, que a pesar de ellos
mismos siguen siendo un reservorio de legitimidad al cual acuden estrellas
de rock que ganan fortunas al jugar con maestría el juego de ser políticamente
correctos.
23/2/2006
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www.solesdigital.com.ar
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