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Bono en Argentina: Un oportunismo previsible

Por Mariano García
@solesdigital

BonoUna semana antes de los recitales de U2 en River, ya habíamos anticipado en este medio la particular forma en que su líder y cantante Bono hace “militancia social” (ver nota). Su periplo por Buenos Aires no fue sino una confirmación de lo que ya habíamos criticado: una marcada tendencia a ser oficialista en todo país que visite, su obsesión por desfilar por los despachos presidenciales y un doble discurso que fue aplaudido por más de 100.000 personas. Un político con todas las letras, en la peor de las acepciones del término.

Previo a los recitales, numerosas organizaciones del tercer sector (antes, conocidas como ONG’s) habían solicitado su presencia para apoyar diversas y nobles causas. Sin embargo, una vez más Bono (nacido el 10 de mayo de 1960 como Paul David Hewson) prefirió las luces y pompas oficiales, a los verdaderos problemas sociales.

El miércoles 1º de marzo, se reunió con el presidente Néstor Kirchner, tal como lo hizo con los primeros mandatarios de Chile y Brasil. Ya comentamos anteriormente, que la fascinación de Bono por los políticos, es sólo comparable a la admiración de los políticos hacia Bono. No fue sorpresa, entonces, que al encuentro hayan concurrido también la primera dama, Cristina Fernández (a quien Bono besó reverencialmente la mano), Alberto Fernández (jefe de Gabinete); Oscar Parrilli (secretario general de la Presidencia); Héctor Icazuriaga (titular de la Secretaría de Inteligencia del Estado) y Miguel Núñez (vocero presidencial). Toda una comitiva que varios líderes mundiales envidiarían.

Bono, Cristina Fernandez y Nestor Kirchner

Un errático embajador

Una vez en escena, ya por la noche, el líder de U2 dio más muestras de oportunismo político. En un forzado español, habló de cómo este país había superado la crisis y saludó a la “nueva Argentina”. La pantalla gigante del escenario sirvió también para los mensajes políticos de la banda. En su tema “One”, hizo un errático llamado a la unidad haciendo desfilar banderas de todos los países latinoamericanos.

Con una estética pop bien a lo Warhol, ideal para trivializar cualquier imagen política, se sucedieron las estampas de Evita junto a la del actor e ícono gay Ruppert Everet (¿?), y aún peor, las de los presidentes Bush y Kirchner (un logro que supera las contradicciones de cumbres y contracumbres, aunque sigue siendo confuso el hecho de que el irlandés se asuma como embajador norteamericano).

Para continuar con sus buenos deberes, en su obsesión por ser cada vez más candidateable al premio Nobel de la Paz, proyectó también la Declaración Universal de los Derechos Humanos, algo que bien podría recordarles a sus “amigos” George Bush y Tony Blair, a quienes ha apoyado incluso después del fiasco de Irak y las evidentes violaciones a los DD.HH. perpetradas allí por ambos gobiernos.

Semejantes contradicciones pueden pasar por alto, si alguien ha sido elevado al status de ídolo pop. Y si por casualidad alguien pensó que la parafernalia se estaba tornando peligrosamente en propaganda norteamericana, todo queda en empate al dar vuelta la campera con barras y estrellas y lucir nuestra querida bandera albiceleste. Un poco de demagogia, y quizás la próxima vez los fans lleguen hasta aplaudir la imagen de Bush en pantalla.

8/3/2006

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