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Entrevista a Botafogo luego de su aniversario en el ND/Ateneo

“Tener una buena repuesta por parte de la gente es un premio a la perseverancia”

Por Mariano García
@solesdigital

El guitarrista de blues Miguel Vilanova, alias Botafogo, celebró en abril sus treinta años de carrera musical con un concierto en el Teatro ND/Ateneo, donde no faltaron los invitados especiales (las Blacanblues y Valentino, entre otros) y en el cual el clima festivo fue permanente. Antes de volver al mundo que le es familiar, el de los clubes chicos y las giras por el interior del país, reflexiona en esta charla acerca del presente que vive, de cómo han sido estas tres décadas en las que vivió de y para la música, y nos adelanta detalles de su próximo disco.

Unos minutos de demora en la entrevista con Botafogo resultan ser muy provechosos para meterse un poco en la intimidad de su casa, en el barrio de Belgrano. El sonido de su guitarra llega claro y fuerte desde la sala de ensayo, donde da clases a uno de los tantos alumnos que lo han elegido como “blues maestro”, como a él mismo le gusta definirse. Su casa es, claramente, una casa de blues. Además de ser la música que suena de fondo –y hasta se escucha desde la vereda– el blues está representado en una gran cantidad de imágenes. En la galería personal que adorna las paredes de su casa, abundan los afiches de sus shows (la puerta de la sala de ensayo muestra uno de gran tamaño, de cuando estuvo en Japón), posters de grandes guitarristas como Albert King, fotos propias y hasta una en la que se lo ve junto a Eric Clapton en Chile, donde compartieron escenario.

Termina la clase con su alumno; es el momento para que Botafogo se tome unos minutos para almorzar, antes que llegue el próximo. La espera en la cocina también es un buen momento para curiosear y ver las credenciales que adornan una de sus paredes, registro de los cientos de shows a los que ha sido invitado como soporte. Nombres como los de B.B. King, James Cotton, Carlos Santana, Guns & Roses, Buddy Guy, Scott Henderson o Jeff Beck, dan cuenta de que el señor que está a punto de comenzar la charla supo ganarse un lugar privilegiado en el mundo de la música. El balance de todos estos años de trabajo, no puede ser más que positivo.

Después del show en el ND/Ateneo tengo la sensación de no haberme defraudado –reconoce–. Y además de felicitarme a mí mismo, estoy agradecido a quienes me ayudaron a estar ahí, a quienes me permitieron seguir tocando. Fue algo muy lindo, a pesar de que una inmensa mayoría no se haya enterado. Pero no siempre el éxito se mide con esa vara; hay éxitos comerciales, pero también puede ser algo mucho más simple, como lo mío. Luego del recital recibí decenas de e-mails, todos maravillosos, y tuve algunas críticas que realmente me emocionaron.

La vieja historia de no ser profeta en su tierra parece acompañarlo también a él, como a otros tantos músicos argentinos que tienen más reconocimiento en el exterior que en su propio país. Su historia es la de un seguidor de Pappo’s Blues, un “cholulito” según sus propias palabras, que con tal de estar cerca de su ídolo, se ofreció para ser plomo de la banda. Luego llegó la oportunidad de ser parte del grupo, de seguir aprendiendo, hasta convertirse en uno de los guitarristas más requeridos del mercado. El grupo Durazno de Gala fue el paso previo antes de afianzar su carrera solista, que lo llevó a tocar por Europa, Japón, Estados Unidos, Australia e incluso Marruecos. Botafogo tiene el orgullo de haber tocado en los cinco continentes, como a él le gusta admitir.

Luego de tantos viajes, muchas de sus experiencias en el exterior han dejado huella: “Hay cosas que son inexplicables –dice al respecto–, y te hablo de todas mis actividades (NdR: además de dar clases, hace años que edita libros didácticos para la editorial Ricordi). Hay un chico que me llamó de Canadá, que el padre tiene una revista de blues, y le llegan decenas de libros. Pero este chico está aprendiendo por primera vez con el mío. ¡Me llamó específicamente para decirme eso! O en Japón, por ejemplo, un guitarrista me dijo que le gustaba lo mío porque yo toco mucho pentatónico, y la música tradicional japonesa es pentatónica. En general, la gente que es sensible a las músicas está en todo el mundo, no hay límites fronterizos o raciales.

Sin embargo, como buen músico de blues que es, admite que tocar en Estados Unidos es algo especial: “Los músicos norteamericanos conocen el estilo como si fuese el agua; eso es tremendo. Con el público, por otro lado, es cuestión de transmitirles algo; porque lo mío es sencillo de oír, y es una música que ellos conocen mucho. Me acuerdo de una vez que toqué en el Festival de Baltimore, yo cerraba una de las noches, y había dos viejitos, afroamericanos, de unos sesenta o setenta años, con sombrerito, bastón, pipa. Y se compraron mis compacts, uno diferente cada uno, así se los prestaban... ¡y me vinieron a pedir que les firme los discos! Yo les pregunté ‘¿está seguro que no se equivocaron?, porque ustedes deben conocer a cada artista...’, y ellos me decían ‘no, no... a nosotros nos gustó mucho tu actuación’. Me costaba creer que dos afroamericanos comparan mis discos. Otro fue un señor en Washington D.C., que estuvo toda la tarde viendo una prueba de sonido. Un señor rarísimo, de pelo blanco, barba blanca, un traje blanco con bastón, un sombrero de esos con una serpiente arriba... Toda la tarde mirándonos, y en un momento se paró, y fue a buscar mi disco ‘Cambios’. Lo fue a buscar directo, con mucha decisión; sacó la plata y lo pagó. Le pregunté por qué ése específicamente, y me dijo que había leído una crítica buenísima en esa revista de Canadá que te conté. Él era coleccionista, me estuvo buscando por todas las disquerías y no me encontraba. Y ese día vio mi nombre en el diario, y me fue a buscar. Curiosamente, el disco por el que vino fue el que la revista Rolling Stone de Buenos Aires destrozó en cinco renglones. En cambio, en Canadá, me dedicaron un informe completo, tema por tema”.

Las críticas siempre han sido motivo de conflictos y encontronazos entre periodistas y músicos (y artistas en general); y a Botafogo no le molesta hablar del tema con nombres y apellidos: “Generalmente no me molestan las críticas desfavorables, pero en el caso de la Rolling Stone con el disco ‘Cambios’ sí. Se notaba que el que la escribió ni había abierto el compact. Fue Daniel Riera, que ahora no está más. También me molestó que un tipo que se gana la plata haciendo una revista de rock en Argentina, una revista inglesa que viene acá porque hay un mercado que creció, diga ‘voy a hacer mierda a un artista de acá... ¿a ver de qué sello es? Carlitos...’ ¿Por qué no te metés con la Warner, con Sony, con Universal? Porque son los que ponen el billete. Es una actitud miserable, para un joven que vive del rock argentino. Eso es algo que pasa mucho. Te encontrás con un joven, que por trabajar en la Rock & Pop, se cree más que Pappo, que fue el que acá puso la piedra fundamental en el rock. Por ahí son detalles de viejo choto: lo admito, soy un viejo choto. Pero son detalles que me parecen importantes.”

Viejo o no, su palabra es la de alguien que en estos treinta años ha editado cinco discos como solista, y ha grabado junto a leyendas del blues como Taj Mahal, Deacon Jones y Johnny Rivers. Pero Botafogo aún tiene una deuda pendiente: grabar un disco de temas propios. Ese es precisamente su próximo objetivo: “En mi próximo disco van a ser todos temas míos, salvo dos o tres homenajes que quiero hacer. Es algo que me debo, porque mis últimos discos fueron grabados en vivo, y ahí hay muchas versiones de clásicos del blues. Porque los temas conocidos tienen un lenguaje en común más apropiado para tocar por otras partes del mundo; en las giras, no hay tiempo para ensayar temas originales. No lo hice antes porque estuve practicando y aprendiendo, perfeccionando el idioma. Estuve trabajando y estudiando un poco para mejorar las letras de las canciones. Me ayudaron personas como Adrián Otero (cantante de Memphis), o Miguel Cantilo. Todavía no salió porque estoy aprendiendo a cantarlas, me hice mi propia ‘Generación Pop’ en casa. Estoy practicando para que los temas se me hagan piel, y que se hagan simples. Me gustan las canciones que se pueden cantar con un trío a todo volumen para quince mil personas, o con una guitarra criolla, algo que hacen muy bien Divididos o The Police. Eso me puse como objetivo: que cualquiera pueda tocar mis canciones, que no se necesite ser un virtuoso para tocarlas.

Es precisamente el virtuosismo un tema que obsesiona a la mayoría de los músicos. Pero él se considera un trabajador, no un talentoso: “Yo no tengo oído absoluto, no tengo buena digitación ni buena técnica en ninguna de las dos manos, todo me cuesta y me costó un montón. Incluso aprender música. Por eso tener una buena repuesta por parte de la gente es un premio a la perseverancia. Yo con cincuenta años sigo haciendo mis libritos, pienso en acordes, escalas...” Suena el timbre de la casa, y por las escaleras sube otro joven alumno, con su guitarra a cuestas. Botafogo nos despide y vuelve a lo que él considera un privilegio: vivir de la música.

Notas relacionadas:

junio 2003.

Botafogo presenta su DVD, "Blues Maestro"

Botafogo, "Don Vilanova"

www.solesdigital.com.ar

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