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Treinta años
en la música
Botafogo
y amigos
Por
Alicia Nieva
Miguel
Botafogo festejó sus treinta años de carrera musical con su
banda y sus fieles seguidores en el ND Ateneo el sábado 6 de diciembre.
Una sinfonia blusera en la que Botafogo fue el director de orquesta.
Si como
dice Botafogo, "Dios está escuchando una sinfonía blusera",
de seguro fue la que sacudió el sábado 6 de diciembre un Ateneo
repleto de fanáticos seguidores dispuestos a festejar con el guitarrista
sus treinta años de carrera.
Cualquier
tugurio de Memphis podría haber sido el escenario de la zapada improvisada
que comenzó a las 20.30 con Botafogo y su Dobro plateada como toda
companía, y terminó dos horas después con once de sus
músicos amigos en lo que fue una verdadera orquesta blusera. Con una
versión acústica del tema de Pappo "Blues para mi guitarra",
Botafogo rindió homenaje a ese referente indiscutible del blues eléctrico
en nuestro país, con quien debutara a los diecisiete años en
la "Pappo´s Blues Band". Sentado en un taburete celosamente
rasgaba las cuerdas como bien podría haberlo hecho cuando a los 12
años recibiera extasiado su primera viola.
Pero ningún
festejo puede preciarse de tal si faltan los amigos . Pronto fueron sumándose
los invitados como quien trae una bebida bajo el brazo, para integrar la orquesta
blusera de la que Botafogo fue el director.
Tras el
melodioso "Amor en el zaguan" interpretado junto al bajista Sergio
Arias, (a quien conoció en alguna de sus cien giras anuales por el
país) y al baterista Chester Castelani, se sumaron el cordobés
Dante Medina con su saxo, y el tecladista de Hammond venido de Guadalajara
Omar Ramirez. El pianista Gustavo Lozano, quién según Botafogo
fue expulsado de un reality show sólo por tocar blues, se integró
al elenco. El ambiente fue tomando temperatura y las chispas que arrancaron
los solos de cada instrumento templaban las palmas insaciables de la tribuna.
Sobre todo cuando sonaron los clásicos de Willie Dixon, “Little
Red Rooster”, o “Backdoor Man”.
La batuta
del blusero indicaba las salidas y entradas de los músicos, como cuando
con un ademán de la mano pedía un solo de armónica del
cordobés Fabricio Rodriguez o del violero de Memphis Lucas Sedler en
"I want to be loved", cuyo sonido emulaba al inconfundible Eric
Clapton.
Lo que
podría haber sido un duelo entre virtuosos no lo fue, todos encolumnados
tras el Maestro cuyo éxtasis vibraba en las seis cuerdas de su guitarra.
El encuentro
del sábado fue más bien un reencuentro. Un reencuentro de Botafogo
con su público, con sus amigos, con sus alumnos –que hicieron
el debut con su docente–. Fue un reencuentro también con quienes
compartió su gira a Estados Unidos en el 2002, en el Beale Street Music
Festival de Memphis. Roy y Sarcofago de los Ratones Paranoicos lo acompañaron
en la versión eléctrica de "Blues para mi guitarra",
también Dicky Campolongo rockeó "Lucia" para deleite
de todos.
El agasajado
vivió con libertad su jornada de blues, incluso convocó músicos
de instrumentos no convencionales para el género, como Ariel Chaab
en el sitar, Nuria Martinez en el siku y el Mono Insaurralde en la flauta
traversa para darle un toque jazzero-mistico a "Backdoor Man". Para
que quedara todo en familia, su hijo el baterista ex Animal, actual Carajo,
Andres Villanova, completó la banda que ya contaba con un percusionista.
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Congraciado
con el publico Botafogo, sólo dejó de tocar porque luego había
otra espectáculo en el teatro. Su melenuda cabeza se perdió
tras los abrazos de sus adeptos, entre las butacas y pasillos, luego de una
zapada que bien podría haber sido una blues session sin fin.
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