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Goran
Bregovic presentó “Karmen con final feliz” en el Gran Rex
Miseria
y romanticismo, estilo balcánico
Texto y foto: Mariano
García
mariano@octubre.org.ar

En
su tercera visita a nuestro país, Goran Bregovic presentó
una adaptación libre y muy particular de la ópera “Carmen”
de Bizet. En su nuevo espectáculo “Karmen con final feliz”
–que pudo verse en el Gran Rex los días 3 y 4 de octubre–,
el músico y compositor bosnio traslada la acción de la Sevilla
de mediados del siglo XVIII a la actualidad de los Balcanes.
Esta Karmen
gitana está hecha a la medida de las pasiones musicales de Bregovic.
Su argumento tragicómico encaja a la perfección con su “música
para bodas y funerales” que ofrece por partes iguales alegrías
y tristezas. El autor se propuso que su adaptación sea lo más
gitana posible: de ahí su final feliz (de acuerdo con Bregovic, los
gitanos prefieren los finales felices), que vocalmente no requiera cantantes
de ópera, y sobre todo una formación mucho más reducida
que la orquesta que presentó en el Luna Park en su anterior visita
a Buenos Aires. Tanto en su argumento como en su interpretación, es
una obra pensada realmente para que pueda formar parte de cualquier grupo
de gitanos itinerantes que se precie.
La figura
de Bregovic en escena dirige pero no protagoniza. Pasan más de veinte
minutos desde que comienza el show, hasta que aparece en escena. Antes de
él, se presenta la solista Vaska Jankovska, la sección de vientos
que conforma el núcleo del grupo (Bokan Stankovic y Dragan Celevski
en trompetas, Stojan Dimoven saxo, los trombones de Ivan Jovanovic, Goran
Odovic y Aleksandar Rajkovic, y Dejan Manigodic en tuba) y el carismático
y joven Ognjan Radivojevic (bombo, acordeón y voces). El grupo se completa
con las voces femeninas de Daniela Radkova-Aleksandrova y Ludmila Radkova-Trajkova.
En cuanto
al argumento, “Karmen...” se sitúa en los márgenes
de la sociedad europea, en las culturas nómades de gitanos asolados
por la pobreza y la explotación. La sevillana cigarrera pasa a ser
un prostituta rumana que solía ser abusada por el dictador Ceausescu,
y que ronda por una anónima Estación Central. Su amor es disputado
por Fuad, un barrendero gitano que era el amor de su infancia en Belgrado,
y el policía italiano Zoze, que ha dejado a su mujer Michaela por la
gitana. Estos dos personajes antagónicos sirven para que Bokan Stankovic
y Dragan Celevski puedan desplegar sus capacidades como cantantes y trompetistas,
y será mediante duelos musicales que se debatirá el amor de
Karmen.
Para equilibrar
el triángulo y llegar al final feliz que se anuncia en el título
de la obra, Michaela se reconcilia con Zoze, Karmen hace lo propio con Fuad,
y una doble boda da el pie para un final a toda orquesta. No hay celos que
lleven al asesinato, para eso está la vida real.
El mestizaje
y la caótica multiplicidad étnico-cultural de los Balcanes deja
su impronta. Se puede escuchar a los personajes hablar en lenguas nativas
como el gitano y el serbio, mezclado con italiano y español. Subtítulos
proyectados en el escenario hacen que la obra pueda ser apreciada en su totalidad
por el público internacional. Musicalmente, en la mezcla se hace todavía
más difícil diferenciar elementos puros –hay fanfarrias
gitanas, polifonías búlgaras, hay de todo...–, y eso es
lo que la hace más atractiva.
Esta vez,
no hay ni secciones de cuerdas ni coros. Un planteo mínimo y accesible
para una ópera gitana que dará mucho que hablar, y que el público
argentino despidió con salas llenas y un fervor digno de un espectáculo
único.
5/11/2004
www.solesdigital.com.ar
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