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Chris Cornell, entre covers y recuerdos

Por Andrés Enriquez Dibós

 “Me gusta malgastar  mi voz y romper guitarras, porque no me recuerda a nada” canta Cornell al final de Doesn’t Remind Me, tema de la disuelta Audioslave. Quizás lo que mejor hace Chris Cornell en la actualidad es llevar su soberbia voz más allá de la frontera del asombro. Ya en sus cuarenta y largos años no rompe guitarras, por eso la ecuación de anoche, en un colmado Gran Rex, fue recordar y repasar su carrera, desnudando temas propios y prestados en su segunda visita al país.

Emprender una gira íntegramente en formato acústico no es una tarea para cualquiera. Más aún si aquel que la lleva a cabo fue uno de los íconos del movimiento del rock alternativo nacido en Seattle, mejor conocido como grunge, allá a fines de los ochenta. Pero el ¿ex? líder de Soundgarden (prometen volver a girar el año que viene) mostró, a través de los años, otra sensibilidad artística en sus discos solistas, que lo acercaron más a un soft rock que a la distorsión ensordecedora de las guitarras de su primer banda. Por eso, hoy no es raro verlo en esta versión desenchufada girando por el mundo, donde lo único que lleva a cuestas es una guitarra y su inconfundible voz.

La noche comenzó a desenfriarse de las cómodas butacas del teatro en el medio de un “Ole, ole, ole, Cornell, Cornell” cuando el artista salió al escenario. Rápidamente, vestido con una simple remera blanca y jeans negros, arremetió con un cover del sensible tema (What's So Funny 'Bout) Peace, Love, and Understanding de Nick Lowe, con un par de cambios de velocidad más arriba que la original. Buen comienzo. Luego vendría Can`t Change Me de su primer trabajo solista Euphoria Morning para abrirle el camino al lado B Hope and a Promise Fade y Ground Zero, las únicas dos melodías del último disco Scream, editado en 2009. Más que una casualidad, fue una causalidad el hecho de que el largo setlist tuviera solamente dos canciones de aquel álbum. En este trabajo, criticado por sus fans, más que un coqueteo con la electrónica, hubo un encuentro de relaciones carnales. 

Y la velada siguió su largo camino con clásicos como Be Yourself  o la anti Bush Wide Awake de Audioslave, demostrando en ésta última la vigencia intacta de su potente y llamativa voz, que tranquilamente podría haber encajado en una banda de glam rock de los ochenta. Tampoco se olvidó de transitar por algunos temas de la banda tributo que formó en 1990, en honor a su amigo Andy Wood, fallecido por sobredosis. De aquella banda, Temple of The Dog, interpretó el clásico “Hunger Strike”, sin Eddie Vedder en la voz, pero sí acompañado con el cigarbox del polifacético músico chileno Alain Johannes. Wodden Jesus y Call Me a Dog fueron las otras dos que conformaron el trío conmovedor de aquella agrupación.

El punto negativo del recital se debió al exceso de covers. Cornell podría prescindir sin problemas de versionar tantos temas de otros artistas, más aún con su larga trayectoria a cuestas. Pero anoche no fue así. No es lo mismo sorprender con una perfecta y emotiva interpretación de Thank You de Led Zeppelin o con la esperanzadora Long As I Can See the Light de Creedence, que escuchar una versión más de Imagine de Lennon o Redemption Song de Marley. Pese a esto, Cornell no desentonó. Su plus reside en su sello personal que parece consistir en alardear con su técnica vocal, bajando y subiendo al máximo las notas sin desafinar.

Y su primera gran banda tuvo también su momento en esta travesía por las reminiscencias de Chris. Black Hole Sun de Soundgarden subió la temperatura de la noche. Sin embargo, desenchufar ciertos temas puede resultar un tanto artificial, y si bien este clásico gana en sensibilidad en esta versión, pierde fuerza en el estribillo con la ausencia de los coros. De todos modos, esto no importó a la gente. Fell on Black Days sí sonó más amoldada a este formato.     

No faltaron la bella balada When I’m Down, tema con una base de piano grabada en un disco de vinilo, que el mismo Cornell puso antes de interpretarla;  ni la melancólica Sunshower de la película Grandes Esperanzas. También hubo una evocación al Rey del Pop con Billie Jean, en una gran versión que ya conocimos en su álbum Carry On. Y al final, el público, que no se quería ir, tuvo su premio con el clásico Blow up the Outside World de Soundgarden, donde su voz llegó quizás llegó al punto máximo, exigiéndose en todo momento, dejando boquiabiertos a más de uno. Es que no se trató de un recital donde malgastó su poderosa voz. Por el contrario, el que anoche se hizo presente en el Gran Rex, habrá sido testigo de los recuerdos de Cornell, quien simplemente, la gastó.      

10/11/2011

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