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Dream Theater

Vuelo académico con peso metalero

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Fotos: Beto Landoni

John Petrucci - Dream Theater

Quizás, cuando se piensa en un recital de heavy metal, sea thrash metal, power metal, black metal, progressive metal o de cualquier otro tipo, se imagine a cientos de fanáticos, vestidos de negro, sacudiendo largas melenas y empujándose a los golpes. Sin embargo, esa idea paleolítica, de danza simiesca entre oscuros, cabezas huecas, esta lejos de la propuesta de Dream Theater.

La variante de heavy metal que ofrece Dream Theater, se enmarca dentro del progressive metal, subgénero metalero, cuyas composiciones de vuelo académico pueden disfrutarse en silencio y con los ojos cerrados.

Dream Theater pone su virtuosismo instrumental y lírico al servicio del metal, desplegando un talento reconocido internacionalmente en los distintos círculos metaleros. A esto, le suma una propuesta escénica que invita más al disfrute introspectivo, que a la participación gutural y desenfrenada, propia de las tribus heavys.

Puede decepcionar un poco la ausencia de un espacio para el clásico moshing o pogo, que permita corporizar la energía que descarga la banda sobre su público. Pero esto no evita disfrutar de esa energía, una vez que la propuesta cala en una suerte de goce onírico instrumental, que los músicos saben extender en largos solos.

La música elaborada y creativa de Dream Theater demanda una atención especial a su audiencia, y el domingo 14 de marzo esa atención fue altamente gratificada.

La introducción, con una armonía neoclásica, quizás lejanamente inspirada en Bela Bartok, o Carl Orff, comenzó a sonar unos minutos después de las 21. Inmediatamente, se distinguen los primeros acordes del primer tema que abre el nuevo album, "A Nightmare to Remember" (Black Clouds & Silver Linings, 2009). Un largo set de más de 18 minutos, anticipa la sonoridad épica que Dream Theater irá desplegando.

Visualmente hubo algunos detalles como el de Mike Portnoy tocando a lo streetbaterie dándole la vuelta a su set, o el solo de Jordan Rudess con un teclado Roland GT-Pro, que hicieron entretenido el muestrario de virtuosismo que fue el show. Pero hubo otros detalles, como los insípidos videos, que podrían haberse evitado. Por ejemplo, una suerte de hechicero animado en 3D, mal dibujado, se suponía que era algún tipo de referencia al talento de Rudess, pero simplemente se vio insulso.

Mike Portnoy - Dream Theater

Durante una hora y cuarenta y cinco minutos, se sucedieron temas del último trabajo, solos instrumentales increíbles y épicas anteriores, de sus trabajos más reconocidos. Así, pasaron entre otros Beyond this life (Metropolis Pt.2; Scenes From A Memory, 1999), The mirror (Awake, 1994), Wither (2009), y Sacrificed Sons (Octavarium, 2005).

Cada artista que compone Dream Theater tuvo tiempo para demostrar en solitario lo que sabe hacer. John Petrucci podría derretir glaciares con su guitarra, Rudess extendió los limites del teclado y Portnoy le sumo carisma a la percusión, para su entretenido momento. Por otro lado, el silencioso John Myung, se hizo oír desde su bajo, aunque siempre manteniendo el segundo plano que le resulta más cómodo. Finalmente, James LaBrie manejó un debido registro y su actuación fue satisfactoria.

Hay que decirlo: una agrupación que une, combina y potencia, talentos de grandes artistas como Portnoy, Petrucci y Rudess, solo necesita subir al escenario para dar un gran show. Bueno, subir y tocar, como lo hicieron durante dos noches en el Luna Park.

15/3/2010

www.solesdigital.com.ar

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