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Foo Fighters: rock de alto voltaje

Por Andrés Enriquez Dibós


Foto: Télam

Ahí está el melenudo Dave Grohl vestido de negro, corriendo de lado a lado del escenario con guitarra en mano, mirando y arengando a un excitado público que se entusiasma ante los desnudos riffs que preceden al estallido colectivo. Ante una espera casi eterna que duró 17 años para que Foo Fighters viniera a Buenos Aires por primera vez, los norteamericanos pagaron con creces ofreciendo una presentación enérgicamente proporcional al ánimo de una audiencia que deliró durante dos horas y media de rock. Sí, a puro rock.

El tema que abrió las puertas de la agitada noche en Nuñez fue la potente Bridge Burning del quizás mejor disco de toda su carrera, “Wasting Light” (2011). Sin tomarse respiro alguno, también entraron detrás Rope, The Pretender y My Hero, un auténtico cuarteto de hits de ahora y siempre, que identifican a la perfección el estilo y sonido de la banda nacida allá en 1994, en Seattle, luego del suicidio de Kurt Cobain y la consecuente extinción de Nirvana. Casi sin darse cuenta, Grohl, frontman muy carismático e histriónico, hilvanó y forjó a través de la música y el tiempo, una de las bandas de rock más grandes y convocantes de la actualidad (a pesar de que el estadio no estaba lleno).

 “You’re fucking loud! … and I like that” (algo así como “¡Gritan fuerte!...y eso me gusta”) gritó Dave Grohl, entre sus tantos aullidos de la noche, para comenzar a interactuar con la gente, cuestión que se repetiría a lo largo del show. La gente, como suele suceder en estos rituales rockeros, responde al halago con los cánticos de cancha que ya conocemos todos. Luego del pequeño impasse, vendrían el hit Learn to Fly, una soberbia versión de la heavy metal de White Limbo, y las pogueras Alandria y Breakout.

La banda, como pocas, carece de histeria y divismos, y en vivo se apoya mucho en un buen sentido del humor que compra hasta el mayor detractor. Uno de los mejores momentos fue el cómico y gestual duelo de Guitar Hero de la noche entre Dave Grohl y Chris Shiflett o los chistes de Grohl al excelso batero Taylor Hawkins por su bigote, quién jugó con el público a personificar a Freddy Mercury. Pero las cosas también se pusieron profundas cuando Grohl entonó “I should have known that it would end this way, I should have known there was no other way” (“Debí haberlo sabido que terminaría de esta manera, debí haberlo sabido que no había otro camino”) de la triste e introspectiva balada I Should Have Known dedicada a su difunto amigo Kurt Cobain, a quien aún no le perdona haber dejado este mundo de una forma tan trágica.

A pocos días del maratón de recitales de Roger Waters, ¿casualmente? Foo Fighters nos regaló una inmejorable versión de In The Flesh? de Pink Floyd, con un impecable Taylor Hawkins en la voz. El otro homenaje de la banda fue para Joan Jett, quién subió como invitada para hacer su clásico punk Bad Reputation. Y, como no podía faltar, en el medio de la pesada Stacked Actors, incluyeron un fragmento de tema Feel Good Hit of the Summer de Queens of the Stone Age, banda en la cual Grohl tocó la batería en 2002 para el disco Songs for the Deaf.

Lógicamente, no faltaron esos temas que pedía la mayor parte del público. Grohl aclaró desde el comienzo ser consiente de que habían pasado muchos años sin venir a Sudamérica. Por lo tanto, dijo, en tono jocoso, que tocarían casi todo su material. Claramente no fue así, pero sí hubo Foo Fighters de todas las épocas, desde This is the call de su gran disco debut, pasando por temas como Big Me, Best of you o All My Life; todas ellas en versiones extendidas ya que la banda parece disfrutar como niños la improvisación en vivo. Luego del encore, Grohl saldría sólo con su guitarra a cuestas para ofrecer en formato íntimo el midtempo Wheels y la rockera Times Like These.

"And I wonder when I sing along with you, if everything could ever feel this real forever, if anything could ever be this good again" (“Y me pregunto cuando canto junto a vos, si todo pudiese sentirse así de real por siempre, si cualquier cosa pudiese ser así de buena otra vez”) canta Grohl al borde del desgarro de sus cuerdas vocales. El ruidoso portazo de cierre de la noche vino de la mano de la emotiva y estridente Everlong. A esa altura, ya no importaba si la voz se escuchaba baja al comienzo del tema. Ya habían resarcido la larga espera con un rock de alto voltaje. Sólo era cuestión de saltar y gritar a la par de Dave. Y soñar, como reza Everlong, de que la próxima presentación sea así de buena otra vez.

5/4/2012

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