| G3:
Joe Satriani, John Petrucci y Eric Johnson
La
Fórmula 1 de las guitarras
Por Mariano
García
mariano@octubre.org.ar
Fotos:
Leandro Natale (Ver
galería de fotos)
La
reunión cumbre de guitarristas de rock encabezada por Joe Satriani
se presentó anoche en el Luna Park. Mucha velocidad y virtuosismo,
en un show de cuatro horas que se repetirá hoy a las 21 hs. (Av. Corrientes
y Bouchard).

Asistir a un
show de G3 es, musicalmente, como presenciar la Fórmula 1 de las guitarras
del rock. Una reunión de virtuosos solistas que van recorriendo un
vertiginoso circuito movidos por el talento y la velocidad.
A las
21 hs en punto, se bajó la bandera de largada para que Eric Johnson
comenzara a calentar los motores de la noche. Un arranque rápido y
contundente, bien rockero, que luego fue dando lugar a bluses eléctricos,
para promediar una velocidad a media máquina. Algunos acoples en el
sonido, y otros desperfectos en el sonido, fueron depurándose a lo
largo de los 40 minutos de su set.
Temas
cortos, a veces aprovechando la sutileza del slide, y mucha destreza en los
solos, fueron los argumentos más sólidos de Johnson, que aportó
una par de vueltas previas para dejar la pista bien testeada.

A
toda velocidad
Primer
descanso de la noche. En los “boxes” del Luna Park, se prepara
la maquinaria de John Petrucci. En el ambiente ya se respira combustible de
alto octanaje.
El guitarrista
de Dream Theater pone sexta desde el inicio, con muchísimo más
vértigo y poder en su propuesta, que responde al principio físico
“Fuerza = Masa x Aceleración”. Más peso, más
velocidad, dan como resultado más y más fuerza en el sonido
que llena la sala.
Con su
estilo milimétrico para tocar, Petrucci se gana las ovaciones de la
gran cantidad de fans de Dream Theater que concurrieron a verlo. Montado sobre
los temas de su último CD solista, “Suspended animation”,
toma las rectas del circuito de la noche a todo motor, siempre para adelante
y batiendo récords de notas por segundo. 45 minutos con las RPM al
máximo.

Por
los caminos de Satriani
Exhaustos
por las picadas de Petrucci, el segundo descanso se hace una necesidad. Entonces
llega Joe Satriani, con una filosofía más sutil para encarar
el circuito. El virtuoso solista se mete en más curvas, no quema los
motores.
Con Satriani,
entramos en la mejor parte del recorrido, la que más se disfruta. Con
un repertorio que se apoya en sus dos discos más reconocidos, “Surfing
with the Alien” (1987) y “The Extremist” (1992), sabe también
acelerar y manejarse a máxima velocidad, haciendo rebajes vertiginosos
que mantienen la atmósfera electrizada.
El
momento individual más destacado de la noche llega con una original
versión de “Cool # 9”, ralentizada, divertida, donde los
músicos se dan un tiempo para jugar con la melodía sobre un
sincopado groove aportado desde la batería por Jeff Campitelli. Improvisación
y buen gusto, que hace que el público deje de corear los riffs y se
siente a disfrutar de la música.
Más
“tribuneros” resultan los hits “War”, “Satch
Boogie”, y por supuesto “Summer Song”, coreada por toda
la hinchada.
La balada
“Always with me, always with you”, funciona como nexo hacia la
última parte del show. Se suman paulatinamente Johnson y Petrucci,
y se va dando forma a la recta final del recorrido: la gran zapada final con
los tres virtuosos en escena.
Satriani
cede protagonismo, y sus compañeros van ganando espacio nuevamente.
Cuando Petrucci lanza los furiosos acordes de “Voodoo Child”,
el espíritu de Jimi Hendrix es evocado para dar pie a que cada uno
se luzca junto a los demás. Eric Johnson adorna el tema con un solo
bluseado, y Satriani se anima a cantar. Se suceden las improvisaciones una
tras otras, y el solo que aporta “Satch” es sencillamente descabellado.
Sigue
el homenaje a Hendrix con “Red House”, y la figura de Johnson
se agiganta en el terreno en el que mejor se maneja, el blues eléctrico.
El rubio y lánguido guitarrista, que había comenzado despacio
y sin estridencias, suma puntos sobre la línea de llegada y saca ventajas
en los caminos del blues gracias a su versatilidad.
No pasa
lo mismo con Petrucci, que se muestra apurado, le cuesta hacer la pausa. Parece
siempre a punto de ahorcar a su guitarra, no la deja respirar con soltura,
y espera agazapado el momento de destellar sus relámpagos. Satriani
equilibra con sabiduría ambos extremos, y demuestra por qué
es un maestro entre los músicos.
Llegando
a las cuatro horas de vertiginoso show, el cierre es con “Rockin’
in the free world”, de Neil Young, que pone a todo el público
a cantar de pie. No estará a la altura de los covers previos, pero
cumple con su función de hacer llegar hasta la línea final a
estos tres temerarios de la guitarra que no se guardaron nada en el Luna Park.
24/10/2006
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