Música

NovedadesArchivo

Festival Viaje de Agua Vol.2
PONCHO
Chuck D

Federico Gil Solá: "Nunca terminás de volver una vez que te fuiste"

 


Por Julián Melone
julianyelotro@gmail.com

Foto: Franco Barsi

Federico Gil Solá nos recibe en estudios Aloe, donde solía ensayar como baterista de Divididos para luego comprarlo en 1996. Ya lejos de la etapa que lo hizo más famoso, hoy su estudio es la base de operaciones de su carrera solista, y es aquí donde grabó “Operación Retorno” su último disco con la agrupación “Gil Solá & Exiliados”, que presentará el jueves 20 de octubre en el Teatro del Viejo Mercado (Lavalle 3177, Buenos Aires).

La música de Gil Solá tiene un alto contenido criollo en la fusión folklórica que emplea en la batería a la hora de tocar rock (lo que lo transforma en uno de los mejores bateristas de la historia del rock nacional) y en el lunfardo de sus letras. Sobre exilios, fama, la industria musical y las tensiones entre el mainstream y el under a lo largo de su trayectoria hablamos en esta entrevista exclusiva.

– ¿A qué se debe el motivo recurrente del exilio en tu carrera solista?

– No fue algo consciente. Cuando le pusimos “los exiliados” a la banda hubo distintas lecturas que se le podían dar, como con todo. Por un lado está la literal: que soy un exiliado que se tuvo que ir en la época de La Triple A , que después no pudo volver hasta el ’83. Y la otra sería que de alguna forma somos exiliados de ciertos mecanismos del jet-set, del rock, de ciertos ámbitos comerciales y profesionales. Y también está esto del exiliado que está siempre volviendo de alguna forma. Nunca terminás de volver una vez que te fuiste –de lo que sea. Es transitar un camino: siempre estás de viaje.

– “Leaving las Vergas” también tiene que ver con eso…

– Ya el título disco tiene que ver con ir y volver. Pero son temáticas que no hago conscientemente sino que se van dando. Hasta que no puse todos los temas juntos de “Leaving…” por primera vez, no me di cuenta que había como 3 o 4 temas recurrentes a los que siempre vuelvo. Después en “La suerte….” sí, le pusimos “los exiliados” a propósito porque así se llama la banda. Y en “Operación Retorno”, bueno, uno siempre está volviendo.

– ¿Te sentís exiliado de algo hoy día?

– De cierta estética del rock, que en el fondo no me interesa y no sé si me interesó en algún momento. Hay ciertas cosas que me generan cada vez más rechazo: Pomelo, el personaje de Capusotto, por ejemplo. No digo que yo no sea Pomelo porque todos somos un poquito Pomelo -por eso es que pegó tanto-, pero no me enorgullece serlo. Y por eso trato de que quede lo más disimulado posible [risas]. No me interesa esa cosa de autobombo y “¡El rack!”… no me siento partícipe. Ahora me pasa que con el tema de las redes sociales me escriben un montón de radios chiquitas y medios por el estilo. Y la introducción siempre es esa: “desde aquí apoyamos al rack”… Yo entiendo lo que quieren decir ¡y me parece bárbaro, lo veo simpático! Pero no es algo que me proponga hacer.

– Antes de unirte a Divididos ya habías tenido éxito en Estados Unidos, con la banda Wire Train, que entonces prometía mucho y empezaba a ser una banda reconocida.

– Sí, lo de Wire Train fue una buena experiencia. Pero como todo lo demás no fue algo buscado. Yo nunca me propuse –cuando empecé a tocar la batería y después con bandas– ser famoso y ni siquiera ser músico profesional. Son cosas que me fueron cayendo de arriba y que inclusive hasta rechacé. Cuando me fui de Wire Train -en el ’84, ’85- me llamaron de varias bandas conocidas. Pero no por ser un gran baterista: allá competís con gente grosa en serio y yo ya tenía 23 años y había pibes de 18 que eran mucho mejores que yo; no era ni el mejor de la cuadra. Pero haber grabado en una multinacional y estado en giras nacionales te da cierta chapa. Saben que hay ciertas cosas que te vas a bancar, estás adentro del club. Entonces me llamaron de un montón de bandas y a todas les dije sistemáticamente que no, que no quería saber nada, que había tenido una mala experiencia. Y me propuse, cosa que tampoco fue consciente, volver al under. No me interesaba grabar en una multinacional, estar en MTV y todo eso. Me parece que fue por esta relación ambivalente con la fama o ser músico profesional que no llegué mucho más lejos. En la situación en la que estaba en Estados Unidos podría haber hecho muchas más cosas de las que hice, pero en su momento decidí no hacerlas. Y no fue una decisión calculada, evidentemente. En realidad, visto desde ahora fueron decisiones medio boludas [risas], pero bueno, en ese momento me salió así.

– ¿No ser parte del jet-set y la fama fue lo que te atrajo de Divididos en su momento?

– Sí, con Divididos hicimos exactamente lo que se nos cantó el culo, no hubo ninguna fórmula. Cuando nos volvimos famosos haciendo cosas con el bombo legüero aparecieron un montón de personas a decir “ah, claro, esto es porque ustedes la vieron”, como si hubiera sido intencional. No pasaba por ahí para nada. Además nunca hay garantías de que algo vaya a funcionar. Si las hubiera todo el mundo sería famoso, no habría ninguna banda no conocida y todo el mundo estaría ganando guita. Sobre todo los managers [risas].

– Pero no es solo por Divididos que decidís volver a Argentina, ¿no? Porque no solo volvés: decidís quedarte. Además se te nota en una relación de amor con el país, de mucho cariño con él y su gente.

– Sí, totalmente. Yo quería volver a Argentina. Quería volver a mi país, quería hacer música acá. El público argentino me parecía genial. Es más quilombero, más demostrativo. A veces se van a la mierda [risas] pero lo prefiero. Como artista siempre que te subís a un escenario querés una respuesta, aunque sea que te tiren una botella. Lo que más duele es que te ignoren, una reacción es siempre preferible a ninguna. Si es positiva mejor, pero también hay que bancársela. Después decidí quedarme y de ahí también lo de “Leaving Las Vergas”. Yo tranquilamente me podría haber vuelto a Estados Unidos después de Divididos. O, por ejemplo, Santaolalla me dijo que si iba a México con él iba a tener laburo asegurado. Desde lo profesional habría tenido más sentido que me vaya a otro lado y arrancar allí con la chapa que tenía en ese momento. Pero me quise quedar: o sea ¿cómo explico “A Patri” y todas esas canciones en México? Eran cosas que quería hacer acá. A veces me arrepiento pero en general no, me parece que estuve bien en venir y quedarme.

 

La discografía solista de Gil Solá comienza en el 2001, 8 años después de la edición de su segundo trabajo con Divididos (“La era de la Boludez” de 1993). Luego edita “La suerte y La palabra” en el 2005 y finalmente “Operación Retorno” en el 2016. Respecto a los años de distancia entre discos solista, nos comenta: “Lo que pasa es que yo creo que si vos como músico agarrás un micrófono para cantar me tenés que decir algo. No tiene que ser una cosa panfletaria, al contrario: me tiene que llegar de algún lado; tiene que pegarme en alguna parte de la psiquis o del ser para que tenga sentido que estés cantando. Puede ser desde el humor, desde el amor, desde lo que vos quieras. Pero si no… No cantes. Por eso no tengo tantas canciones como para sacar discos cada dos años, si no tengo algo concreto para decir no digo nada: toco la batería y lo digo desde ahí en todo caso. Pero no canto

– Hay muchas canciones en las que te ponés en la piel de algún personaje del paisaje criollo con el que no estás de acuerdo. Pero no es despectivo sino que tratan de tirar postas, de advertir; e incluso esos personajes tienen consecuencias.

– Está bueno lo que decís, porque además es algo que siempre hice y a veces la gente no la entiende. Siempre hablo en primera persona porque me parece muy choto eso de apuntar con el dedo y decir “mirá que boludo sos”. Me parece más interesante, aunque sea un personaje absolutamente despreciable, ponerlo en primera persona. En “Leaving…” el disco arranca con Love and the Will to Break y hay una parte en la que digo “No contesto el teléfono/probablemente es mi mamá/ estoy violando niñitos/y ya llega mi cumpleaños” [Disconnect the telephone/It´s probably my mom/I´m raping little children/My birthday´s coming up] ¡Y mi vieja se ofendió con esa letra! Y yo explicándole “no soy yo, no es que no te contesto porque estoy violando niñitos [risas], ¿en serio pensaste que era yo?”. Es un personaje: es el tipo más repugnante que me pueda imaginar en el planeta. Incluso al principio arranqué la letra asesinando al vecino, pero después digo “no, eso no es suficientemente despreciable, ¡uno puede tener razón en asesinar al vecino!” [risas] y fui por el tipo que viola niñitos y que ni registra, está pensando en su cumpleaños. Más hijo de puta imposible. Y si, me pongo en esa piel, y por lo general son personajes desagradables porque uno siempre quiere ser el malo de la película. Ser el bueno es mucho más trabajo.

– Sin ir tan lejos como el personaje de “Love and the Will to Break”, ¿Hay algo de vos en esos personajes?

– Las letras son una manera de exorcizar eso; un poco personaje, un poco uno mismo. Mis amigos actores dicen que siempre ponen algo de sí mismos en el personaje que hacen, que todo sale de la experiencia personal. Es verdad que a veces el personaje es el “facho interno” y también estoy hablando de eso. Sí, estoy condenando una actitud ajena pero también mi partecita de esa actitud que todos tenemos, mi pequeño facho interior con el cual siempre estoy luchando. Y es un trabajo permanente, porque salís a la calle y querés matar a la mitad de las personas [risas]. Tener un poco más de tolerancia es un laburo diario; sobre todo a mi edad que, como ya te digo, escuché 85 mil veces el mismo versito. Y es raro porque al mismo tiempo eso te hace más tolerante: creo que lo soy más hoy que hace diez o veinte años. Y sí, hay mucho juego con ponerse en el lugar del facho argentino y en todo caso denunciar desde ahí. Pero te repito: no es que lo estoy haciendo desde un lugar de mi pureza bajando línea, me incluyo también en esas actitudes de mierda. Por eso es que lo canto en primera persona.

– “Operación Retorno” resulta difícil de desvincular con la política actual ¿Es adrede?

– Cada persona es un mundo y lo interpreta de manera distinta según el momento en que lo está viviendo. De hecho, eso que comentás en realidad comenzó mucho antes: “La era de la boludez”, el título fue político en ese momento, se podía leer de otra forma pero la intención es que fuera político. Igual que “Operación retorno”, “Leaving…”, “La Suerte…”.
Y si vamos más atrás, acá hice “El Burrito” (con Divididos) que dice “El burrito sencillo/va solito al corral” y después “Yo me pongo tu uniforme/y vos me das de morfar”. La lectura literal: uniforme equivale a milico. Mucha gente lo entendió así pero yo estaba hablando de otra cosa. “Me pongo el uniforme…”  de rockero…y vos me das de morfar” ¡Le estaba hablando al público! Mi intención fue más personal… sabiendo que se iba a entender de la otra forma. Si está más o menos bien hecha y lograda tiene distintas interpretaciones, e inclusive esa interpretación va cambiando en el tiempo; eso es lo que tiene de piola una letra
.

Escuchar “Operación retorno” en Spotify

14/10/2016

www.solesdigital.com.ar

Lo más visto de Música
Indio Solari Ed Sheeran Living Colour