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Intoxicados
en el Luna Park
Mucho
más que rock and roll
Por
Sergio Visciglia
svisciglia@hotmail.com

El sonido
de la intromisión de naves espaciales en el Luna Park anunciaba de
antemano que algo externo a lo conocido en el planeta Tierra iba a suceder
el pasado sábado 1º de abril. Extraños seres de negro se
adueñaron del escenario por unos instantes y rogaban a los presentes
no fumar ni provocar disturbios.
Una hora
y media más tarde los continuados ruidos se tornaron densos para un
público que había agotado las entradas del show, pero por suerte
Pity y compañía salieron a escena de una vez. “Felicidad,
depresión” y “De la guitarra” fueron las canciones
elegidas para una nueva vuelta a este mundo por parte de los Intoxicados.
Bajo la
custodia de banderas de hormigas, se podía observar un escenario de
dos pisos: dos baterías, percusión, sesión de vientos,
teclados y sintetizadores, coros femeninos, ocupaban el piso más alto;
mientras que las dos guitarras, el bajo y la voz se ubicaron en el escalón
inferior. Toda esta multiplicidad de instrumentos demostraba una vez más
algo que a esta altura ya es sabido por todos: Intoxicados cada vez es menos
rocanrol y los muchachos no disimulan ni un segundo el querer dejarlo en claro.
El bloque
de hip-hop fue el primero en aparecer con la seguidilla “Te la vamos
a dar”, “Una vela” y “Transan”, con una notable
diferencia con respecto a los grupos nacionales de tal género. Las
letras son mucho más cercanas a las realidades suburbanas de nuestro
país, y Pity les envía un mensaje a las bandas en su canción:
“Hermano/ no te hagas el mejicano/ que esto es Argentina/ esto es Lugano”.
“Reggae
para los amigos” y “Reggae para Mirtha” apaciguaron la noche
y el cantante se mostraba emocionado ante tanto público: “Hay
mucha gente por todos lados, pero a mi siempre me chupo un huevo la cantidad.
A mi me gusta que paren la oreja”. Si bien la apertura y madurez musical
(que junto a su calidad destaca al grupo del resto de los grupos “rocanroleros”)
fue contagiada por muchos seguidores, la mayoría del público
busca su máximo nivel de diversión y exaltación con el
rock puro. Un claro ejemplo de esto fueron las rondas habituales que se forman
para luego provocar el pogo, las cuales estuvieron presentes incluso hasta
en el bloque acústico.
Después
de un largo tiempo tomado para rearmar el escenario con sillones, “Mi
inteligencia intrapersonal”, la simple y fabulosa “Espero que
la vida” con sus toques jazzeros, la dulce y pura “Nunca quise”
y la “Balada para otra mujer” de Viejas Locas, marcaron el paso
semiacústico con un muy buen sonido que continuó con la presencia
de Daniel Melingo, gran amigo del Pity, quien le dio aires tangueros al show
con su voz en “No tengo ganas” y con la milonga-candombe “Narigón”.
Se va
toda la banda y sólo quedan Pity y Dani. Con estos dos locos lindos
arriba del escenario puede pasar cualquier cosa. ¿Qué hacemos
Dani?, pregunta Pity, y el ex Abuelos de la Nada y Twist responde con una
improvisada versión de “El Viejo” de Pappo, que en un principio
fue silbada por algunos que no tenían idea que estaba cantando, pero
después todos aplaudieron cuando Melingo dijo: “Norberto Napolitano
presente”. Cosas que suceden con el público local.
En el
medio de tantos climas temáticos no faltó el bloque nostálgico
y rocanrolero con las canciones de Viejas Locas que muchos fueron a buscar.
“Adrenalina”, “Hermanos de sangre”, “Que vas
a hacer tan sola hoy” y “Lo artesanal” provocaron promediando
la primera parte una excitación en continuado de todo el estadio.
La supuesta
última parte también se tiñó de rock, y fue la
más roquera de la velada. “Me gustan las cosas que no se tocan,
por eso me gusta el rock, porque el rock no se toca, se siente”. Esta
fue la introducción del frontman Christian “Pity” Alvarez
para despacharse con “Las cosas que no se tocan”, “Dámelo”,
“Quieren rock” e “Intoxicado”, enganchada con el punk
“The KKK took my baby away” de The Ramones.
Ya habían
pasado tres horas de recital, pero los chicos volvieron. “Tengo ganas
de tocar tres horas más”, provocaban Pity y el bajista Jorge
Rossi. “Tornillo eterno”, “Niña de Tilcara”
y una versión de “Fuego” que no quería terminarse
nunca más, marcaron el final, con los músicos completamente
emocionados por la respuesta del público y pidiendo que se ilumine
hasta el último sector del recinto para poder verlos a todos.
Un buen
sonido con algunas complicaciones aisladas; un Pity que a veces se cuelga,
no canta, pero contagia energía por doquier; un Felipe Barrozo que
deleita con su guitarra; grandes canciones que hicieron olvidar (por suerte)
la acertada ausencia del megahit “Sr. Kiosquero”; hormigas custodiando
el estadio; muchísima gente; y la alegría de saber que Christian
Álvarez continua ofreciéndonos su limado talento creativo. Esto
fue sin dudas lo mejor de la noche.
5/4/2006
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