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Iron Maiden

Férreos estallidos del tiempo

Por Juan Finn
finnjuan@yahoo.com.ar

Somewhere back in time World Tour 2008. Viernes 7 de marzo. Presentación de Iron Maiden. Steve Harris (bajo); Dave Murray, Adrian Smith, Janick Gers (guitarras); Bruce Dickinson (voz) y Nicko McBrain (batería). Estadio Ferro Carril Oeste.

Iron Maiden
Iron Maiden en Ferro (Foto: Rodrigo Néspolo, La Nación)

La tarde está pesada. Parece que va a llover. A eso de las 20 del viernes 7 de marzo de 2008, oscuros sicarios registran el área, regodeándose con el aire que bramará metal. El tirano clima, concede una venia a los bravos. No lloverá esta noche, solo se siente el propio sudor entremezclado en el agite de más de 25000 personas, que pueblan el Estadio de Ferro Carril Oeste. Iron Maiden se presenta en Argentina por sexta vez.

Las milicias del metal se enrolan en gritos, forman la tropa que vitorea la trayectoria y el triunfo sobre el tiempo de la mejor banda de Heavy Metal del mundo. Música, líricas, puesta en escena, interpretación, sonido, luces, todo en orden, todo dispuesto perfectamente para una noche tremenda.

Fuera las luces. El prácticamente ignoto Tom McWilliams comienza a aporrear sus tambores. El baterista de Lauren Harris, da metal a la pesada audiencia. La banda de la hija del fundador de Iron Maiden, trae una propuesta algo diferente de la que se vino a ver, pero es entretenida y suena muy bien. Primer test de sonido; nítido, claro, potente. Harris y sus músicos propinan las primeras estocadas a esta noche de hierro.

Son cerca de las 21.30, nuevamente la oscuridad sugiere el inicio de la gresca. Argentina de pie, grita, salta, levanta los brazos. Pero la oscuridad persiste, las luces de los estruendosos golpes del acero no se dejan ver. En su lugar, oníricos reflejos de un pasado reciente se fijan en pantallas gigantes, allí Dickinson es el piloto detrás de los comandos del “Ed Force One”.

Tras la visión del ave de hierro, el estadio debe empalizar sus muros, para soportar el rugido del primer tema, “Aces High” (Powerslave, 1984), sobre los ME-109, que foguearon el cielo nórdico durante la Segunda Guerra Mundial. La banda que Harris y Murray formaron a mediados de la década de 1970, derrocha heavy metal del más talentoso poder. De fondo Eddie, en una de sus tantas encarnaciones mira fijo al público. Allí está, como faraón, soldado, icono de una era que no tiene tiempo.

El album “Powerslave”, es el percutor que propone Iron Maiden para lanzar un clásico de los ’80 detrás de otro. Fervorosamente, Argentina responde desgarrando su garganta, para acompañar la potencia inagotable de Dickinson, el poderío estruendoso Janick Gers, el talento de Harris, la profesionalidad de Murray, la fuerza suprema de Nicko McBrain y la versatilidad de Adrian Smith.

“Two Minutes to Midnight” (1984) suena, el metal enloquece. Murray es la guitarra clásica del grupo, Smith el vuelo de los ’80, Gers la potencia de los ’90. Juntarlos, es mezclar ácido nítrico, con ácido sulfúrico y glicerina… seguro explota. Son una descarga de metal intenso, veloz, fustigante; el espectacular entrelazamiento de tres guitarras indestructibles.

Al frente, Bruce Dickinson, vestido con un simulado atavío de miliciano inglés del siglo XVIII, esgrime la Union Jack, y entona “The Trooper” (Piece of Mind, 1983). Es sobre el último día de un soldado, frente al acero ruso. Algún silbido, señala la simplicidad de quienes creen que deben mostrar incomodidad ante el pabellón que flamea en el escenario. El vocalista recuerda que es una celebración entre amigos, y continúa.

Este afilado instrumento de hierro contiene a las hordas del metal con sus inoxidables y eternas composiciones. Con el tema “Iron Maiden” (Iron Maiden, 1980), un extraño muñecote aparece; es un Eddie gigante, descolgado en esta propuesta, un exceso escenográfico.

El fogonazo de temas, acribillo tanto con “Run to the Hills” (The Number Of The Beast, 1982), como con el infinito "Rime of the Ancient Mariner" (1984), pasando por "Fear of the Dark" (Fear of the Dark, 1992), que suscitó un violento y entretenido pogo, y "Heaven Can Wait" (Somewhere In Time, 1986). Incluyendo el sonoro "Wasted Years"(1986), el aclamado "Can I Play With Madness" (Seventh Son of a Seventh Son, 1988), el potente "The Number Of The Beast" (1982), para finalizar con "The Clairvoyant" (1988) y “Hallowed Be Thy Name” (1982).

Scream for me Buenos Aires”; cómo no obedecer a Dickinson. Iron Maiden, aflojó el blindaje del heavy metal, golpeó en su memoria, mostró toda su fuerza, su eternidad en el calor del fuego de mil infiernos, que forja a ésta acerada estirpe. Referentes inmortales, tropa de seis hombres, en poco más de una hora y media desataron su poder, combatieron en esta férrea noche, dejando a miles de sus sicarios, en el goce de la victoria, nutridos de aire pesado.

12/3/2008

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